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viernes, 11 de noviembre de 2016

El Papa Francisco a los excluidos: “Enséñennos a soñar”

El Papa Francisco se encuentra con los peregrinos del Jubileo de los Excluidos / Foto: Lucía Ballester (ACI Prensa)
El Papa Francisco se encuentra con los peregrinos del Jubileo de los Excluidos / Foto: Lucía Ballester (ACI Prensa)
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VATICANO, 11 Nov. 16 / 12:19 pm (ACI).- Cerca de 6.000 personas excluidas, pobres, sin techo y abandonados se reunieron con el Papa Francisco en el Aula Pablo VI durante la audiencia con motivo del Jubileo de los Excluidos que se celebrará este fin de semana. En su discurso el Santo Padre les pidió que enseñen “a soñar desde el Evangelio, donde están ustedes, desde el corazón del Evangelio”.
Tras escuchar los testimonios de algunas personas en situación de pobreza, Francisco comenzó su discurso al hilo de las palabras de uno de los sin techo que se dirigió a él en estos términos: “Como seres humanos, nosotros no nos diferenciamos de los grandes del mundo. Tenemos nuestras pasiones y nuestros sueños que tratamos de llevar adelante con pequeños pasos”.
“Las pasiones y los sueños”, repitió el Santo Padre. “Dos palabras que pueden ayudar”, aclaró. Sobre la pasión, destacó su doble sentido: un sentido negativo, pero también un sentido positivo. “La pasión a veces nos hace sufrir, nos pone trabas internas, externas… Pero también, el apasionamiento por salir adelante, la buena pasión, y esa buena pasión nos lleva a soñar”, afirmó.
El Pontífice señaló, entonces, otro tipo de pobreza, la que supone el perder la capacidad de soñar. “Cuando un hombre o una mujer pierde la capacidad de soñar, pierde la capacidad de llevar una pasión adelante”. “¡No dejen de soñar!”, pidió a los presentes. “El sueño de un pobre, de uno que no tiene techo. ¿Cómo será? –se preguntó–. No sé, pero sueñan, y soñaron que un día podrían venir a Roma, y el sueño se realizó. ¡Sueñen que el mundo puede cambiar!”.
Los asistentes, en su mayoría pobres, excluidos y personas sin hogar, reunidos en el Aula Pablo VI gracias a la labor de la asociación francesa “Fratello”, y de la Comunidad de San Egidio, organizadores del evento, estaban notablemente emocionados por las palabras que el Papa les dirigía.
“Sólo aquel que siente que le falta algo –continuó el Obispo de Roma– mira arriba y sueña. El que tiene todo no puede soñar. La gente sencilla seguía a Jesús porque soñaban que Él los iba a curar, los iba a guiar, los iba a liberar… Y Él los liberaba”.
Francisco volvió a dirigirse a los asistentes para lanzar un llamado concreto: “Enseñen a todos los que tenemos techo, a todos los que no nos falta la comida o medicinas, enséñenos a no estar satisfechos. Enséñennos a soñar desde el Evangelio, donde están ustedes, desde el corazón del Evangelio”.
El Pontífice admiró cómo los más pobres son capaces de encontrar la belleza de la vida en las situaciones más complicadas. “Eso significa dignidad”, subrayó.
“La capacidad de encontrar belleza en las cosas más tristes y más sufridas, solamente lo puede hacer un hombre o una mujer que tiene dignidad. Pobre sí, arrastrado no. Eso es dignidad. La misma dignidad que tuvo Jesús que nació pobre, que vivió pobre, la misma dignidad que tiene la Palabra del Evangelio, la misma dignidad que tiene un hombre o una mujer que vive con su trabajo. Pobre, sí; dominado, no; explotado, no”, insistió.
Para Francisco, la pobreza invita a la solidaridad. “La dignidad en la pobreza también les hace saber ser solidarios, saber ayudarse, saber dar la mano a quien está sufriendo más que yo. La capacidad de ser solidario es uno de los frutos que nos da la pobreza. Cuando hay mucha riqueza, uno se olvida de ser solidario, porque está acostumbrado a que no le falte de nada. La pobreza te hace solidario y te hace extender la mano a quien está pasando una situación más difícil. ¡Enseñen solidaridad al mundo!”, exhortó.
“Otra palabra que salió en los testimonios fue la palabra ‘paz’”, recordó. “La pobreza más grande es la guerra, la pobreza que destruye”. “Escuchar esta verdad de labios de un hombre que ha sufrido pobreza material, pobreza de salud, es un llamado a trabajar por la paz. La paz que, para nosotros los cristianos, empezó en el establo de una familia marginada. La paz que Dios quiere para cada uno de sus hijos. Ustedes, desde vuestra pobreza, desde vuestra situación, pueden ser artífices de paz”.
En este sentido, recordó que “las guerras se hacen entre ricos, para tener más. Para poseer más territorio, más poder, más dinero… Es muy triste cuando la guerra llega a hacerse entre los pobres, porque es una cosa rara. Los pobres son, desde su misma pobreza, más proclives a ser artesanos de la paz. Hagan paz. Creen paz. Den ejemplo de paz. Necesitamos paz en el mundo. Necesitamos paz en la Iglesia. Todas las Iglesias necesitan paz”.
“Todas las religiones necesitan crecer en la paz. Porque todas las religiones son mensajeras de paz, pero deben crecer en la paz. Ayuden. Cada uno de ustedes en su propia religión. Esa paz que viene desde el sufrimiento, desde el corazón buscando esa armonía que te da la dignidad”, concluyó.
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