miércoles, 16 de abril de 2014

Lecturas del Miércoles Santo

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Miércoles, 16 de abril de 2014

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (50,4-9a):

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68,8-10.21-22.31.33-34

R/.
 Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

Por ti he aguantado afrentas, 
la vergüenza cubrió mi rostro. 
Soy un extraño para mis hermanos, 
un extranjero para los hijos de mi madre; 
porque me devora el celo de tu templo, 
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. 
Espero compasión, y no la hay; 
consoladores, y no los encuentro. 
En mi comida me echaron hiel, 
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos, 
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos, 
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. 
Que el Señor escucha a sus pobres, 
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (26,14-25):

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?» 
Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. 
Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del miércoles, 16 de abril de 2014

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C.R.
Queridos amigos:
Hace varios años que el filósofo judío Levinas me ayudó a caer en la cuenta de lo que significa el rostro humano. Es la parte de nuestro cuerpo que nosotros nunca podemos ver directamente. Y, sin embargo, la parte que los demás ven. Más aún: el rostro es como una concentración de nuestro cuerpo entero para los demás. Son los demás quienes nos dicen: "Te veo hoy con mala cara" o "Tienes buena cara". Nuestro rostro es la ventana por la cual se comunica lo que somos. Comunican nuestros ojos y comunican nuestros labios. Una frente fruncida es señal de preocupación. Unos labios apretados indican rabia. Una sonrisa transmite alegría.
Si el rostro es un concentrado de humanidad, ¡qué fuerza adquieren las palabras del profeta Isaías ("No oculté el rostro a insultos y salivazos") o las del salmo 68 ("La vergüenza cubrió mi rostro")!
Junto al sentido del oído, hoy ponemos a punto también el sentido de la vista para contemplar el rostro de Jesús durante los próximos días. Se trata de un mapa en el que están registrados los gozos y sufrimientos de todos los hombres.
En vísperas de su muerte, el rostro de Jesús resume la entera trayectoria de su vida terrena: sus largos años de laboratorio nazareno y sus pocos meses o años de itinerancia misionera por tierras de Galilea y de Jerusalén.
¿Cómo veían el rostro de Jesús sus discípulos cuando le preguntaban, uno tras otro, incluido Judas, la pregunta del millón: "¿Soy yo acaso, Señor?". ¿Verían preocupación, rabia, frustración, derrota? ¿O verían un rostro luminoso, sobrecargado de amor en cada una de sus millones de células? 
"Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro". Esta es la súplica que brota en un día como hoy en el que millones de personas se ponen en camino hacia los lugares donde van a pasar los días del triduo sacro.
¿Se puede vivir el triduo sacro estando de vacaciones? ¿Se ha convertido la Semana Santa en un simple período vacacional, salpicado con algún rito folclórico religioso a modo de relleno para tranquilizar la conciencia? Quizá podemos responder con sencillez. Se puede vivir el triduo sacro en cualquier lugar ... con tal de que no tengamos miedo a buscar y contemplar el rostro de Cristo. No importa tanto el lugar cuanto el coraje de dirigir nuestros ojos a ese rostro cubierto de insultos y salivazos y, sin embargo, hermoso, radiante, perdonador. Ese rostro se muestra en la liturgia de la iglesia y se muestra en las personas sufrientes que, sin duda, iremos encontrando. Por mucho derecho que tengamos al descanso, no podemos mirar en otra dirección, porque en el familiar con problemas o en el que nos sirve en un hotel podemos descubrir al Cristo que sigue sufriendo hoy. Volver la espalda a esos rostros tan reales es volver la espalda al Cristo que nos mira.
"Oculi nostri ad Dominum Jesum" canta la liturgia. "Nuestros ojos están vueltos al Señor Jesús". Ojalá podamos aguzar la vista para contemplar este rostro en cualquier lugar en el que nos encontremos durante los próximos días.

