sábado, 22 de noviembre de 2014

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

Hijo mío,
Observo que en el mundo que estáis, muchos de mis Hijos Predilectos no cumplen con sus votos, que os apartaron y que no sienten y no tienen la humildad que mi Hijo tuvo y tiene en su Corazón; que no escuchan a sus rebaños, que no viven de acuerdo a como viven aquellos que están a su reguardo, todo lo contrario, no están siendo verdaderos mensajeros del amor de CRISTO JESÚS y no salen a llevar la palabra a todo lugar que sea necesario. Hoy hay una soledad con mis amados hijos de mi amada Iglesia porque no recorren, porque muchos no comparten el dolor que sienten sus hermanos y no os ayudan a cargar sus Cruces, y hasta muchas veces son llamados a visitar a los enfermos y no se presentan. Entonces, yo quiero que os digáis si piensan que estar sólo en mi morada y llevar adelante la Celebración dos veces por día piensan que es todo lo que deberían llevar adelante. Decidles que no os equivoquen, que fuera de mi morada hay millones de niños que mueren de hambre, que son perseguidos, castigados, mutilados, que el mundo está ingresando en una guerra que ha de arrasar con naciones enteras, que la droga y el alcohol están llevándolos al final a muchos de ellos porque nadie se acerca, porque nadie lleva la palabra, porque es como que nada importa, y yo me pregunto, si vosotros no llegáis en nombre de mi amada Iglesia, si no estáis al lado de ellos, quién lo hará, qué es lo que debéis cumplir, qué es lo que pensáis que debéis llevar adelante, amados hijos.
Por ello, os convoco a la unidad de todos vosotros, y en ese amor estéis junto a los que sufren; que retoméis el sendero primero vosotros para después dirigir a vuestros rebaños por el sendero de la luz rumbo al gran encuentro. Yo os llamo a que reflexionéis, que meditéis cada una de las palabras; por estar revestidos, hijos míos, no os salvaréis del Juicio Final; y vosotros, los que no cumpláis, seréis severamente juzgados doblemente porque por muchos de vosotros, por los errores cometidos, hoy el ángel desterrado y los que lo siguen os están apoderando de muchas almas a través de engaños y mentiras, y el ángel desterrado está ingresando cada día más y más en las mentes de los poderosos, llenándolos de odios y rencores, y de esa forma llevan a sus pueblos a enfrentamientos por obtener poder y gloria para ellos. POR ELLO, YO LLAMO A TODA MI IGLESIA A QUE OS ENCOLUMNÉIS DETRÁS DE QUIEN SE ENCUENTRA EN EL SILLÓN DE PEDRO, DETRÁS DE MI AMADO HIJO FRANCISCO, QUE ESCUCHÉIS SUS PALABRAS, QUE SEÁIS SUMISOS Y QUE HAGÁIS LO QUE ÉL OS ESTÁ DICIENDO, NO PODÉIS SEGUIR POR EL SENDERO QUE VOSOTROS QUERÉIS Y NO PODÉIS SEGUIR VIVIENDO MUCHOS EN UN MUNDO DIFERENTE AL DE VUESTROS HERMANOS; OS LLAMO A QUE REFLEXIONÉIS Y QUE VOLVÁIS AL COMIENZO Y OS PONGÁIS FRENTE DE VUESTROS REBAÑOS.
Hijos míos, os amo. Por ello os ruego, llevad a los pueblos y naciones rumbo a la Tierra Prometida, llevadlos cantando y orando, rezando el Santo Rosario y enseñando la palabra. Haced que crezcan las conversiones y recibáis a mi Hijo Sacramentado. No sigáis perdidos vosotros porque sois los pilares de mi morada, y si vosotros os perdéis, todo se perderá. Por ello, no hagáis sufrir más a nuestros Inmaculados Corazones y volved al sendero primero vosotros y después salid a buscar a las ovejas perdidas, cuidad de cada una de ellas y no permitáis que nunca ninguna caiga en las garras del ángel desterrado. Hijos míos, os amo, os ruego haced lo que os pido, ya la copa rebasó, y si vosotros no os unen, la oscuridad muy pronto ha de descender sobre todos vosotros.
Amén.

09/11/2014 15:05 Horas
DOCK SUD - CIUDAD DE AVELLANEDA - PROVINCIA DE BUENOS AIRES - REPÚBLICA ARGENTINA
Para pedidos de oración de los miembros del Cenáculo SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA: www.lavozdesantamaria.com.ar
TODOS AQUELLOS HERMANOS Y HERMANAS QUE QUIERAN ESCRIBIR A JOSÉ LUIS BELMONTE O PEDIR ORACIONES, LO PUEDEN HACER AL CORREO jlbelmonte07@yahoo.com.ar. ÉL LES CONTESTARÁ.
JOSÉ LUIS BELMONTE

Lecturas del Domingo 34º del Tiempo Ordinario - Ciclo A



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Domingo, 23 de noviembre de 2014

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (34,11-12.15-17):

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear –oráculo del Señor Dios–. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 22,1-2a.2b-3.5.6

R/.
 El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R/.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios (15,20-26.28):

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (25,31-46, del domingo, 23 de noviembre de 2014
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Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,31-46)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del domingo, 23 de noviembre de 2014

