jueves, 30 de octubre de 2014

VIVE CRISTIANAMENTE EN HALLOWEEN Y COMBATE CON ESTAS ARMAS:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (6,10-20):

Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas que Dios os da, para poder resistir a las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, autoridades y poderes que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. Estad firmes, repito: abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar el Evangelio de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios, insistiendo y pidiendo en la oración. Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu. Tened vigilias en que oréis con constancia por todos los santos. Pedid también por mí, para que Dios abra mi boca y me conceda palabras que anuncien sin temor el misterio contenido en el Evangelio, del que soy embajador en cadenas. Pedid que tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios

Halloween: propuestas para vivir cristianamente la Víspera de Todos los Santos

Pastoralmente, ¿qué podemos hacer para celebrar cristianamente la Fiesta de Halloween (31 de octubre), e impulsar más la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) y la conmemoración litúrgica de los Fieles Difuntos (2 de noviembre). He aquí algunas propuestas concretas.

Un triduo muy especial

El Diccionario de la Real Academia Española define triduo como ejercicios devotos que se practican durante tres días. Me parece un término adecuado para describir estos tres días santos, que nos permiten celebrar aspectos importantísimos sobre nuestra fe y reflexionar sobre sus implicaciones.

Para el 31 de octubre proponemos las siguientes acciones:

1. Genuina preocupación por la suerte de todos los hombres

Es oportuno que recuperemos el sentido cristiano de Halloween, entendiéndolo como Víspera de la Solemnidad de Todos Santos,que implica, desde la óptica de los católicos irlandeses que la iniciaron, preocuparse por la suerte de todos los hombres, aún de los impíos, recordando que Dios odia el pecado, pero ama intensamente al pecador.

Los que creemos en Cristo estamos llamados a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, como el Señor nos ha enseñado con sus palabras y su vida. Los cristianos estamos llamados a experimentar la compasión por todos, especialmente por los más necesitados, como lo enseño Jesús en la bellísima parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), puesto que “no son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos” (Mt 9, 12).

Esta preocupación es profundamente bíblica, puesto que “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1Tim 2, 4) y desea que hagamos oración en favor de todos los hombres, como lo expresó muy bien san Pablo:

Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, porque él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. (1Tim 2, 1-4)

Pues bien, esta genuina preocupación debe traducirse en acciones concretas. He aquí algunas sugerencias prácticas, útiles para celebrar cristianamente el 31 de octubre:

Jornada de Oración, Ayuno y Penitencia para pedir por la conversión de los pecadores

Es conveniente que el 31 de octubre, Víspera de Todos Santos, se pueda convocar, a nivel parroquial, decanal, diocesano, nacional o universal, una Jornada de Oración, Ayuno y Penitencia para pedir por la conversión de los pecadores, con características similares a la que el Papa Francisco nos pidió realizar para orar por la paz en Siria.

En esta Jornada pueden hacerse muchas actividades, como Rosarios, Horas santas, Sitios de Jericó, la Coronilla del Señor de la Misericordia, Actos de reparación, etc.

Lo que no puede faltar es un Acto Penitencial en cada parroquia donde todos puedan hacer un buen examen de conciencia y una buena confesión. Si se prefiere, puede tomar la forma de una Jornada Mundial de la Confesión, con los elementos adecuados para vivir intensamente un encuentro personal con Dios uno y trino en el admirable sacramento de la Penitencia. Que todos tengan la oportunidad de acercarse a este Sacramento admirable.

Se puede proporcionar algún tríptico o folleto que les permita hacer un buen examen de conciencia. A propósito de la Confesión dice lo siguiente el Catecismo de la Iglesia Católica:

«Conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios. Para esto, los textos más aptos a este respecto se encuentran en el Decálogo y en la catequesis moral de los evangelios y de las Cartas de los Apóstoles: Sermón de la montaña y enseñanzas apostólicas (Rm 12-15; 1 Co 12-13; Ga 5; Ef 4-6) (Catecismo de la Iglesia Católica, 1454).