EVANGELIO SAN JUAN


Juan 20 
1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al 
sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 
2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a 
quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no 
sabemos dónde le han puesto.» 
3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 
4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más 
rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 
5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 
6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve 
las vendas en el suelo, 
7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino 
plegado en un lugar aparte. 
8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el 
primero al sepulcro; vio y creyó, 
9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura 
Jesús debía resucitar de entre los muertos. 
10 Los discípulos, entonces, volvieron a casa. 
11 Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba 
se inclinó hacia el sepulcro, 
12 y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo 
de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 
13 Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: 
«Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.» 
14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era 
Jesús. 
15 Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, 
pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has 
llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.» 
16 Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: 
«Rabbuní» - que quiere decir: «Maestro» -. 
17 Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. 
Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a 
mi Dios y vuestro Dios.» 
18 Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al 
Señor y que había dicho estas palabras. 
19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando 
cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban 
los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con 
vosotros.» 
20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se 
alegraron de ver al Señor. 
21 Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me 
envió, también yo os envío.» 
22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 
23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes 
se los retengáis, les quedan retenidos.» 
24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos 
cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» 
25 Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos 
y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su 
costado, no creeré.» 
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás 
con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: 
«La paz con vosotros.» 
27 Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae 
tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» 
28 Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» 
29 Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no 
han visto y han creído.» 
30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales 
que no están escritas en este libro. 
31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el 
Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. 

JEREMIAS


Jeremías 20 
1 El sacerdote Pasjur, hijo de Immer, que era inspector jefe de la Casa 
de Yahveh, oyó a Jeremías profetizar dichas palabras. 
2 Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y le hizo meter en el 
calabozo de la Puerta Alta de Benjamín - la que está en la Casa de Yahveh 
-. 
3 Al día siguiente sacó Pasjur a Jeremías del calabozo. Díjole 
Jeremías: No es Pasjur el nombre que te ha puesto Yahveh, sino «Terror en 
torno». 
4 Porque así dice Yahveh: «He aquí que yo te convierto en terror para 
ti mismo y para todos tus allegados, los cuales caerán por la espada de sus 
enemigos, y tus ojos lo estarán viendo. Y asimismo a todo Judá entregaré en 
manos del rey de Babilonia, que los deportará a Babilonia y los acuchillará. 
5 Y entregaré todas las reservas de esta ciudad y todo lo atesorado, 
todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá, en manos 
de sus enemigos que los pillarán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia. 
6 En cuanto a ti, Pasjur, y todos los moradores de tu casa, iréis al 
cautiverio. En Babilonia entrarás, allí morirás y allí mismo serás sepultado 
tú y todos tus allegados a quienes has profetizado en falso.» 
7 Me has seducido, Yahveh, y me dejé seducir; me has agarrado y me 
has podido. He sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban. 
8 Pues cada vez que hablo es para clamar: «¡Atropello!», y para gritar: 
«¡Expolio!». La palabra de Yahveh ha sido para mí oprobio y befa 
cotidiana. 
9 Yo decía: «No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» 
Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis 
huesos, y aunque yo trabajada por ahogarlo, no podía. 
10 Escuchaba las calumnias de la turba: «¡Terror por doquier!, 
¡denunciadle!, ¡denunciémosle!» Todos aquellos con quienes me saludaba 
estaban acechando un traspiés mío: «¡A ver si se distrae, y le podremos, y 
tomaremos venganza de él!» 
11 Pero Yahveh está conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis 
perseguidores tropezarán impotentes; se avergonzarán mucho de su 
imprudencia: confusión eterna, inolvidable. 
12 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el 
corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi 
causa. 
13 Cantad a Yahveh, alabad a Yahveh, porque ha salvado la vida de 
un pobrecillo de manos de malhechores. 
14 ¡Maldito el día en que nací! ¡el día que me dio a luz mi madre no 
sea bendito! 
15 ¡Maldito aquel que felicitó a mi padre diciendo: «Te ha nacido un 
hijo varón», y le llenó de alegría! 
16 Sea el hombre aquel semejante a las ciudades que destruyó Yahveh 
sin que le pesara, y escuche alaridos de mañana y gritos de ataque al 
mediodía. 
17 ¡Oh, que no me haya hecho morir desde el vientre, y hubiese sido 
mi madre mi sepultura, con seno preñado eternamente! 
18 ¿Para qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a 
consumirse en la vergüenza mis días? 