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Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:
Durante todo este ciclo A del tiempo litúrgico y todo este año, los Evangelios del domingo nos han invitado a repensar las mil facetas del Reino de Dios. Hoy es una buena oportunidad para cerrar el año centrándose en Jesucristo Rey, máxima manifestación con su persona y sus obras de ese Reino. El texto nos sitúa ante el final de los tiempos y en la hora última de nuestra vida, momentos en que cada uno podrá mirar para atrás y verse tal cual es. Delante de nosotros estará el Hijo del Hombre, sentado para el juicio. Lo original es que el criterio para sentirse salvados o no, serán las obras, nuestra actitud hacia los pobres, los necesitados,  los marginados sociales, los “descartados” como le gusta decir a nuestro Papa actual. Curioso que no exista una sola alusión a conductas específicamente religiosas o cultuales. Es más: Jesús se identifica con estos hombres afirmando que todo acto a favor del que pasa hambre, es inmigrante, está en la cárcel…, es aceptado como si se lo hicieran a Él mismo.
Los verdaderos jueces son los que pasan hambre, sed, son forasteros, desnudos, enfermos, están en la cárcel, ya que miden nuestra capacidad de amor y entrega y verifican si nuestro seguimiento de Jesucristo fue auténtico o no. Nada nuevo; es lo que hizo Jesús durante toda su vida, estar atento a los más débiles y abandonados. Su Reino no tiene que ver con el poder, el prestigio y la ideología. Es una pena que hoy muchos cristianos antepongan su ideología al Evangelio, en una sociedad que considera que la Iglesia es muy cercana a una determinada manera de pensar ideológica. Escuchemos lo que decía el Papa hace pocos días:
“Esto no responde a una ideología. Ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades, tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! Queremos que se escuche su voz que, en general, se escucha poco. Tal vez porque molesta, tal vez porque su grito es incomodo, tal vez porque se tiene miedo. Es extraño que si hablo de tierra, techo y trabajo, para algunos resulta que el Papa es comunista. No se entiende que el amor a los pobres está en el centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la Doctrina Social de la Iglesia” (Discurso del Papa Francisco a los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares).
Está claro; el texto de este domingo no necesita matizaciones: ¿es qué los presos?, ¿es qué los extranjeros?... No pretendamos enmendar la plana a Jesús con nuestras ideas: “me hospedasteis”, “vinisteis a verme”, “me visitasteis”…son sus palabras. El Evangelio de hoy resume la vida de cada uno y todo lo que venimos reflexionando sobre el Reino, es la exaltación del reinado del amor sobre todas las cosas. Ante él se reúnen “todos los pueblos, todas las naciones”, lo decisivo en la vida no es lo que confesamos cada pueblo. Jesús parece abrir una vía de acceso al Padre distinta de lo sagrado: la ayuda al hermano necesitado. Por esa vía caminan muchos hombres y mujeres que no confiesan o no conocen a Jesús, eso no significa que la adhesión a Jesucristo quede anulada. Al contrario, la fe en Jesús siempre conduce al amor y esto es lo decisivo. No hay que esperar al último día. Ahora nos estamos acercando o apartando de los más afectados por la crisis económica, los extranjeros…, en definitiva nos estamos acercando o apartando de Dios.
PD: propongo para la homilía u otro momento de la Eucaristía escuchar una vieja canción de Manzano:”Con vosotros está, y no le conocéis” y ver un dibujo de José Luis Cortés.
LETRA DE LA CANCIÓN: CON VOSOTROS ESTÁ
CON VOSOTROS ESTÁ, Y NO LE CONOCÉIS
CON VOSOTROS ESTÁ, SU NOMBRE ES EL SEÑOR
Su nombre es el Señor y pasa hambre, y clama por la boca del hambriento, y muchos que lo ven pasan de largo, acaso por llegar temprano al templo.
Su nombre es el Señor y sed soporta, y está en quien de justicia va sediento, y muchos que lo ven pasan de largo, a veces ocupados en sus rezos.
Su nombre es el Señor y está desnudo, la ausencia del amor hiela sus huesos, y muchos que lo ven pasan de largo, seguros del calor de su dinero.
Su nombre es el Señor y enfermo vive, y su agonía es la del enfermo, y muchos que lo saben no hacen caso, tal vez no frecuentaba mucho el templo.
Su nombre es el Señor y está en la cárcel, está en la soledad de cada preso, y nadie lo visita y hasta dicen: “Tal vez ese no era de los nuestros”.
Su nombre es el Señor, el que sed tiene, él pide por la boca del hambriento, está preso, está enfermo, está desnudo, pero él nos va a juzgar por todo eso.

EL EVANGELIO COMO ME HA SIDO REVELADO-MARIA VALTORTA

VOLUMEN PRIMERO



Nacimiento y vida oculta de María y Jesús.

1.  Pensamiento introductor. Dios quiso un seno sin mancha.

"Dios me poseyó al inicio de sus obras".
Salomón, Proverbios cap. 8 v. 22.
   22 de agosto de 1944.

  1Jesús me ordena: «Coge  un  cuaderno  completamente  nuevo.  Copia  en  la        primera hoja el dictado del día 16 de agosto. En este libro se hablará de Ella».
Obedezco y copio.

16 de agosto de 1944.
      2Dice Jesús:
«Hoy escribe esto sólo. La pureza tiene un valor tal, que un seno de criatura pudo contener al Incontenible, porque poseía la máxima pureza posible en una criatura de Dios.
La Santísima. Trinidad descendió con sus perfecciones, habitó con sus Tres Personas, cerró su Infinito en pequeño espacio ‑ no por ello se hizo menor, porque el amor de la Virgen y la voluntad de Dios dilataron este espacio hasta hacer de él un Cielo ‑ y se manifestó con sus características:
el Padre, siendo Creador nuevamente de la Criatura como en el sexto día y teniendo una "hija" verdadera, digna, a su perfecta semejanza. La impronta de Dios estaba estampada en María tan nítidamente, que sólo en el Primogénito del Padre era superior. María puede ser llamada la "segundogénita" del Padre, porque, por perfección dada y sabida conservar, y por dignidad de Esposa y Madre de Dios y de Reina del Cielo, viene segunda después del Hijo del Padre y segunda en su eterno Pensamiento, que ab aeterno en Ella se complació;
el Hijo, siendo también para Ella "el Hijo" y enseñándole, por misterio de gracia, su verdad y sabiduría cuando aún era sólo un Embrión que crecía en su seno;
el Espíritu Santo, apareciendo entre los hombres por un anticipado Pentecostés, por un prolongado Pentecostés, Amor en "Aquella que amó", Consuelo para los hombres por el Fruto de su seno, Santificación por la maternidad del Santo.                            
3Dios, para manifestarse a los hombres en la forma nueva y completa que abre la era de la Redención, no eligió como trono suyo un astro del cielo, ni el palacio de un grande. No quiso tampoco las alas de los ángeles como base para su pie. Quiso un seno sin mancha.
Eva también había sido creada sin mancha. Mas, espontáneamente, quiso corromperse. María, que vivió en un mundo corrompido ‑ Eva estaba, por el contrario, en un mundo puro ‑ no quiso lesionar su candor ni siquiera con un pensamiento vuelto hacia el pecado. Conoció la existencia del pecado y vio de él sus distintas y horribles manifestaciones, las vio todas, incluso la más horrenda: el deicidio. Pero las conoció para expiarlas y para ser, eternamente, Aquella que tiene piedad de los pecadores y ruega por su redención.

4Este pensamiento será introducción a otras santas cosas que daré para consuelo tuyo y de muchos».

