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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

miércoles, 19 de octubre de 2016

Lecturas del Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,14-21):

Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,1-2.4-5.11-12.18-19

R/.
 La misericordia del Señor llena la tierra

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Pablo Largo, cmf
Queridos amigos:
El fuego, el agua anegadora y amarga, la espada: el fuego, para la tierra toda; el agua anegadora, para él mismo; la espada, incluso para las relaciones de familia.
En el mensaje de Jesús hallamos un espectro muy amplio de palabras. Las hay de consuelo y acogida: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero, y mi carga, ligera” (Mt 25,28-30). Hay palabras que hablan al anhelo de las personas: en el sermón del monte encontramos un buen puñado. Y hay palabras que desafían y ponen en crisis, que llaman a la decisión: basta recordar la llamada al personaje importante que ha cumplido los mandamientos desde pequeño y quiere saber qué le falta para conseguir la vida eterna.
No nos está permitido hacer una selección de palabras y quedarnos con las que más nos gusten; nos haríamos un flaco favor. Como tampoco podemos quedarnos con la Navidad y suprimir la Semana Santa. En la vida de Jesús ha habido misterios de gozo, de luz y de dolor, y a través de ellos ha llegado a los de gloria (cf Lc 24,26). A los discípulos les costó entenderlo, pero al final acogieron esta revelación. Y en nuestra vida ha habido y habrá también sus tiempos para el gozo, para el anhelo y la esperanza, para la decisión dolorosa (por las rupturas que entrañe en cada uno, o en su relación con otros), para la oscuridad. A cada tiempo le corresponden sus palabras.
Que el Señor nos conceda vivir, en cada situación, la certeza de que no estamos solos y de que no nos faltará su palabra. Y, cuando tengamos que pasar por fuego y por agua, que Él nos dé respiro.
Con mi saludo
Pablo Largo

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