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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

domingo, 6 de noviembre de 2016

Lecturas del Lunes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a Tito (1,1-9):

Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, para promover la fe de los elegidos de Dios, y el conocimiento de la verdad, según la piedad apoyada en la esperanza de la vida eterna. Dios, que no miente, había prometido esa vida desde tiempos inmemoriales; al llegar el momento, la ha manifestado abiertamente con la predicación que se me ha confiado, según lo dispuso Dios, nuestro salvador. Querido Tito, verdadero hijo mío en la fe que compartimos; te deseo la gracia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, salvador nuestro. Mi intención al dejarte en Creta era que pusieras en regla lo que faltaba y establecieses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di. El candidato, que sea un hombre sin tacha, fiel a su única mujer, con hijos creyentes, que no sean indóciles ni acusados de mala conducta. Porque el obispo, siendo administrador de Dios, tiene que ser intachable, no arrogante ni colérico, no dado al vino ni pendenciero, ni tampoco ávido de ganancias. Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo de lo bueno, prudente, justo, fiel, dueño de sí. Debe mostrar adhesión a la doctrina cierta, para ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/.
 Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, 
el orbe y todos sus habitantes: 
él la fundó sobre los mares, 
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor? 
¿Quién puede estar en el recinto sacro? 
El hombre de manos inocentes y puro corazón, 
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor, 
le hará justicia el Dios de salvación. 
Éste es el grupo que busca al Señor, 
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,1-6):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: "Lo siento", lo perdonarás.»
Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.»
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Alejandro Carbajo, cmf
Queridos amigos, paz y bien.
En dos semanas se nos acaba el año litúrgico. Y el Evangelio de Lucas nos va preparando ya para ello. Durante esta semana veremos varios mensajes de Jesús relacionados con la vida de la Comunidad cristiana. No escandalizar, perdonar siempre, tomar conciencia de la fuerza de la fe.
Se trata de evitar siempre el daño al otro. Que los demás no pequen por nuestra culpa. Porque “pequeños” somos todos. Cuando nos damos cuenta de Quién es Dios y quiénes somos nosotros, caemos en la cuenta de nuestra pequeñez. Y hay que vivir como Dios quiere. Que lo que Dios quiere siempre es para nuestro bien. Aunque a veces nos cueste entenderlo.
Además, es necesario perdonar a quien nos haya podido hacer daño; no hacer daño a los demás y perdonar el daño que nos hacen constituye un fundamento de la vida del seguidor de Jesús. Siete veces es una expresión que significa “siempre”. Cuando un hermano nos ha ofendido, como creyentes, sólo nos quedan dos posibilidades: corregirlo y perdonarlo. Nunca juzgarlo y condenarlo. Son las cosas de Jesús. Son las cosas de ser cristianos. Una llamada a asumir nuestra responsabilidad dentro de la comunidad, a ejercerla con amor y respeto, con comprensión y llenos de solicitud, sin prejuicios, sin miedos. Es una invitación a destruir todo orgullo de creerse mejores que los otros.
El tercer momento, la fe. Se ve que los discípulos se dieron cuenta de la dificultad de cumplir con todo lo anteriormente dicho Por eso, le piden al Señor que les aumente la fe. Por fe se entiende la capacidad de aceptar el misterio del Dios que se revela en Jesucristo, traduciéndolo en un modo de conducta consecuente (en el perdón, el amor a los pequeños, la esperanza). Esta petición de los apóstoles nos sitúa en el centro de toda la oración cristiana.
Jesús contesta hablando de la semilla del árbol de la mostaza, que es la simiente más diminuta, símbolo de los comienzos del Reino a partir de unos principios insignificantes. Cuando se cree en el Reino, no hay obstáculo insuperable. La fe llega hasta el fondo de Dios y de los hombres, a ese fondo en el que todo se sustenta. Por eso, quien vive en la fe no necesita trasladar montañas ni moreras; en el fondo ya lo ha trasladado todo y se mantiene en la vertiente verdadera de las cosas, allí donde Dios las ha puesto al servicio de los hombres. Está en las manos de Dios, y se entrega a Él.
Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C. M. F.

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