2.  Joaquín y Ana hacen voto al Señor.
22 de agosto de 1944.

1Veo un interior de una casa. Sentada a un telar hay una mujer ya de cierta edad. Viéndola con su pelo ahora entrecano, antes ciertamente negro, y su rostro sin arrugas pero lleno de esa seriedad que viene con los años, yo diría que puede tener de cincuenta a cincuenta y cinco años, no más.
Al indicar estas edades femeninas tomo como base el rostro de mi madre, cuya efigie tengo, más que nunca, presente estos días que me recuerdan los últimos suyos cerca de mi cama... Pasado mañana hará un año que ya no la veo... Mi madre era de rostro muy fresco bajo unos cabellos precozmente encanecidos. A los cincuenta años era blanca y negra como al final de la vida. Pero, aparte de la madurez de la mirada, nada denunciaba sus años. Por eso, pudiera ser que me equivocase al dar un cierto número de años a las mujeres ya mayores.
Ésta, a la que veo tejer, está en una habitación llena de claridad. La luz penetra por la puerta, abierta de par en par, que da a un espacioso huerto‑jardín. Yo diría que es una pequeña finca rústica, porque se prolonga onduladamente sobre un suave columpiarse de verdes pendientes. Ella es hermosa, de rasgos sin duda hebreos. Ojo negro y profundo que, no sé por qué, me recuerda al del Bautista. Sin embargo, este ojo, además de tener gallardía de reina, es dulce; como si su centelleo de águila estuviera velado de azul. Ojo dulce, con un trazo de tristeza, como de quien pensara nostálgicamente en cosas perdidas. El color del rostro es moreno, aunque no excesivamente. La boca, ligeramente ancha, está bien proporcionada, detenida en un gesto austero pero no duro. La nariz es larga y delgada, ligeramente   combada hacia abajo: una nariz aguileña que va bien con esos ojos. Es fuerte, mas no obesa. Bien proporcionada. A juzgar por su estatu­ra estando sentada, creo que es alta.
Me parece que está tejiendo una cortina o una alfombra. Las ca­níllas multicolores recorren, rápidas, la trama marrón oscura. Lo ya hecho muestra una vaga entretejedura de grecas y flores en que el    verde, el amarillo, el rojo y el azul oscuro se intersecan y funden co­ mo en un mosaico. La mujer lleva un vestido sencillísimo y muy os­ curo: un morado‑rojo que parece copiado de ciertas trinitarias.
2Oye llamar a la puerta y se levanta. Es alta realmente. Abre.
   Una mujer le dice: «Ana, ¿me dejas tu ánfora? Te la lleno».
La mujer trae consigo a un rapacillo de cinco años, que se agarra inmediatamente al vestido de Ana. Ésta le acaricia mientras se diri­ge hacia otra habitación, de donde vuelve con una bonita ánfora de cobre. Se la da a la mujer diciendo: «Tú siempre eres buena con la vieja Ana. Dios te lo pague, en éste y en los otros hijos que tienes y     que tendrás. ¡Dichosa tú!». Ana suspira.
La mujer la mira y no sabe qué decir ante ese suspiro. Para apar­tar la pena, que se ve que existe, dice: «Te dejo a Alfeo, si no te causa molestias; así podré ir más deprisa y llenarte muchos cántaros».
Alfeo está muy contento de quedarse, y se ve el porqué una vez que se ha ido la madre: Ana le coge en brazos y le lleva al huerto, le aúpa hasta una pérgola de uva de color oro como el topacio y dice: «Come, come, que es buena», y le besa en la carita embadurnada del            zumo de las uvas que está desgranando ávidamente. Luego, cuando el niño, mirándola con dos ojazos de un gris azul oscuro todo abier­ tos, dice: «¿Y ahora qué me das?», se echa a reír con ganas, y, al punto, parece más joven, borrados los años por la bonita dentadura y el gozo que viste su rostro. Y ríe y juega, metiendo su cabeza entre las rodillas y diciendo: «¿Qué me das si te doy,.. si te doy?... ¡Adivi­na!». Y el niño, dando palmadas con sus manecitas, todo sonriente, dice: «¡Besos, te doy besos, Ana guapa, Ana buena, Ana mamá!...».
Ana, al sentirse llamar "Ana mamá", emite un grito de afecto jubiloso y abraza estrechamente al pequeñuelo, diciendo: «¡Oh, tesoro! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor!». Y por cada "amor" un beso va a posarse sobre las mejillitas rosadas. Luego van a un vasar y de un plato bajan tortitas de miel. «Las he hecho para ti, hermosura de la pobre Ana, para ti que me quieres. Dime, ¿cuánto me quieres?». Y el niño, pensando en la cosa que más le ha impresionado, dice: «Como al Templo del Señor». Ana le da más besos: en los ojitos avispados, en la boquita roja. Y el niño se restriega contra ella como un gatito.
La madre va y viene con un jarro colmo y ríe sin decir nada. Les deja con sus efusiones de afecto.
3Entra del huerto un hombre anciano, un poco más bajo que Ana, de tupida cabellera completamente cana, rostro claro, barba cortada en cuadrado, dos ojos azules como turquesas, entre pestañas de un castaño claro casi rubio. Está vestido de un marrón oscuro.
Ana no le ve porque da la espalda a la puerta. El hombre se acerca a ella por detrás diciendo: «¿Y a mí nada?». Ana se vuelve y dice: «¡Oh, Joaquín! ¿Has terminado tu trabajo?». Mientras tanto el pequeño Alfeo ha corrido a sus rodillas diciendo: «También a ti, también a ti», y cuando el anciano se agacha y le besa, el niño se le ciñe estrechamente al cuello despeinándole la barba con las manecitas y los besos.
También Joaquín trae su regalo: saca de detrás la mano izquierda y presenta una manzana tan hermosa que parece de cerámica, y, sonriendo, al niño que tiende ávidamente sus manecitas le dice: «Espera, que te la parto en trozos. Así no puedes. Es más grande que tú», y con un pequeño cuchillo que tiene en el cinturón (un cuchillo de podador) parte la manzana en rodajas, que divide a su vez en otras más delgadas; y parece como si estuviera dando de comer en la boca a un pajarillo que no ha dejado todavía el nido, por el gran cuidado con que mete los trozos de manzana en esa boquita que muele incesantemente.
«¡Te has fijado qué ojos, Joaquín! ¿No parecen dos porcioncitas del Mar de Galilea cuando el viento de la tarde empuja un velo de nubes bajo el cielo?». Ana ha hablado teniendo apoyada una mano en el hombro de su marido y apoyándose a su vez ligeramente en ella: gesto éste que revela un profundo amor de esposa, un amor intacto tras muchos años de vínculo conyugal.
Joaquín la mira con amor, y asiente diciendo: «¡Bellísimos! ¿Y esos ricitos? ¿No tienen el color de la mies secada por el sol? Mira, en su interior hay mezcla de oro y cobre».
«¡Ah, si hubiéramos tenido un hijo, lo habría querido así, con estos ojos y este pelo!...». - Ana se ha curvado, es más, se ha arrodillado, y, con un fuerte suspiro, besa esos dos ojazos azul‑grises.
También suspira Joaquín, y, queriéndola consolar, le pone la mano sobre el pelo rizado y canoso, y le dice: «Todavía hay que esperar. Dios todo lo puede. Mientras se vive, el milagro puede producirse, especialmente cuando se le ama y cuando nos amamos». Joaquín recalca mucho estas últimas palabras.
Mas Ana guarda silencio, descorazonada, con la cabeza agachada, para que no se vean dos lágrimas que están deslizándose y que advierte sólo el pequeño Alfeo, el cual, asombrado y apenado de que su gran amiga llore como hace él alguna vez, levanta la manita y enjuga su llanto.
«¡No llores, Ana! Somos felices de todas formas. Yo por lo menos lo soy, porque te tengo a ti».
«Yo también por ti. Pero no te he dado un hijo... Pienso que he adolorado al Señor porque ha hecho infecundas mis entrañas...».
«¡Oh, esposa mía! ¿En qué crees tú, santa, que has podido adolorarle? Mira, vamos una vez más al Templo y por esto, no sólo por los Tabernáculos, hacemos una larga oración... Quizás te suceda como a Sara... o como a Ana de Elcana: esperaron mucho y se creían reprobadas por ser estériles, y, sin embargo, en el Cielo de Dios, estaba madurando para ellas un hijo santo. Sonríe, esposa mía. Tu llanto significa para mí más dolor que el no tener prole... Llevaremos a Alfeo con nosotros. Le diremos que rece. Él es inocente... Dios tomará juntas nuestra oración y la suya y se mostrará propicio».
«Sí. Hagamos un voto al Señor. Suyo será el hijo; si es que nos lo concede... ¡Oh, sentirme llamar "mamá"!».
Y Alfeo, espectador asombrado e inocente, dice: «¡Yo te llamo "mamá"!».
«Sí, tesoro amado... pero tú ya tienes mama, y yo... yo no tengo niño...».
La visión cesa aquí.

