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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

martes, 18 de octubre de 2016

Lecturas del Miércoles de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,2-12):

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, del que os he escrito arriba brevemente. Leedlo y veréis cómo comprendo yo el misterio de Cristo, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la promesa de Jesucristo, por el Evangelio, del cual yo soy ministro por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder. A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.

Palabra de Dios

Salmo

Is 12,2-3.4bcd.5-6

R/.
 Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador

Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo 
de las fuentes de la salvación. R/.

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R/.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Pablo Largo, cmf
Queridos amigos:
De nuevo las lecturas, como el pasado lunes, nos invitan a reflexionar sobre el del tiempo, y la forma de vivirlo, un tema que se despacha en un instante. Hpy consideremos otro aspecto, relacionado asimismo con la duración. Hoy Jesus nos presenta a un mayordomo que aprovecha la ausencia del amopara hacer de su capa un sayo, pues nos invita a reflexionar sobre su conducta y sobre la nuestra.
Los comienzos fueron buenos, pero luego vinieron el cansancio de la espera y su compañero inseparable, el hastío; tras ellos, la violencia doméstica (la violencia con los otros domésticos) y el descuido de los deberes. Parece que son los frutos del sentimiento de frustración por no cumplirse las expectativas que un deseo inmaduro se había forjado.
Nuestros principios suelen ser buenos, y estrenamos las cosas con cuidado y hasta con ilusión: comenzamos animosos el adviento, el día de año nuevo (“año nuevo, vida nueva”. La gente joven puede leer los propósitos que al comienzo del año se hace la protagonista de El Diario de Brigit Jones, la novela de Helen Fielding), la cuaresma, el tiempo pascual; empezamos con buenos propósitos el curso, el noviciado, el ministerio sacerdotal, la vida conyugal. Quizá incluso estrenamos claridad de corazón cada mañana. Pero la jornada se me puede hacer larga como un día sin pan, y “el agua del camino es amarga... es amarga”, y se me enfría “este ardiente corazón que me diste”.
Para que no suceda, en nuestra oración podemos recitar las primeras estrofas de un soneto de Pedro Casaldáliga y pedir seguidamente el don de la fidelidad diaria:
Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.
Fiel, fiel..., es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.
Con mi saludo
Pablo Largo

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