Ramilletes espirituales

Otra forma muy especial de orar por la conversión de los pecadores es ofreciendo un ramillete espiritual.

¿En qué consisten?

Un ramillete espiritual es un ramillete de oraciones y acciones que se ofrecen por una intención determinada, en favor de una persona o alguna iniciativa. En este caso se ofrece por la conversión de los pecadores.

¿Qué puede ofrecerse?

La Santa Misa. Asiste a la Santa Misa y, antes de iniciar, ofrécela por la conversión de los pecadores en general, o de alguien en particular. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales». (Catecismo de la Iglesia Católica, 1414).

Comunión sacramental. Consiste en ofrecer nuestra comunión cada vez que participamos en Misa y comulgamos. Su eficacia puede deducirse de estas palabras del Catecismo de la Iglesia Católica: «En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero” (Concilio de Trento: DS 1651)» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1374).

La Comunión Espiritual. Es el deseo de recibir a Jesús en la comunión espiritualmente, ante la imposibilidad de hacerlo sacramentalmente o además de haberlo hecho, nos sirve para disponernos a recibirlo o agradecerle por haberle recibido. Puede hacerse en la Santa Misa o fuera de ella, en un momento que se considere conveniente. Puede hacerse numerosas veces al día.
La Comunión Espiritual puede hacerse con las propias palabras. Quienes lo deseen, pueden hacerlo con esta bella oración: “Creo Jesús mío que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar, te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mí, más no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno todo a ti. No permitas Señor que vuelva a separarme de ti”. Se puede hacer, aunque se haya comulgado.

Visitas al Santísimo. Es pasar a la capilla o templo y hacer un momento de oración frente a Jesús Sacramentado presente en el Sagrario o expuesto sobre el Altar en la Custodia. Su importancia puede deducirse de estas palabras del Catecismo de la Iglesia Católica: «Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es preciso honrarlo con culto de adoración. “La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor” (MF). (Catecismo de la Iglesia Católica, 1418)

Hora Santa. La hora Santa consiste en la exposicion y adoracion del Santísimo Sacramento del Altar, de La Eucaristía. La Sagrada Forma, es decir, Jesús mismo presente en la Hostia consagrada, es colocado en la Custodia u Ostensorio, para que lo adoremos. Por lo general, se realiza cada jueves, pero puede hacerse en todo tiempo.

Rosarios. Ofrezcamos nuestro Rosario con devoción. Si rezamos en familia serán tantos rosarios como personas lo ofrezcan. El Rosario consta de 20 misterios de los cuales se pueden rezar 5 misterios cada día, el ofrecimiento cuenta por día.
v Sacrificios. Es aquello que te cuesta trabajo, da lo que te es difícil de hacer o de aceptar, ofrezcámoslo con amor, sea algo voluntario o involuntario.

Ayuno. Consiste en hacer una sola comida al día o no comer lo suficiente, dejar de fumar y dejar de tomar alcohol o algo que en especial te agrade o te cueste trabajo.

Jaculatorias. Son pequeños momentos de unión con Dios para adorarlo, alabarlo, comunicarte y darle gracias. Por ejemplo: “Espíritu Santo fuente de luz, ilumínanos”, “Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”, “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”.

Horas o minutos de lectura bíblica. Se trata de hacer una lectura atenta, en perspectiva orante de la Biblia, durante el tiempo que se tenga disponible.

- Horas de Trabajo. Ofrécelas claramente, ser específicos, por ejemplo: “Señor, te ofrezco mi trabajo de este día por la conversión de los pecadores”, “Señor, te ofrezco mi trabajo de este día por la conversión de ______”.

Jornada de Evangelización

El 31 de octubre puede convertirse en una jornada de evangelización en cada comunidad parroquial. Los agentes de pastoral, los catequistas y los niños de catequesis, los monaguillos y los integrantes de los grupos juveniles y movimientos apostólicos pueden salir a evangelizar a las calles, plazas, mercados y semáforos, y a las casas y negocios, vestidos como ángeles o como sus santos favoritos ofreciendo dulces y trípticos y folletos evangelizadores.