5Me doy cuenta de que se ha abierto el ciclo del nacimiento de María. Y me alegro mucho por ello, porque lo deseaba grandemente. Supongo que también usted se alegrará de ello. *
Antes de empezar a escribir he oído a la Mamá decirme: «Hija, escribe, pues, acerca de mí. Toda pena tuya será consolada». Y, mientras decía esto, me ponía la mano sobre la cabeza acariciándo­   me delicadamente. Luego ha venido la visión. Pero al principio, o sea, hasta que no oí llamar por el nombre a la mujer de cincuenta años, no comprendí que me encontraba ante la madre de la Mamá y, por tanto, ante la gracia del nacimiento de la Virgen.

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*Supongo que también usted se alegrará de ello: es decir, el director espiritual de la escritora, el P. Romualdo M. Migliorini o.s.m., al que MV se dirige a menudo, en estilo episto­lar, a lo largo de toda la Obra. Algunas veces se dedica al padre Migliorini un episodio o        una enseñanza (véase, por ejemplo, 58.1).

LIBRO DEL PURGATORIO


Léeme o laméntalo
Aprobación de Su Eminencia el Cardenal de Lisboa
Palacio Cardenalicio, Lisboa, 4 de marzo de 1936. 
Aprobamos y recomendamos con todo el corazón este librito "Léeme o Laméntalo", por EDM (Engant de Marie, iniciales con las que se identifica el Padre O'Sullivan). 
Aunque pequeño, está destinado a hacer grandes cosas entre los católicos, muchos de los cuales están increíblemente ignorantes acerca de la gran doctrina del Purgatorio. Como consecuencia, ellos hacen poco o nada para evitarlo para sí mismos y tampoco ayudan a las Almas Sufrientes que están en terribles tormentos, esperando por las Misas y las oraciones ofrecidas por ellos. 
Es nuestro mas caro deseo que cada católico debiera leer este librito y que lo comunicara por todas partes, tanto como le sea posible. 
Prefacio:
"Léeme o laméntalo" 
El título es algo alarmante. Aún, estimado lector, si tú escudriñas este pequeño libro, verás por tí mismo cuán merecido es. El libro nos cuenta cómo salvarnos a nosotros mismos y a otros de un sufrimiento inenarrable. Algunos libros son buenos y algunos otros pueden ser de provecho. Otros son mejores y deben ser leídos sin falta.
Hay, sin embargo, libros de tan excelente mérito por razón de sus consejos, la convicción que acarrean y la acción urgente a la que nos impulsa, que sería cabalmente alocado no leerlos.
"léeme o laméntalo" pertenece a esa clase de libros. Es por tu mayor interés, estimado amigo, que lo leas y releas, para ponderarlo bien y profundamente en sus contenidos. Nunca te arrepentirás de ello, por el contrario, grande y amargo será tu arrepentimiento si tú fallas en estudiarlo en sus sustanciosas páginas. 
¡AUXILIO, AUXILIO, SUFRIMOS MUCHO! 
I. Nunca llegaremos a comprender lo suficientemente claro que una limosna, pequeña o grande, dada en favor de las almas sufrientes, se la damos directamente a Dios. El acepta y recuerda como si se la hubieran dado directamente a Él mismo. Así, todo lo que hagamos por ellas, Dios lo acepta hecho para El. Es como si lo aliviáramos o liberáramos a Él mismo del Purgatorio. En qué manera nos pagará! 
II. No hay mayor famelia, sed, pobreza, necesidad, pena, dolor, sufrimiento que se compare a los de las Almas del Purgatorio, por lo tanto no hay limosnas más merecidas, ni más placenteras a Dios, ni mérito más alto para nosotros, que rezar, pedir celebraciones de Misas, y dar limosnas en favor de las pobres Santas Almas. 
III. Es muy posible que algunos de nuestros más cercanos y queridos parientes estén todavía sufriendo las purificantes penas del Purgatorio y llamándonos entre lastimosos gemidos para que los ayudemos y aliviemos. 
IV. ¿¿No es terrible que seamos tan duros que no podamos pensar en ellos, ni tampoco podemos ser tan crueles que deliberadamente los olvidemos??!!! 
Por el amor de Cristo, hagamos todo, pero todo, lo que podamos por ellas. 
Cada católico debería unirse a la Asociación de las Animas Benditas. 
PURGATORIO: 
"Tengan piedad de mí, tengan piedad de mí, por lo menos ustedes mis amigos, porque la mano del Señor me ha tocado" (Job 19:21). 
Esta es la conmovedora súplica que la Iglesia Purgante envía a sus amigos en la tierra.
Tierra, comiencen, imploren su ayuda, en respuesta a la angustia mas profunda. Muchos dependen de sus oraciones.
Es incomprensible como algunos católicos, aún aquellos que de una u otra forma son devotos, vergonzosamente desatienden a las almas del Purgatorio. Pareciera que no creen en el Purgatorio. Ciertamente es que sus ideas acerca de ello son muy difusas. 
Días y semanas y meses pasan sin que ellos reciban una Misa dicha por ellas!
Raramente también, oyen Misa por ellos, raramente rezan por ellos, raramente piensan en ellos! Entretanto están gozando la plenitud de la salud y la felicidad, ocupados en sus trabajos; divirtiéndose, mientras las pobres almas sufren inenarrables agonías en sus lechos de llamas. Cuál es la causa de esta horrible insensibilidad? Ignorancia: gruesa, inexplicable ignorancia. 
La gente no se da cuenta de lo que es el Purgatorio. No conciben las espantosas penas, ni tienen idea de los largos años que las almas son retenidas en esas horribles llamas. Como resultado, hacen poco o nada para evitarse a sí mismos el Purgatorio, y aún peor, cruelmente ignoran a las pobres almas que ya están allí y que dependen enteramente de ellos para ser auxiliadas. 
Estimado lector, lee detenidamente este pequeño libro con cuidado y bendecirás el día que cayó en tus manos. 

