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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 10 de marzo de 2017

VIDA DEL CRISTIANO

Lo que nos roba la paz

Gospa MaikaFrecuentemente Nuestra Madre nos invita a dejarnos colmar de la paz de Dios: “Deseo llenarlos con la paz, el gozo y el amor de Dios” (Mensaje, 20 de junio de 1985)
Y Jesús nos dijo: “Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo”  (Juan 14, 27).
Pero si es así, entonces ¿por qué perdemos tan fácilmente la paz interior? Una de las claves que puede responder a esta pregunta se encuentra en nuestros pensamientos y deseos, los cuales muchas veces no son conformes a los pensamientos de Dios y a su voluntad para nuestras vidas, tal como nos lo advierte la Reina de la Paz, cuando nos dice: “Que todo odio y celos desaparezcan de sus vidas y de sus pensamientos y que sólo more el amor a Dios y a su prójimo.” (25 de enero de 1993).
El Apóstol San Pablo dice al respecto: “La carne tiene tendencias contrarias a las del espíritu.” (Gal. 5,17).  Lo cual va en la misma sintonía de la Gospa, cuando nos pide: “que como hijos de Dios, se coloquen por encima del pensamiento humano, y siempre en todo, busquen de nuevo el pensamiento de Dios.” (2 de diciembre de 2013).
Por eso, entrar en “la escuela de María” implica descubrir aquellos pensamientos y apetitos (deseos) a los que yo llamo: “ladrones”.  Pues ellos entran de manera silenciosa, sin que nos demos cuenta; y lo hacen para robarnos la paz.
Además, Jesús nos indica: “Dichosos los que trabajan por la paz,  porque Dios los llamará hijos suyos”.  (Mateo 5, 9)
Pero: ¿cómo daremos paz a los demás, si esta paz no está antes en nuestros corazones?
San Agustín afirma que “todos desean la paz” (San Agustín en XIX De civ. Dei).  Sin embargo, cuando se contempla la realidad del mundo, de algunos sectores de nuestra sociedad, de muchas familias y -aún en algunos casos- de determinadas  comunidades cristianas, uno se encuentra con la lamentable realidad de que están divididas o enfrentadas; Viviendo diversos grados de desamor en los que no hay lugar para la paz.
Por lo tanto, es de capital importancia que incorporemos a nuestro vivir diario las enseñanzas que nos transmite Nuestra Madre, para que seamos hombres y mujeres colmados y rebosantes de la verdadera paz.  De este modo nuestra paz no será solo tranquilidad efímera, ausencia de problemas o una paz intimista y fácilmente agotable, sino una paz que viniendo de Dios y de María, tiene la capacidad para sanar y serenar los corazones, y nos llevará a ser instrumentos de su paz para el mundo, pues brotará como un manantial de agua viva desde lo más profundo de la oración cotidiana, impregnando todo nuestro ser.
A lo largo de la meditación de cada uno de los Mensajes que la Reina de la Paz nos ofrece, debemos reflexionar y pedirle al Espíritu Santo que sea Él quien nos guíe.  Él será quien de modo invisible y amoroso, nos tomará de la mano y nos irá mostrando suavemente las heridas del alma y los pensamientos  o deseos ladrones que nos roban la paz.
Señor, haz de mi un instrumento de tu PAZ:
Donde hay odio, que yo lleve amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve unión.
Donde hay duda, que yo lleve fe.
Donde hay error, que yo lleve verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la Luz.
Oh Maestro, haz que yo no busque tanto:
Ser consolado, como consolar.
Ser comprendido, como comprender.
Ser amado, como amar.
Porque:
Es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna
Gustavo E. Jamut, omv

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