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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

lunes, 7 de noviembre de 2016

Lecturas del Martes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito (2,1-8.11-14):

Habla de lo que es conforme a la sana doctrina. Di a los ancianos que sean sobrios, serios y prudentes; que estén robustos en la fe, en el amor y en la paciencia. A las ancianas, lo mismo: que sean decentes en el porte, que no sean chismosas ni se envicien con el vino, sino maestras en lo bueno, de modo que inspiren buenas ideas a las jóvenes, enseñándoles a amar a los maridos y a sus hijos, a ser moderadas y púdicas, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a los maridos, para que no se desacredite la palabra de Dios. A los jóvenes, exhórtalos también a ser prudentes, presentándote en todo como un modelo de buena conducta. En la enseñanza sé íntegro y grave, con un hablar sensato e intachable, para que la parte contraria se abochorne, no pudiendo criticarnos en nada. Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 36,3-4.18.23.27.29

R/.
 El Señor es quien salva a los justos

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R/.

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos. R/.

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,7-10):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Alejandro Carbajo, cmf
Queridos amigos, paz y bien.
Mucha gente vive la vida como si todo dependiera de ellos. El mundo gira alrededor suyo, y sin ellos nada saldría adelante. Quizá los Apóstoles sintieran esta tentación. Tiene que ser muy atractivo poder curar enfermos, resucitar muertos y demás actividades que los Discípulos llevaron a cabo.
Como siempre, Jesús le da la vuelta a la cosa. Ya no se trata de “yo hago cosas y Dios me da poderes”; se trata de “Dios ha hecho obras grandes conmigo y por mí, y por eso yo debo actuar”. Cambia por completo la perspectiva. De eso va la sensación de ser unos siervos inútiles. Más deberíamos hacer por ese Dios que tanto nos ha dado.
Que se nos olvide la mentalidad mercantil o comercial: tres Padrenuestros más dos Avemaría más tres obras de misericordia igual a garantía de respuesta divina favorable. Dios no depende de nuestros deseos. Y cumplir los Mandamientos, aunque es algo deseable, no garantiza nada. No le podemos pedir a Dios el salario, en el sentido en que habitualmente se entiende.
La postura correcta ante la vida es la del siervo que “hace lo que tiene que hacer”, sin tener en cuenta la paga. Es que Dios es el mayor tesoro, la mejor recompensa, la más elevad? paga. Por eso no hace falta nada. Por eso no se tiene derecho a exigir nada.
Es que a los amigos se les hace todo tipo de favores sin esperar recompensa. Sin pedir nada a cambio. Y Dios debe ser para nosotros un amigo muy especial, el primero entre todos, por el que estamos dispuestos a hacer el mayor esfuerzo. No hacen falta contratos o leyes para ayudar a los amigos. Sabemos lo que les hace falta, lo que les molesta e intentamos hacer lo primero y evitar lo segundo.
Los siervos verdaderamente útiles son los que se reconocen “inútiles”, los que saben vivir en el horizonte de Dios. Saben que se podría hacer mucho más, y que todo lo que hacemos siempre está inacabado. Es cuestión de fe. Y la fe es un regalo divino. Si se recibe con gratitud, esa fe y esa conciencia de hacer lo que tenemos que hacer nos ayuda a vivir en plenitud.
Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C. M. F.

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