ORACION AL PADRE




HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD

¡HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD, DIOS MÍO! cuando me abruman los pesares de la vida; mi cáliz es muy amargo, pero yo quiero unirlo con el pensamiento al que Vos aceptasteis por mí en el huerto de Getsemaní y hallare fuerzas para beberlo a mi vez.


¡HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD, DIOS MÍO! cuando me vea víctima de la injusticia, cuando me abandonen los amigos, cuando la soledad me parezca más amarga, porque también vos conocisteis la amargura y el abandono... ¿No podré soportar la indiferencia y la ingratitud de los hombres cuando mi Dios fue traicionado por sus discípulos?

¡HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD, DIOS MÍO! cuando el trabajo me parezca penoso, cuando el desaliento se apodere de mi alma... Vos sois quien permitís este desfallecimiento, Salvador mío, para que me acerque a vuestra cruz y vaya a buscar, en ese manantial bendito la fuerza y el valor que me faltan.

¡HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD, DIOS MÍO! cuando venga a visitarme la enfermedad y cuando me abrume el dolor... Me uno de corazón a vuestra cruel agonía; uno mis sufrimientos a los vuestros; los ofrezco, ¡oh. Jesús!, en expiación de las faltas que he tenido la desgracia de cometer y que os han conducido hasta el Calvario.

¡HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD, DIOS MÍO! cuando lloro la ausencia de un ser querido... Siento despedazado mi corazón, pero se que Vos habéis bendecido las lágrimas llorando a vuestro amigo Lázaro, y me siento más resignado al venir a suplicaros que bendigáis las mías.

¡HÁGASE VUESTRA VOLUNTAD, DIOS MÍO!, en todo el curso de mi vida; cualesquiera que sean mis trabajos, os los ofrezco, divino Redentor mío; Vos habéis aceptado, siendo víctima inocente, el peso de los pecados del mundo; dadme fuerzas para sobrellevar a mi vez las pruebas que he merecido y que me envía vuestra divina mano... ¡Las consideraré como una prenda de vuestro amor a fin de que sean prenda de mi salvación!

Confidencias de Jesús a un Sacerdote


22 de Septiembre de 1975 

LA COMUNION DE LOS SANTOS 

Hijo, te he dicho repetidamente que Yo soy el Amor; donde hay amor estoy Yo. Yo Soy el Amor Infinito, Eterno, Increado, venido a la tierra a reconciliar y por consiguiente reunir con Dios a la humanidad arrancada del odio. 
El amor por su naturaleza tiende a la unión, como el odio por su naturaleza tiende a la división. Nosotros somos Tres, pero el Amor Infinito nos une íntimamente en Uno solo, en una sola naturaleza, esencia y voluntad. 
El amor me ha llevado a Mí, Verbo eterno de Dios hecho carne, a inmolarme a fin de que se diese a todo hombre la posibilidad de unirse en Mí a Dios, y formar Conmigo una sola cosa, como Yo soy una sola cosa con mi Padre que me ha enviado. 
Hijo, desde hace más de cien años el Materialismo como sombra oscura y densa, envuelve buena parte de la humanidad. 
Él ha ofuscado también en mi Cuerpo Místico, esto en el alma de muchos fieles y sacerdotes, el dogma de la Comunión de los Santos que es una realidad espiritual grandiosa, viva, verdadera y operante en Cielo y tierra. 
No hay términos aptos para explicar su grandeza, potencia y actuación vibrante de amor y de vida. 
No hay palabras en vuestro lenguaje, aptas para hacer comprender el invisible, misterioso intercambio que encuentra su centro en mi Corazón misericordioso. 
Pocas son las almas que han comprendido, y pocos son también los sacerdotes que, además de creer abstractamente, viven activamente en esta Comunión con los bienaventurados comprensores12 del Paraíso, con las almas en espera en el Purgatorio y con los hermanos militantes en la tierra. 
La muerte, contrariamente a los prejuicios con respecto a ella, no pone fin a la actividad de las almas. La muerte que, con palabra más precisa deberíais llamar "tránsito", es un pasar del tiempo a la eternidad, que no es poner fin a la actividad del alma, sea en el bien, sea en el mal. 