REINA DE LA PAZ, MEDJUGORJE 1981


La Paz: "¡Reconcíliense entre ustedes! Si el mundo va a ser salvado tiene que buscar el camino de la paz; ahora va por el camino de la perdición" (Junio 81). En agosto de 1981 apareció en el cielo la palabra "MIR" (paz).
La Conversión: "Digan a todos mis hijos y a todas mis hijas, digan a todo el mundo, y lo mas pronto posible, que yo deseo su conversión" "Yo rogaré para que Dios no los castigue. ¡Ustedes no saben, no pueden ni imaginar lo que Dios va a enviar al mundo! ¡Conviértanse, y estén listos para hacer todo lo que yo les diga"!; "Hoy en día la grandísima mayoría de la gente va al purgatorio; un cierto número va el infierno; sólo una minoría va directamente al cielo. Esto último sucede porque la gente muere sin prepararse, sin tener en cuenta a Dios... Renuncien a todo y serán llevados directamente al paraíso".
Los Sacramentos:
-Confesión: "Si los cristianos aprendieran a reconciliarse con Dios y con los hombres una vez al mes mediante la confesión, pronto regiones enteras se curarían espiritualmente".-La Eucaristía: "La Misa es la forma de oración mas sublime." "Muchas personas van a Misa sin prepararse y si acercase a la comunión; así, la Misa les vale muy poco."; "Les recomiendo vivamente asistir a Misa, si es posible, todos los días."; "Les pido una vez por semana la adoración al SS. Sacramento."

La Oración:"Ustedes han olvidado que con la oración y el ayuno pueden también alejar las guerras, y si éstas han empezado, hacer que cesen; pueden hasta suspender las leyes naturales (es decir, obtener milagros). Hay muchos cristianos que ya no creen o su fe es muy débil, porque no hacen oración. Empiecen a rezar todos los días 7 Padre Nuestro, Ave María y Gloria, y un Credo." ¿Por qué 7? -Cinco en honor de las cinco llagas del Señor Jesús, uno por las intenciones del Santo Padre y uno para pedir el don del Espíritu Santo. (Las devociones pueden hacerse de muchas maneras. Sirven de modelos concretos para que recemos.)
-"La gente no sabe orar. Muchos van a la Iglesia y a los santuarios para pedir gracias particulares; poquísimos piden el don del Espíritu Santo. Lo más importante es pedir el Espíritu Santo; si tienen este don no les faltará nada; todo lo demás se les concederá por añadidura".
Lucas 11:13 "Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!"
-La Virgen habla de la oración en familia, en grupos de oración y la oraci
ón personal.
-De manera especial invita a orar con el corazón y rezar diariamente el Santo Rosario.

La Cruz: La cruz preside en la Iglesia y desde las montañas en torno a Medjugorje (Krievac y Podbrdo) que los peregrinos suben meditando el Vía Crucis. Abrazar la cruz es esencial para la espiritualidad que la Virgen enseña
El Ayuno: La Virgen recomienda el ayuno una vez por semana, si es posible los viernes (como también lo recomienda la Iglesia por ser el día de la Pasión). El ayuno está vinculado con la oración y fortalece nuestra vida espiritual. El ayuno se aplica no solo a la comida sino a muchas cosas como la Televisión que necesitan ponerse bajo el dominio del Espíritu.

