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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 21 de febrero de 2017

El Papa Francisco propone este “santo” remedio ante la ambición y la mundanidad

Por Walter Sánchez Silva


Foto L'Osservatore Romano

VATICANO, 21 Feb. 17 / 06:48 am (ACI).- En la homilía de la Misa que presidió esta mañana en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco alentó a los fieles a pedirle al Señor la gracia de la “santa vergüenza” como remedio ante las tentaciones de la ambición y la mundanidad que también se dan en la Iglesia.

Meditando en las lecturas de hoy, el Santo Padre recordó que Jesús les explica a sus discípulos que “si uno quiere ser el primero, debe hacerse servidor de todos”.

El Pontífice también pidió rezar por la Iglesia, “por todos nosotros”, para que Dios defienda a cada uno “de las ambiciones, de la mundanidad de sentirse más grande que los otros”.

“Que el Señor nos dé la gracia de la vergüenza, aquella santa vergüenza, cuando nos encontremos en esa situación, ante la tentación, de avergonzarnos: ‘¿Soy capaz de pensar así? ¿Cuándo veo a mi Señor en la cruz y quiero usarlo para creerme más?”

“Y nos dé la gracia de la simplicidad de un niño: de comprender que solo el camino del servicio… Y tal vez, imagino una última pregunta: ‘¿Señor te he servido toda la vida. He estado hasta lo último toda la vida. ¿Y ahora qué? ¿Qué cosa nos dice el Señor? Di de ti mismo: ‘Soy un siervo inútil’”.

Refiriéndose al pasaje del Evangelio en el que los discípulos discuten sobre quién es el mayor entre ellos, Francisco resalta que “era gente buena que quería seguir al Señor, servir al Señor. Pero no sabían que el camino del servicio al Señor no era tan fácil, no era como enrolarse en una entidad, en una asociación de beneficencia, para hacer el bien: no, era otra cosa. Tenían temor de esto. Y luego está la tentación de la mundanidad: desde el momento en que la Iglesia es Iglesia hasta hoy, esto ha sucedido, sucede y sucederá”.

“Podemos pensar en las parroquias y sus luchas: ‘yo quiero ser presidente de esta asociación, ser más’. ‘¿Quién es el más grande aquí?’ ‘¿Quién es el más grande en esta parroquia? No, yo soy más importante que ese, que el otro allá que no ha hecho tal cosa’. Y así, tenemos la cadena de pecados”.

La tentación de la mundanidad, alertó Francisco, hace que “uno hable a espaldas del otro” y “se crea más”. Al respecto el Papa propone un ejemplo que ocurre entre los sacerdotes y los obispos.

“A veces decimos con vergüenza nosotros los sacerdotes, en los presbiterios: ‘yo quisiera esa parroquia’ –¡Pero el Señor está aquí!– ‘Pero yo quiero esa’. Lo mismo. No es el camino del Señor, pero ese es el camino de la vanidad, de la mundanidad. También entre nosotros los obispos sucede lo mismo: La mundanidad viene como tentación. Muchas veces: ‘estoy en esta diócesis pero miro aquella que es más importante y me muevo para llegar a ella. Sí, muevo esta influencia, esta otra, hago presión. Empujo este aspecto para llegar allá. ¡Pero el Señor está aquí!”

Ante la tentación de la mundanidad, el Santo Padre exhortó a pedirle al Señor “la gracia de avergonzarnos, cuando nos encontremos en estas situaciones”.

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