La familia de Dios 

En cualquier familia ordenada en el amor, cada miembro que la constituye, concurre al bien común en un intercambio de bienes dados y recibidos en una comunión armoniosa. 
En un grado con mucho superior, así es en la gran Familia de todos los hijos de Dios: militantes en la tierra, en espera en el Purgatorio y bienaventurados en el Paraíso. 
Por tanto es necesario, con el fin de volver cada vez más rica de frutos divinos la fe en esta Realidad divina y humana, brotada de mi Inmolación en la Cruz, tener sobre ella ideas precisas. 
Se debe: 
1) Creer firmemente en el dogma de la Comunión de los Santos. 
2) Cuando se habla de la familia de los hijos de Dios, los sacerdotes deben dejar bien claro que a esta familia pertenecen los peregrinos en la tierra, las almas en espera en el Purgatorio y los justos del Paraíso, esto es los santos. 
3) Los sacerdotes (muchos de los cuales ponen el acento casi exclusivamente en las cuestiones sociales en favor de los hermanos militantes, deplorando con razón las injusticias perpetradas) olvidan casi siempre las injusticias más graves hechas en perjuicio de los hermanos que están en el Purgatorio. 
Para tal gravísima omisión se necesita o no creer en el Purgatorio o no creer en el tremendo sufrimiento al que las almas purgantes están sometidas. 
La necesidad de ayuda de las almas en espera es bastante más grande que la de la criatura humana que más sufre en la tierra. 
El deber en fin de caridad y de justicia hacia las almas en pena es mas acuciante para vosotros en cuanto que , no raras veces, hay allí almas purgantes que sufren por culpa de vuestros malos ejemplos, porque habéis sido cómplices con ellas en el mal o en cualquier forma ocasión de pecado. 

12 Que disfrutan de la visión beatífica.  

Si la fe no es operante, no es fe. 

La vida continúa 

Hijo mío, se necesita hacer entender con claridad que la vida continúa después de la tumba. Todos aquellos que os han precedido en el signo de la fe, sea que estén en el Purgatorio o ya en el Paraíso, todavía os aman con amor mas puro, más vivo y más grande. 
Están animados por un gran deseo de ayudaros a superar las duras pruebas de la vida para que alcancéis, como ellos ya han alcanzado, el gran punto de llegada, el fin de la vida misma. 
Ellos conocen ya muy bien todos los peligros que acechan a vuestras almas. 
Pero su ayuda con respecto a vosotros, está condicionada en buena medida por vuestra fe y vuestra libre voluntad para acercaros a ellos con la oración y con la confianza en su eficacísimo patrocinio ante Dios y la Virgen Santísima. 
Si los sacerdotes y los fieles están animados de vivísima fe, conscientes de los inagotables recursos de gracias, de ayudas y de dones que pueden obtener de este Dogma de la Comunión de los Santos, verán centuplicado su poder sobre las fuerzas del Mal. 
Yo he dotado a mi gran Familia de riqueza y potencia insondable y la robustezco con la fuerza invencible de un Amor infinito y eterno.
 
Recursos inutilizados 

Mis sacerdotes instruyen a los fieles con palabras simples y claras, diciendo que vuestros hermanos que han cumplido ya en la tierra el periplo de su vida temporal, no están divididos de nosotros, no están lejanos de vosotros. 
Decid también que no están inertes y pasivos a vuestro respecto sino que, en un nuevo estado de vida más perfecta que la vuestra, os están cercanos, os aman. 
Ellos toman parte, en medida de la perfección alcanzada, en todas las vicisitudes de Mi Cuerpo Místico. 
Os repito que ellos no pueden descartar vuestra libertad pero, si son solicitados por vuestra fe y por vuestras invocaciones, os están y estarán cada vez más cercanos en la lucha contra el Maligno. 
Os miran, os siguen e intervienen en la medida determinada por vuestra fe y por vuestra libre voluntad. 
Hijo mío, ¡qué inmensos tesoros ha predispuesto mi Padre para vosotros! ¡Cuán inmensos recursos inutilizados! ¡Cuántas posibilidades de bien dejadas caer en el vacío! Se afirma creer, pero no hay más que un mínimo de coherencia con la fe en la que se dice creer. 
Te bendigo. ¡Ámame!  

SOR NATALIA MAGDOLNA-OFRENDA DE AMOR

“No puedo quitar la cruz a las almas escogidas”

Jesús dijo:
–Hijos míos, apóstoles míos: las almas necesitan tanto de los sufrimientos aceptados por ustedes como los enfermos de la medicina. No puedo descargar la cruz de los hombros de ustedes aunque por momentos les parezca que ya van a caer bajo su peso; porque si la quitara, se interrumpiría el proceso de curación de las almas y dejaría perecer a aquellas que todavía pueden ser salvadas. Cuando se cancela la deuda de una o varias almas o termina su tratamiento curativo gracias al sufrimiento ofrecido por ellas, entonces quito la cruz por algún tiempo para que cobre nuevo vigor mi apóstol, destinado a tan sublime vocación.
–Hijos míos, una sola alma que se pone sobre el altar del sacrificio por amor a mí y a sus hermanos, aumenta cien veces la gloria de mi Padre y la alegría de mi querida Madre. ¡Levántense, hijos míos, con un fervor más intenso! Mi Iglesia nunca ha tenido una necesidad tan grande de víctimas generosas como ahora... Hacen falta almas que no estén rumiando sus propios problemas, sino cuya mirada esté puesta en los demás buscando cómo puedan ayudarles en lo corporal y en lo espiritual. Vuelquen sus pensamientos y su amor desinteresado sobre cómo poder salvar a los infieles y a los pecadores, porque saben muy bien que no hay nada tan precioso en el mundo como las almas... ¡Láncense, hijos míos, una y otra vez hacia la sagrada meta de salvar las almas! ¡Háganse santos para que puedan ser verdaderamente mis apóstoles revestidos de Cristo ante la faz de mi Padre!