La gracia de Dios no se mezcla con los que gustan de las cosas terrenas




Hijo, preciosa es mi gracia, no sufre mezcla de cosas extrañas ni de consolaciones terrenas. Conviene desviar todos los impedimentos de la gracia, si deseas recibir en ti su influencia. Busca lugar secreto para ti, huélgate de morar a solas contigo, no busques la conversación de ninguno, antes bien ora devotamente a Dios, para que te dé compunción de corazón y pureza de conciencia. Estima todo el mundo en nada, prefiere el vacar a Dios a todas las cosas exteriores, porque no podrás vacar a mí y juntamente deleitarte en lo transitorio. Conviene desviarte de conocidos y de amigos, y tener el alma privada de todo consuelo temporal. Así lo encarga el Apóstol San Pedro; que los fieles cristianos se contengan en este mundo, como advenedizos y peregrinos.
¡Oh cuánta confianza tendrá en la hora de la muerte, el que se siente que no le detiene cosa alguna de este mundo! Mas el alma flaca no entiende aún qué cosa es tener el corazón apartado de todas las cosas, ni el hombre animal conoce la libertad del hombre interior; mas si quiere ser verdaderamente espiritual, conviene que renuncie a los parientes y a los extraños, y que de ninguno se guarde más que de sí mismo. Si te vences a ti mismo perfectamente, todo lo demás sujetarás con facilidad. La perfecta victoria consiste en vencerse a sí mismo, porque el que se tiene sujeto de modo que la sensualidad obedezca a la razón, y la razón me obedezca a mí en todo, éste es verdaderamente vencedor de sí mismo y señor del mundo.
Si deseas subir a esta cumbre, conviene comenzar varonilmente, y poner la segur a la raíz, para que arranques y destruyas la desordenada inclinación que ocultamente tienes a ti mismo y a todo bien propio y material. De este amor desordenado que se tiene el hombre a sí mismo, depende casi todo lo que de raíz se ha de vencer; vencido y sujeto este amor luego hay gran sosiego y paz. Mas porque pocos trabajan en morir perfectamente a sí mismos, y del todo no salen de su propio amor, por eso se quedan envueltos en sus afectos, y no se pueden elevar sobre sí mismos en espíritu. Pero el que desea andar conmigo libremente, es necesario que mortifique todas sus malas y desordenadas inclinaciones, y que no se apegue a criatura alguna con amor de concupiscencia.

martes, 15 de abril de 2014

Lecturas del Martes Santo


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Martes, 15 de abril de 2014

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17

R/.
 Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo: 
no quede yo derrotado para siempre; 
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, 
inclina a mí tu oído, y sálvame. R/.

Sé tú mi roca de refugio, 
el alcázar donde me salve, 
porque mi peña y mi alcázar eres tú. 
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza 
y mi confianza, Señor, desde mi juventud. 
En el vientre materno ya me apoyaba en ti, 
en el seno tú me sostenías. R/.

Mi boca contará tu auxilio, 
y todo el día tu salvación. 
Dios mío, me instruiste desde mi juventud, 
y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.»
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. 
Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. 
Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir."»
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.»
Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del martes, 15 de abril de 2014