Oportunamente pueden preparar bolsitas para obsequiar dulces y añadiéndoles tarjetas, separadores y pequeños pósters elaborados por los evangelizadores o impresos por la parroquia donde se presenten citas bíblicas que invitan a la conversión y al arrepentimiento, que nos motiven a comprender la terrible realidad del pecado y que nos ayuden a comprender que determinadas acciones, que se consideran normales, son pecaminosos.

He aquí algunas sugerencias al respecto:

- Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Es el texto por excelencia, que nos revela el amor misericordioso de Dios.

- ¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad. El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. (Miq 7, 18-19)

- Reconozcan el momento en que viven, que ya es hora de despertar del sueño: ahora la salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día se acerca: abandonemos las acciones tenebrosas y vistámonos con la armadura de la luz. Actuemos con decencia, como de día: basta de banquetes y borracheras, basta de lujuria y libertinaje, no más envidias y peleas. Revístanse del Señor Jesucristo y no se dejen conducir por los deseos del instinto. (Rom 13, 11-14). Este texto influyó de manera determinante en la conversión de San Agustín de Hipona, tal como lo cuenta él mismo en sus Confesiones.

- Las acciones que proceden de los bajos instintos son manifiestas: fornicación, indecencia, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, envidia, cólera, ambición, discordia, sectarismos, celos, borracheras, comilonas y cosas semejantes. Les prevengo, como ya los previne, que quienes hacen esas cosas no heredarán el reino de Dios. (Gal 5, 19-21)

- ¡Lávense, purifíquense! no me hagan el testigo de sus malas acciones, dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano y defiendan a la viuda.» Ahora Yavé les dice: «Vengan, para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean colorados, quedarán blancos como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, se volverán como lana blanca. (Is 1, 16-18).

- Si el malvado se aparta de todos los pecados cometidos, se dedica a observar todos mis mandamientos y se comporta de acuerdo al derecho y a la justicia, vivirá y no morirá; se echarán al olvido todos los crímenes que cometió y, debido a la justicia que haya practicado, vivirá. ¿Creen ustedes que me gusta la muerte del malvado? dice Yavé. Lo que me agrada es que renuncie a su mal comportamiento y así viva. (Ez 18, 21-23).

La Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica son una mina inagotable de textos que pueden ayudarnos en esta tarea evangelizadora.

Diálogo personal

No puede faltar el diálogo personal para invitar a la conversión a familiares, amigos y compañeros de la escuela o el trabajo. En efecto, Dios nos ha puesto como centinelas para estar al pendiente de que nuestros seres queridos se salven:

Al cabo de esos siete días se me dirigió la palabra de Yavé: «Hijo de hombre, te he puesto como un vigía para la casa de Israel: si oyes una palabra que salga de mi boca, inmediatamente se lo advertirás de mi parte. Si le digo al malvado: ¡Vas a morir! y si tú no se lo adviertes, si no hablas de tal manera que ese malvado deje su mala conducta y así salve su vida, ese malvado morirá debido a su falta, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. En cambio, si se lo adviertes al malvado y él no quiera renunciar a su maldad y a su mala conducta, morirá debido a su falta, pero tú habrás salvado tu vida. (Ez 3, 16-19)

Esta preocupación genuina es agradable a Dios, que “no quiere que se pierda nadie, sino que todos lleguen a la conversión” (2Pe 3, 9b). De ahí la importancia de hablar oportunamente con nuestros seres queridos que andan en malos pasos.

Hermanos, si alguno de ustedes se extravía lejos de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que aparta a un pecador de su mal camino salva un alma de la muerte y hace olvidar muchos pecados. (St 5, 19-20)

Pide al Señor la valentía para hablar con quien necesite que le hables sobre sus situaciones de pecado y la gracia de la salvación, dándole a conocer que Dios perdona a quien se arrepiente, invitándolo a acercarse al Sacramento de la Penitencia.
                                  