Mensaje de la Virgen para los que hacen la Ofrenda de Vida

La Santísima Virgen dijo:
–Cuando el Eterno Padre escoge un alma para darle la gracia de ser uno de los elegidos, la destina a que ya en la tierra sea semejante a su Hijo Unigénito. Y, ¿en qué debe ser semejante a Él? En el amor y en la aceptación de los sufrimientos. Si en esto siguen ustedes a su Jesús, el Eterno Padre reconocerá en ustedes a su santo Hijo.
–Las almas a las cuales el Eterno Padre escogió para que hagan el ofrecimiento de vida deben esforzarse por salvar el mayor número de almas para Dios. Lo pueden alcanzar con la oración fervorosa, con la práctica de la caridad activa y servicial, con la mansedumbre, con la humildad, con la mortificación, pero sobre todo con la aceptación paciente de los sufrimientos. Creo que mi Corazón maternal encontrará entre mis hijos, almas que con el ardor de los mártires amen a Dios.
–Aun en tiempo de las más grandes pruebas, mis queridos hijos, deben tomar con confianza ilimitada la mano de su Madre. Juntos vayan ustedes al Corazón Eucarístico de Jesús que es su fortaleza en su peregrinación terrenal. Así, fortalecidos diariamente por Él, continúan ustedes el camino hacia el hogar de la eterna felicidad donde en glorioso éxtasis, se reconocerán entre sí los que hayan hecho de su vida una ofrenda de amor a gloria de Dios y el bien de las almas.
–Entonces, mi santísimo Hijo les va a estrechar a su Corazón inflamado de amor, para sumergirlos en el gozo de la unidad de amor de la Santísima Trinidad, en el estado de la eterna felicidad, para que puedan alegrarse sin fin en compañía de las almas para quienes con su generoso ofrecimiento de vida lograron alcanzar la salvación.
– ¡Amen y tengan confianza, hijos míos, porque Dios está con ustedes! El Señor ama la vida de cada alma que hizo la entrega de sí misma. Precisamente por eso no pongan límite a sus sacrificios. ¡Dar más, amar mejor! Sea ésta la consigna de su vida.

El Amor Misericordioso de Jesús

En cierta ocasión recibí un libro y leí en él que nuestro Jesús se quejaba de que las almas caían al infierno como bajan en invierno los copos de nieve. Al leer esto comencé a ver el mundo que está a mi alrededor y en espíritu lloré a los pies de Jesús. Entonces Jesús me dijo:
–No llores, porque esto viene del maligno espíritu que quiere denigrar el Amor Misericordioso de mi Padre. Entiende, hija mía. Si las almas cayeran al infierno como caen los copos de nieve en invierno, mi Padre jamás hubiera creado al hombre. Pero lo creó porque quiso derramar sobre sus creaturas la felicidad de la Santísima Trinidad.
–Es verdad que el hombre cometió el pecado con su desobediencia, pero mi Padre envió al Hijo, quien con su obediencia lo reparó todo. Sólo caen en las tinieblas exteriores aquellas almas que hasta el último momento de su existencia rechazan a Dios. Pero el alma que antes de abandonar el cuerpo sólo dijera con arrepentimiento: “¡Dios mío, sé misericordioso conmigo!”, ya se ha librado de las tinieblas exteriores.
–Pero mira, hija mía, el Amor Misericordioso de mi Padre alcanza incluso a los pecadores empedernidos. Por eso pido el ofrecimiento de vida que, cual sacrificio unido a mi cruento sacrificio, alcanza que la Justicia Divina sea satisfecha y de esta manera pueda haber misericordia también para los empedernidos, al menos en el último día o último momento de su vida. Por eso convocaré una multitud de almas entregadas para esta pesca apostólica de almas”.

Oración de Ofrecimiento de Vida

Mi amable Jesús, delante de las Personas de la Santísima Trinidad, delante de Nuestra Madre del Cielo y toda la Corte celestial, ofrezco, según las intenciones de tu Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima, toda mi vida, todas mis santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos, uniéndolos a los méritos de tu Santísima Sangre y tu muerte de cruz: para adorar a la Gloriosa Santísima Trinidad, para ofrecerle reparación por nuestras ofensas, por la unión de nuestra santa Madre Iglesia, por nuestros sacerdotes, por las buenas vocaciones sacerdotales y por todas las almas hasta el fin del mundo.
Recibe, Jesús mío, mi ofrecimiento de vida y concédeme gracia para perseverar en él fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

Jaculatorias de arrepentimiento

Jesús mío, ¡Te amo sobre todas las cosas!
Por amor a Ti, me arrepiento de todos mis pecados.
Me duelen también los pecados de todo el mundo.
¡Oh Amor misericordioso!, en unión con nuestra Madre Santísima y con su Corazón Inmaculado, Te suplico a Ti perdón de mis pecados y de todos los pecados de los hombres, mis hermanos, hasta el fin del mundo!
¡Mi amable Jesús!, en unión a los méritos de tus Sagradas Llagas, ofrezco mi vida al Eterno Padre, según las intenciones de la Virgen Santísima Dolorosa.
¡Virgen María, Reina del Universo, Intercesora de la Humanidad y esperanza nuestra, ruega por nosotros!

Cinco promesas de la Santísima Virgen para los que hacen el Ofrecimiento de Vida

1. Sus nombres estarán inscritos en el Corazón de Jesús, ardiente de amor, y en el Corazón Inmaculado de la Virgen María.
2. Por su ofrecimiento de vida, unido a los méritos de Jesús, salvarán a muchas almas de la condenación. El mérito de sus sacrificios beneficiará a las almas hasta el fin del mundo.
3. Nadie de entre los miembros de su familia se condenará, aunque por las apariencias externas así parezca, porque antes de que el alma abandone el cuerpo, recibirá en lo profundo de su alma, la gracia del perfecto arrepentimiento.
4. En el día de su ofrecimiento, los miembros de su familia que estuvieran en el purgatorio, saldrán de ahí.
5. En la hora de su muerte estaré a su lado y llevaré sus almas, sin pasar por el purgatorio, a la presencia de la Gloriosa Santísima Trinidad, donde en la casa hecha por el Señor, se alegrarán eternamente junto Conmigo.

EL EVANGELIO DE LA PAZ DEL PADRE CELESTIAL-A través de vosotros santifico a los hermanos alejados.