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C.R.
Queridos amigos:
Hoy martes, y mañana miércoles, se trata de espabilar el oído para no perderse ninguna palabra. El profeta Isaías comienza con una exhortación a escuchar: "Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos". La escena que Juan describe está llena de confidencias que sólo pueden percibirse con un oído fino: la pregunta del discípulo amado, la respuesta de Jesús, la admonición a Judas, el diálogo entre Jesús y Pedro.
El martes santo es un día ideal para el silencio y la escucha, para caer en la cuenta de un par de verdades que sostienen nuestra vida.
Primera: existimos porque el Señor nos ha llamado en las entrañas maternas, porque ha pronunciado nuestro nombre. ¿Te sientes un don nadie, producto del azar, poco querido por tus padres o por las personas que te rodean? ¡El Señor sigue pronunciando tu nombre! ¿Te parece que tu vida es una sucesión de acontecimientos sin sentido? ¡El Señor sigue pronunciando tu nombre! ¿Crees que no merece la pena confiar en el futuro? ¡El Señor sigue pronunciando tu nombre!
Segunda: el Señor quiere hacer de nosotros una luz para que su salvación llegue a todos. ¿Te parece que tu vida no sirve para nada? ¡Tú eres luz! ¿Tienes la impresión de que nunca cuentan contigo para lo que merece la pena? ¡Tú eres luz! ¿Atraviesas un período de oscuridad, de desaliento, de prueba? ¡Tú eres luz!
No quisiera olvidar ese ejercicio de diálogo a cuatro bandas que se da entre Jesús, el discípulo amado, Simón Pedro y Judas, en una cena trascendental en la que Jesús se encuentra "profundamente conmovido".
El discípulo amado y Pedro formulan preguntas: "Señor, ¿quién es?", "Señor, ¿adónde vas?", "Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora?". Quién, adónde, por qué. En sus preguntas reconocemos las nuestras. Por boca del discípulo amado y de Pedro formulamos nuestras zozobras, nuestras incertidumbres.
Judas interviene de modo no verbal. Primero toma el pan untado por Jesús y luego se va. Participa del alimento del Maestro, pero no comparte su vida, no resiste la fuerza de su mirada. Por eso "sale inmediatamente". No sabe/no puede responder al amor que recibe.
Jesús observa, escucha y responde a cada uno: al discípulo amado, a Judas y a Simón Pedro. La intimidad, la traición instantánea y la traición diferida se dan cita en una cena que resume toda una vida y que anticipa su final. Lo que sucede en esta cena es una historia de entrega y de traición. Como la vida misma.

EVANGELIO SAN JUAN


Juan 19 
1 Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. 
2 Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la 
cabeza y le vistieron un manto de púrpura; 
3 y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le 
daban bofetadas. 
4 Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que 
sepáis que no encuentro ningún delito en él.» 
5 Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto 
de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.» 
6 Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: 
«¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y 
crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.» 
7 Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa 
Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.» 
8 Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. 
9 Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» 
Pero Jesús no le dio respuesta. 
10 Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder 
para soltarte y poder para crucificarte?» 
11 Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te 
hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor 
pecado.» 
12 Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: 
«Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se 
enfrenta al César.» 
13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el 
tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. 
14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice 
Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.» 
15 Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A 
vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No 
tenemos más rey que el César.» 
16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, 
a Jesús, 
17 y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, 
que en hebreo se llama Gólgota, 
18 y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús 
en medio. 
19 Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo 
escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos.» 
20 Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde 
había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en 
hebreo, latín y griego. 
21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: 
“El Rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos”.» 
22 Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.» 
23 Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus 
vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la 
túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. 
24 Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver 
a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: = Se han repartido mis 
vestidos, han echado a suertes mi túnica. = Y esto es lo que hicieron los 
soldados. 
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su 
madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 
26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, 
dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 
27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella 
hora el discípulo la acogió en su casa. 
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para 
que se cumpliera la Escritura, dice: = «Tengo sed.» = 
29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de 
hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. 
30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E 
inclinando la cabeza entregó el espíritu. 
31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no 
quedasen los cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel sábado era muy 
solemne - rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. 
32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y 
del otro crucificado con él. 
33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron 
las piernas, 
34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y 
al instante salió sangre y agua. 
35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que 
dice la verdad, para que también vosotros creáis. 
36 Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: = No se le 
quebrará hueso alguno. = 
37 Y también otra Escritura dice: = Mirarán al que traspasaron. = 
38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, 
aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para 
retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su 
cuerpo. 
39 Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle 
de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. 
40 Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los 
aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. 
41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el 
huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. 
42 Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el 
sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.