Cineforum o velada parroquial o familiar

Siete películas para la noche de Halloween (o Todos Santos):

Juanjo Romero, en su blog en Info-Católica, nos ofrece esta lista, que podemos transformar en un cineforum parroquial o en una bonita velada familiar. Un maratón para acercarnos a los santos

Un hombre para la eternidad (1988)
Rabiosa actualidad. Un político que antepone su fe a su cargo. ¡Total?, por defender un matrimonio que ni siquiera era el suyo…¡que le corten la cabeza!. Santo Tomás Moro. Un remake moderno tendría que titularse «El político invisible»

Becket (1964)
Basada en la obra de teatro de Jean Anouilh: Tomás Becket o el Honor de Dios. Repartazo. Después de verla cogeréis devoción a Santo Tomás Becket. Yo le encomiendo todos los nombramientos episcopales, todos. El final es digno de «Juego de Tronos», digno en sentido literal, claro.

Molokai: La historia del Padre Damián (1999)
¿Te gusta The Walking Dead? Este personaje es más impresionante que «Rick» y «Daryl» juntos, ¡qué pasada! En lugar de clavar palos en el cerebro de los más miserables, de los más parias de los parias, los abraza, los besa, los cura, … los quiere. Fuerte, ¿no?. San Damián, el apóstol de los leprosos.

Diálogos de Carmelitas (1960)
Ambientada en la Revolución Francesa, las dieciséis monjas carmelitas del convento de Compiègne en 1794. Si no lloras o te emocionas con el final de la película preséntate a un casting de «La invasión de los ultracuerpos», tienes la misma sensibilidad que ellos.

María Goretti (2003)
Lo sé. Esta no está recomendada para niños y adolescentes. Creo que se dicen palabrotas muy fuertes. Que en una misma frase aparezcan las palabras «pureza» y «amor» reconozco que pueden herir sensibilidades modernas. Lo mismo hay quien piensa que eso no es posible y en cambio tiene más credibilidad un romance entre una vampiro y un hombre lobo.

De dioses y hombres (2010)
Un monasterio del Císter en un pueblo argelino de las montañas del Atlas. Los religiosos franceses llevan casi 60 años allí. En 1996, terroristas del GIA secuestran a los monjes. A pesar del creciente peligro que los rodea y de las amenazas de los terroristas, los monjes deciden quedarse y resistir. Tachán, tachán…, a que engancha.

Pedro y Pablo (1981)
Anthony Hopkins y Robert Foxworth como San Pablo y San Pedro, respectivamente.

Oración personal por la conversión de los Pecadores

He aquí una bella oración que nos ayuda a orar por la conversión de todos

Señor, tú eres bondadoso y misericordioso, y todo lo hiciste muy bien, creando de la nada cuanto existe. Señor, tú eres clemente y comprensivo, y no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Señor tú eres paciente y fiel, y esperas al hijo pródigo e invitas al justo a alegrarse a su regreso.

Señor, tú tanto amaste al mundo, que enviaste a tu Hijo único, no para juzgarnos, sino para salvarnos. Señor, tú quieres que todos los hombres se salven, lleguen al conocimiento de la verdad y sean uno como tú eres uno.

Te pido la conversión de los que, como yo, son pecadores, quiero unirme, junto al Padre Pío, a tu deseo de salvación universal, solidarizándome con mis hermanos y emprendiendo con ellos un camino de sincera conversión. Dame la gracia de cumplir tus mandamientos alimentando al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo, alojando al forastero, visitando al enfermo y al encarcelado, descubriéndote y respetándote en la obra de tus manos.

Cambia mi forma de pensar y de sentir, porque muchas veces no parezco hijo tuyo. Permíteme disfrutar al final de los tiempos del banquete que tienes preparado no sólo para los que te conocen y sirven, sino también para aquellos que no han tenido esa gracia y que, a pesar de no saberlo, también son hijos tuyos. Amén.

2. Tener presente la posibilidad de condenarse

A nivel personal, es importante reflexionar sobre la posibilidad real de condenarse. He aquí lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica al respecto:

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno” (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira (Catecismo de la Iglesia Católica, 1035).