 canal: starr  -  7/09/12

Amados hijos, aquí en vuestra presencia y en la de todos estos seres divinos de luz es en este momento cuando mi corazón de Padre rebosa de júbilo al contemplar como las almas de mis hijos, antes lejanos a mí, van adquiriendo poco a poco ese brillo que habían perdido lejos del hogar.
Veo también cuanto os cuesta, que difícil es para vuestra limitada mente y visión humana comprender la grandiosidad de don de vuestro Padre, un don de amor que se abre cada día de vuestras vidas para abrazaros y daros aquello que como padre sé que cada uno de vosotros necesitáis.
No debería costar tanto al hombre saberse perfecto, saberse amado, saberse soberano de este mundo en el cual habéis sido puestos con un solo fin, el de vivir eternamente inmersos en mi amor, para ese fin fuisteis creados y no para ningún otro.
La vida de los hombres va transcurriendo inmersos en el bullicio de tantas voces externas e internas y en medio de ese bullicio mi Voz jamás ha dejado de resonar en todo el universo. Pensáis  muchas veces que vuestro Padre calla, que vuestro Padre se ausenta de vosotros, que vuestro Padre se olvida de que sus hijos luchan contra el mundo, inmersos en el mundo y vuestro Padre sabe y habla y  vuestro Padre os visita y muchas veces he estado junto a vosotros, mientras os entregabais al descanso simplemente para contemplar a esos hijos tan amados por mi.
Dime amado hijo si mi presencia soberana en el mundo es tan cerrada a vuestros ojos, si mi presencia es tan difícil de descubrir en vuestras vidas, el canto de las aves que os arrullan en la mañana es mi Voz, el Sol que se levanta cada mañana es el tibio amor de vuestro Padre que os abraza para enviaros a una nueva jornada, y cada hombre, mujer, anciano, niño, cada uno de ellos es mi presencia viva que camina en medio vuestro ahora y en el tiempo.
El hombre me ha dedicado increíbles moradas, me han construido moradas con oro, mármol y bellas estatuas, me han dado coronas con piedras preciosas, y las he aceptado porque fueron hechas con amor, pero en realidad jamás necesita vuestro Padre de tantas moradas tan bellas, me agrada veros allí, pero en oración, no me agradan las moradas vacías y en este tiempo mi imagen está encendida la luz de mi presencia soberana en el sagrario en la hostia consagrada, pero solo los bancos se ven desnudos y muy pocas veces esos templos se llenan de presencia amorosa de hijos que piden y que agradecen, por eso no me busquéis allí dentro, buscadme dentro vuestro, jamás estoy solo dentro vuestro, estoy con vuestra compañía y con vuestro calor.
Tal vez os preguntareis ¿Calor dices Padre? ¿Acaso tú sientes calor?
Y la respuesta es Si, claro que siento vuestro calor, como también siento muchas veces la frialdad de otros y la frialdad de los templos ausentes de toda presencia humana, poblados de imágenes y riquezas pero en una angustiante soledad, por eso amo a los peregrinos, por eso amo a los que caminan por el mundo sin rumbo fijo pero con una meta clara, la de alabar mi Santo Nombre y la de forjarse comunidad de amor, por eso amo los momentos de oración, los cenáculos donde mi Santo Espíritu se derrama a raudales sobretodos los que allí están, porque ese Santo Espíritu santifica a los presentes y a los ausentes, cada uno de vosotros que os ponéis en oración y en vuestros corazones está presente ese ser amado que necesita de mi misericordia, sabed que también santifico a los que no están, por vuestra virtud de creer y de orar, por eso vuestro mundo vive, pues todos formáis parte de mi creación, sois mi creación y os santifico en mi amor a todos.
Tal vez pensareis no es justo amado Padre pues nosotros creemos en ti, nosotros trabajamos por el nuevo reino pero tu santificas a quienes te injurian, a quienes te escupen el rostro, a quienes asesinan, a quienes han hecho de sus vidas un culto a la oscuridad, y Yo os respondo, Yo Soy el que Soy y Soy el amor. Si vuestro Padre es el amor y os ha creado a todos,
¿Dónde pensáis que puedo dejar a esos hijos? ¿No merecen también ellos el mismo amor de vuestro Padre? ¿Igual misericordia igual don de amor?
Un solo pecado no será perdonado, como ya os he dicho y ese pecado hará que las almas no ingresen a mi morada y es el de renegar contra el Espíritu Santo, pero mientras dentro del corazón de mis hijos esté aunque débil y casi sin vida mi presencia ese hijo regresará a casa santificado por vosotros, si no fuer así, ¿Podría vuestro Padre hablaros de vivir en la paz y de construir la paz? Sino que sería uno más del mundo.
El amor jamás cansa, el amor jamás quita, sino que el amor es puro don en gratuidad sin mérito alguno de vuestra parte, mi amor está presente y os ha dado todo lo que sois y todo lo que tenéis, mi paz es paz verdadera, paz que brota de mis entrañas, paz que es regalo de amor, paz que es pura entrega hacia vosotros mis hijos.
Deseo decirles creed en mi Palabra y si no creéis vosotros al menos no impidáis que otros la escuchen, no eliminéis mis mensajes dejad que vuestros hermanos decidan por ellos mismos si han de creer o no, porque Yo os digo que jamás podréis acallar mi Voz pues no hablo a un solo hombre, cientos de hombres en el mundo están recibiendo la Palabra de vuestro Padre, hablo a todos con la misma Voz que hablo a vosotros, porque vuestro Padre desea una casa poblada de sus hijos, no deseo una morada desnuda y solitaria. Libres os he creado y libres seguiréis por siempre para vivir o para morir, para creer o no creer, solo os pido que seáis justos como vuestro Padre lo es y que deis al cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios.
Cuanto os amo hijos míos, cuanta alegría hay en mi corazón con tan solo una mirada de amor de vuestra parte, pero he de deciros que vuestras miradas de amor son una caricia para vuestro Padre, pero vuestro Padre no precisa de vuestro amor para ser quien es, Yo Soy el Señor de la Vida y de la muerte, mas bien sois vosotros los que precisáis de mi presencia para Ser lo que estáis llamados a ser. Os veo en la tierra mirando el cielo deseando llegar hasta donde Yo estoy, anhelando esa vida de paz y felicidad que os prometí, pero también os veo detenidos sin esforzaros por llegar, esperáis que los ángeles desciendan y os busquen y os lleven de la mano hasta el cielo y eso no es así, merced a vuestro trabajo espiritual es que llegaréis a Mi, merced a vuestra fe, merced a vuestra entrega, merced a vuestra aceptación de la existencia de vuestro Dios, de su amada Esposa vuestra Madre María, de su Hijo unigénito vuestro Maestro y Señor Jesús y de su Santo Espíritu de amor.
Me he revelado a vosotros en todas las épocas de vuestro mundo a lo largo de la historia del hombre, me habéis encontrado acompañándoos en el camino, os he dado claras señales de mi presencia en medio vuestro, dadme vosotros a Mi claras señales de que me reconocéis como vuestro Padre, como vuestro Dios, mostradme vuestro rostro, como Yo os he mostrado mi Rostro por medio de mi hijo, deseo ver vuestro rostro de amor y gozar de vuestra presencia eternamente.
Vuestro Padre ha hablado.
Así sea.