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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

sábado, 12 de noviembre de 2016

MENSAJES EL TRIUNFO DE LA INMACULADA TOMO 2.




30-06-09 

Jesús:  Déjame decirte que Yo te amo y deseo tanto tu presencia, que se consumen mis Entrañas en tu espera. ¿Por qué no vienes? ¿Por qué no vienes a Mí? Me distraen las cosas. Sin embargo tienes tiempo para el comer y el dormir. Quiero que Yo sea tan necesario para ti como el comer y el dormir. E incluso más. Que no pase un día sin hacer oración larga ante el Santísimo o ante Mí122. Aunque ese día está repleto de cosas.  Piensa el día anterior en cada día siguiente. Como éstos son muy cambiantes, si no estás atenta, corres el peligro de olvidarte de mi oración. Y ésta ha de ser tranquila y sosegada. De al menos una hora. Imagina que en el día hay tantas cosas, que tú preveas que no vas a poder tener oración. Pues te levantas una hora antes. Te lo quitas del sueño. Yo te lo aviso por tu bien. Te olvidas de lo pasado y corres hacia lo que está por delante123. ¿De acuerdo? Marga, permanece todo el día muy unida a Mí. Yo te necesito, y te necesito mucho.  ¡Ánimo! ¡Y sigue en mi Lucha! Amén. Te bendigo, hija: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

122 Se refiere a rezar también en casa.
123 Cfr. Flp 3,13s.

 02-07-09 

Virgen: ¡Marga! Tú, como Yo, te preguntas: “¿por qué tantos sacerdotes santos se desvían?”. Y es para ti un dolor y motivo de angustia, como lo es para Mí. Te manifiesto un poco de mi preocupación por ellos. Mira, te diré por qué tantos se desvían: es por la falta de oración. Yo elijo bien. Mi Hijo les da aliento y les forma, pero perecen por falta de discernimiento, que no toman de la oración. De la oración continua.  Y podrías pensar que te dijera: es por la falta de sacrificio. Pero no, comienza con la falta de oración, que termina con la falta de sacrificio, abandono de toda ascética, pérdida de la luz y falta de discernimiento para guiar a mi pueblo. Y mi pueblo perece por falta de discernimiento.124

Pienso ahora en todos ellos y veo sus cualidades, sus muchas cualidades, que Yo escogí y Yo hice germinar e intento hacer fructificar. Pero veo su falta de reposo en Cristo y su ir y venir haciendo cosas, para convertirse en unos simples empleados de una empresa fría: la Iglesia. Cumplimentar una serie de requisitos y presentar trabajos y acciones, misiones, efectos aparentes de logros pasajeros. Cómo lograr mayor número de feligreses o cómo conseguir que los feligreses estén contentos con él. Preocupaciones que les irán comiendo tanto cuanto se alejen de Mí. Y la oración está ausente de sus vidas. Llamados para tanto, ¡pero unidos a Cristo!  Que empiezan sus años de Seminario con tanta ilusión, y que pronto se ahoga, muchas veces dentro todavía del Seminario. Porque abandonaron la oración.

Que un sacerdote es quien está unido a Cristo, es otro Cristo. ¿Y cómo unirse para ser Él, si no se tiene ni trato frecuente con Él?  Cristo desea prolongarse en la tierra en sus sacerdotes. Cada uno de ellos es como mi Hijo Encarnado otra vez. En cada uno le veo a Él. Diles a los sacerdotes que necesito que recuperen su vida de oración. Oración larga e intensa. Pueden quitar el tiempo a otras cosas, pero no a la oración. Que jamás dejen un día sin oración. Quisiera que todos perseveraran, que nadie abandonara, y sin oración, os digo, hijos míos, que no es posible, muchos pereceréis. Y abandonar luego para pretender seguir otra vocación, os hace infelices, porque: “eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec”125. Para siempre para siempre.

Jesús: Mi Corazón está muy necesitado de vuestra ayuda. Siempre muy unidos a Mí. Lo importante es estar muy unido a Mí, no tanto lo que hacéis, el éxito o no de vuestras empresas, el hacer o no actividades de apostolado. Y éstas son importantes, pero no tanto como vuestra unión a Mí. El hacer una misión en un pueblo, sí… pero el hacerla con mucho amor entre vosotros, al pueblo y a Mí, es lo importante. No tanto la congregación de fieles, que hoy es y mañana se volatiliza, sino el amor con que lo hicisteis. Eso no pasa, permanece para siempre y en la eternidad, tan fresco como el primer día. Sí… Yo amo a los que dan con alegría,126 a los que se olvidan de sí.  Eso es lo que da fruto a la misión: el olvido de sí para cumplir mi Voluntad. Estaos cada uno donde Yo os mando. Obedeced mi Voz fiados en ella. Tomad la mano de María, que se os da para vuestra liberación. La liberación del alma de los efectos del Demonio, que son: la desconfianza, el miedo y la tristeza. Amén.                    

124 Cfr. Os 4,4; Jr 2,8; Ml 1,6ss.                                            
125 Cfr. Sal 110,4. Prefacio eucarístico romano.
126 2 Co 9,7.

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