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran” (Mt 7, 13-14). (Catecismo de la Iglesia Católica, 1036).

Un buen examen de conciencia para una buena confesión

Para animarnos a confesarnos frecuentemente, es útil y provechoso conocer los efectos espirituales del sacramento de la Penitencia, que son los siguientes:

— la reconciliación con Dios por la que el penitente recupera la gracia;
— la reconciliación con la Iglesia;
— la remisión de la pena eterna contraída por los pecados mortales;
— la remisión, al menos en parte, de las penas temporales, consecuencia del pecado;
— la paz y la serenidad de la conciencia, y el consuelo espiritual;
— el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate cristiano.

Oración para pedir por la propia conversión

Señor Jesús, yo me coloco en Tu presencia en oración, y confiado en Tu Palabra abro totalmente mi corazón a Ti.
Reconozco mis pecados y Te pido perdón por cada uno. Yo Te presento toda mi vida, desde el momento en que fui concebido hasta ahora. En ella están todos mis errores, fracasos, angustias, sufrimientos y toda mi ignorancia de Tu Palabra.
¡Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, ten compasión de mí que soy pecador(a)!
¡Sálvame, Jesús! Perdona mis pecados, conocidos y desconocidos.
Libérame, Señor, de todo yugo de Satanás en mi vida.
Libérame, Jesús, de todo vicio y de todo dominio del mal en mi mente.
Yo Te pido, Señor, que esa vieja naturaleza mía, vendida al pecado, sea crucificada en Tu cruz. ¡Lávame con Tu Sangre, purifícame, libérame, Señor!
En Tu presencia, quiero perdonar a todas las personas que me ofendieron, que me amargaron, que intentaron el mal contra mí, que me maldijeron y hablaron mal de mí. Y así como estoy pidiendo Tu perdón para mis pecados, contando con Tu gracia, yo las perdono y las entrego a Ti, clamando sobre mí y sobre ellas Tu infinita misericordia.
Y ahora, Jesús, te pido que vengas a mí; yo Te recibo como mi dueño y Señor. Ven a vivir en mí, dame la gracia de vivir intensamente Tu Palabra en todas las circunstancias de mí día a día. Inúndame con Tu Espíritu. Ven a vivir en mí, Jesús, y no permitas que yo me aleje de Ti.
Con todo mi corazón profeso la fe de mi bautismo, confiando en que la Gracia que el Padre nos concede en Ti por el poder del Santo Espíritu me sanará, sostendrá y guiará en esta nueva etapa que hoy comienzo a Tu lado. Amén.
Fuente “Oraciones Carismáticas” de Maisa Castro, editorial Raboní (Adaptación)

Oración de los padres por los hijos

Señor, Padre todopoderoso,
te damos gracias por habernos dado estos hijos.

Es una alegría para nosotros,
y las preocupaciones,
temores y fatigas
que nos cuestan,
las aceptamos con serenidad.

Ayúdanos a amarlos sinceramente.
A través nuestro has hecho surgir vida;
desde toda la eternidad
tú los conocías y amabas.
Danos sabiduría para guiarlos
paciencia para instruirlos
vigilancia para
acostumbrarlos al bien
mediante nuestro ejemplo.

Fortaleces nuestro amor
para corregirlos
y hacerlos más buenos.

Es tan difícil a veces comprenderlos
ser como ellos nos desean, ayudarlos a hacer su camino.
Enséñanos tú Padre
bueno por los méritos de Jesús
tu Hijo y Señor nuestro. Amén

ORACIONES QUE SALVAN MUCHAS ALMAS DE ESTE MUNDO Y DEL PURGATORIO. OREMOS TODOS LOS DÍAS.


1.-PRIMERA ORACIÓN


Oración que salva miles de almas

En el nombre del Padre...,Señor mío Jesucristo...

