martes, 12 de junio de 2012

El Antiguo Testamento SALMOS 5


SALMO 5


1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo de David.


2 Señor, escucha mis palabras,


atiende a mis gemidos;


3 oye mi clamor, mi Rey y mi Dios,


porque te estoy suplicando.


4 Señor, de madrugada ya escuchas mi voz:


por la mañana te expongo mi causa


y espero tu respuesta.


5 Tú no eres un Dios que ama la maldad;


ningún impío será tu huésped,


6 ni los orgullosos podrán resistir


delante de tu mirada.


Tú detestas a los que hacen el mal


7 y destruyes a los mentirosos.


¡Al hombre sanguinario y traicionero


lo abomina el Señor!


8 Pero yo, por tu inmensa bondad,


llego hasta tu Casa,


y me postro ante tu santo Templo


con profundo temor.


9 Guíame, Señor, por tu justicia,


porque tengo muchos enemigos:


ábreme un camino llano.


10 En su boca no hay sinceridad,


su corazón es perverso;


su garganta es un sepulcro abierto,


aunque adulan con la lengua.


11 Castígalos, Señor, como culpables,


que fracasen sus intrigas;


expúlsalos por sus muchos crímenes,


porque se han rebelado contra ti.


12 Así se alegrarán los que en ti se refugian


y siempre cantarán jubilosos;


tú proteges a los que aman tu Nombre,


y ellos se llenarán de gozo.


13 Porque tú, Señor, bendices al justo,


como un escudo lo cubre tu favor.

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