¡Oh Jesús! yo os pido humildemente me concedáis
la gracia de salvar un alma por cada latido
de mi corazón, unido a los latidos del vuestro
y a los del Corazón Inmaculado de vuestra
Santísima Madre. Os lo suplico por vuestra
Preciosa Sangre y vuestra Divina Misericordia,
salva las almas, sálvalas Señor.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Extraordinaria promesa de Cristo 

“Si me piden salvar un alma por cada latido de su corazón, se lo concederé a quien
me lo pida” (Mensaje del Señor a los Siervos del Divino Amor, año 1976).

Nota explicativa: Esta Oración es válida sólo durante 24 horas ( por esto hay que rezarla todos los días), y se refiere a la salvación de almas que aún viven. No es aplicable, por tanto a las almas del Purgatorio. (Con licencia eclesiástica)
2.-SEGUNDA ORACION 
MENSAJE DE AMOR QUE LE COMUNICO EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Mensaje de amor que el Sagrado Corazón de Jesús lanza al mundo para salvarlo.

Mientras el mundo se atomiza y desintegra por el odio de los hombres y de los pueblos, Jesucristo quiere renovarlo y salvarlo por el amor.
Quiere que se eleven hacia el cielo llamas de amor que neutralicen las llamas del odio y del egoísmo.
A tal efecto, enseñó a Sor M. Consolata Bertrone un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.


La fórmula de este Acto es:
"Jesús, María, Os Amo, Salvad las Almas"


Allí están los tres amores: Jesús, María, las almas que tanto ama Nuestro Señor y no quiere que se pierdan, habiendo por ellas derramado Su Sangre.
Le decía Jesús: "Piensa en Mí y en las almas. En Mí, para amarme; en las almas para salvarlas (22 de agosto de 1934). Añadía: la renovación de este Acto debe ser frecuente, incesante: Día por día, hora por hora, minuto por minuto"(21 de mayo de 1936).
"Consolata, di a las almas que prefiero un Acto de amor a cualquier otro don que pueda ofrecerme"... " Tengo sed de amor"... (16 de diciembre de 1935).


Este Acto señala el camino del cielo. Con él cumplimos con el mandamiento principal de la Ley: Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente"... y a tu prójimo como a ti mismo.

Con este continuo Acto de Amor damos a Dios lo más excelente: que es amor a las almas. Con esta Jaculatoria nos podemos comunicar constantemente con Dios. Cada hora, cada minuto, es decir, siempre que lo queremos. Y lo podemos hacer sin esfuerzo, con facilidad. Es una oración perfecta; muy fácil para un sabio como para un ignorante. Tan fácil para un niño como para un anciano; cualquiera que sea puede elevarse a Dios mediante esta forma. Hasta un moribundo puede pronunciarla más con el corazón que con los labios.
Esta oración comprende todo:
Las almas del Purgatorio, las de la Iglesia militante, las almas inocentes, los pecadores, los moribundos, los paganos, todas las almas. Con ella podemos pedir la conversión de los pecadores, la unión de las Iglesias, por la santificación de los sacerdotes, por las vocaciones del estado sacerdotal y religioso. En un acto subido de amor a Dios y a la Santísima Virgen María y puede decidir la salvación de un moribundo, reparar por mil blasfemias, como ha dicho Jesús a Sor Consolata, etc., etc.

"¿Quieres hacer penitencia? ¡Ámame!", dijo Nuestro Señor a Sor Consolata. A propósito, recordemos las palabras de Jesucristo al Fariseo Simón sobre Magdalena penitente: "Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho".
Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas" pronunciado al levantarse, nos hará sonreír durante el día; nos ayudará a cumplir mejor nuestros deberes, en la oficina, en el campo, en la calle, etc. Se pronuncia con facilidad, sin distraerse y con agrado.

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas", santifica los sudores, suaviza las penas. Convierte la tristeza en alegría. Sostiene y consuela luchas de la vida. Ayuda en las tentaciones. Hace agradable el trabajo. Convierte en alegría el llanto. Fortalece y consuela en las enfermedades. Y trae las bendiciones sobre los trabajos y sobre las familias.

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas". Ayudará a calmar tu indignación, a convertir tu ira en mansedumbre. Sabrás mostrarte benévolo al que te ofende. Volver el bien por el mal. Conduce a efectos nobles; palabras verdaderas, obras grandes y sacrificios heroicos, iluminará tu entendimiento con luces sobrenaturales; estimulará el bien, retraerá el mal. Obtendrá el arrepentimiento al pecador; en el justo avivará la fe y le hará suspirar por la felicidad eterna.
Dios merece ser amado por ser nuestro Sumo Bien. Esta Jaculatoria es un dulce cántico para Jesús y María.

¡Cuán dulce es repetirlo frecuentemente! ¡Cuán agradable es avivar el fuego de amor a Dios!
Y habiéndolo pronunciado millares de veces durante tu vida, ¡cuán alegre será tu hora de la muerte, y qué gozosa volará tu alma al abrazo de Jesús y María en el cielo!
Dijo Jesús a Sor Consolata:

"Recuerda que un Acto de amor decide la salvación eterna de un alma y, vale como reparación de mil blasfemias. Sólo en el cielo conocerás su valor y fecundidad para salvar almas".

"No pierdas tiempo, todo Acto de amor es un alma". Cuando tengas tiempo libre y no tengas otra cosa que hacer, toma tu corona del Rosario en tus manos y a cada cuenta repite: "Jesús, María, os amo, salvad las almas"... En cuatro o cinco minutos habrás hecho pasar por tus dedos todas las cuentas y habrás salvado 55 almas de pecadores, habrás reparado por 55.000 blasfemias.
Y si esto lo repites varias veces o muchas veces al día podrás salvar centenares y miles y hasta millones de almas... Y esto sin ser misionero entre los paganos, ni predicador...

¡Cuánto consuelo en la hora de la muerte y cuánta gloria tendrás en el cielo!
Dice San Agustín: "Quién salva un alma, asegura su propia salvación", y quién salva centenares y millares y hasta millones de almas, con un medio tan fácil y tan sencillo, sin salir de su casa, ¿que premio no tendrá en el cielo?

Nuestro Señor le pedía a Sor Consolata que repitiera frecuentemente ese acto de amor hasta ser incesante, es decir, continuamente, porque continuamente van muchas almas al infierno porque no hay quién las salve... Repitamos todo lo que podamos esta Acto de amor: "JESUS, MARIA, OS AMO SALVAD LAS ALMAS", para que sean muchas las almas que arranquemos al infierno para hacerlas felices eternamente en el cielo. Las almas que salvamos con este Acto de Amor, será un día nuestra corona de gloria en el cielo.

Cuando uno está ocupado con trabajos manuales, se puede repetir este Acto de Amor con la mente y tiene su mismo valor como lo dijo un día Nuestro Señor Jesucristo a Sor Consolata.
Ha habido almas que han salvado varios millones de almas, con este medio tan sencillo...
Y nosotros por qué no podríamos hacer lo mismo en lugar de perder un tiempo tan precioso en charlas inútiles; repitamos frecuentemente este Acto de Amor, y así acumularemos tesoros preciosísimos para el Cielo.
"JESUS, MARIA, OS AMO, SALVAD LAS ALMAS":


-por la Iglesia y por el Papa
-por la santificación de los sacerdotes
-por las almas del Purgatorio
-por los agonizantes
-por los que se confiesan sacrílegamente
-por los que no asisten a misa los domingos
-por los misioneros
-por los enfermos
-por la conversión de los pecadores
-por la mayor santificación de los justos
En las dudas, en las tentaciones.
En las dificultades de la vida, Por algún intención en particular.

Podemos enseñarlo también a nuestros amigos y parientes que lo recen, que lo propaguen. Gran alivio sentirá el moribundo si se le sugiere al morir.

Al levantarnos sea nuestro pensamiento. Al acostarnos nuestra última oración.

Los que se salvaron están en el cielo por haber amado a Dios. Los grados de gloria en el cielo se miden por la intensidad del amor que las almas practicaron en la vida.
Sólo entonces nos daremos cuenta de lo que vale un Acto de Amor y de su fecundidad en salvar almas.
Sor Consolata le pidió un día a Jesús: "Jesús enséñame a orar". Y he aquí la Divina respuesta: " ¿No sabes orar?" ¿Hay acaso oración más hermosa y que sea más grata que el Acto de Amor?3.- TERCERA ORACIÓN

Oremos por las Almas del purgatorio. Es una obra de Caridad y Misericordia.

PRESIGNARSE: "En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén".SEÑOR MÍO JESUCRISTO: "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y
porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos
ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del
infierno. Ayudado de Vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más
pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén".
ORACIÓN QUE LIBERARÁ 1000 ALMAS DEL PURGATORIO CADA VEZ QUE SEA OFRECIDA A DIOS:

"Padre Eterno, os ofrezco la Preciosísima Sangre de Vuestro Divino Hijo Jesús, junto con las Misas que se digan en todo el mundo hoy: * Por todas las benditas almas del Purgatorio. * Por los pecadores en todas partes. * Por los pecadores en la Iglesia Universal. * Por los de mi propio hogar, y dentro de mi familia. Amén".

4.* CUARTA ORACIÓN

Rezo del Santo Rosario
V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.R. Amén.V. Dios mío, ven en mi auxilio.R. Señor, date prisa en socorrerme.V. Gloria al Padre...R. Como era en el principio...
Los misterios que hemos de contemplar son
Lunes y Sábados:
LOS MISTERIOS GOZOSOS
[Al final de cada misterio suele decirse:]
Dios te salve, María, Hija de Dios Padre; Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo; Dios te salve María, Esposa del Espíritu Santo. Templo y sagrario de la santísima Trinidad, no permitáis, Señora, que ningún cristiano viva ni muera en pecado mortal ni venial. Amén.
Segundo misterio: La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Tercer misterio: El nacimiento del Niño Jesús en el pobre y humilde portal de Belén.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Cuarto misterio: La Purificación de la Virgen María y Presentación del Niño Jesús en el Templo.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Quinto misterio: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Jueves:
LOS MISTERIOS LUMINOSOS
Primer misterio: El bautismo de Jesús en el río Jordán.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Segundo misterio: Jesús y María en las bodas de Caná.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Tercer misterio: Jesús anuncia el Reino de Dios e invita a la conversión.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Cuarto misterio: La transfiguración de Jesús en el monte Tabor.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Quinto misterio: La institución de la Eucaristía.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Martes y Viernes:
LOS MISTERIOS DOLOROSOS
Primer misterio: La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Segundo misterio: La flagelación de Jesús, atado a la columna.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Tercer misterio: Jesús es coronado de espinas.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Cuarto misterio: Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Quinto misterio: La crucifixión y muerte de Jesús.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Miércoles y Domingos:
LOS MISTERIOS GLORIOSOS
Primer misterio: La Resurrección del Señor.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Segundo misterio: La Ascensión del Señor al cielo.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Cuarto misterio: La Asunción de Nuestra Señora al cielo.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
Quinto misterio: La coronación de la Virgen María como Reina del universo.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
[Terminado el rezo de los misterios correspondientes, suele saludarse a la Virgen en sus "tres purezas" y recitarle la Salve:]
V. Virgen purísima antes del parto.R. Purifica nuestros pensamientos.
Avemaría
V. Virgen purísima en el parto.R. Purifica nuestras palabras.
Avemaría
V. Virgen purísima después del parto.R. Purifica nuestras obras y deseos.
Avemaría
Para más obligar a la Virgen santísima, saludémosla con una "Salve": Dios te salve...

LAS QUINCE PROMESAS
DE LA VIRGEN MARÍA
A QUIENES RECEN EL ROSARIO 


1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.
5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.
6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.
7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.
8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.
9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.
11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.
14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

TIBIEZA

Art. de opinión del padre Javier Muñoz-Pellín

 "Conozco tus obras y que no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente; más porque eres tibio y no eres ni caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca" (Apocalipsis 3, 15). Es un peligro más solapado que el pecado. Santo Tomás habla de "cierta tristeza por la que el hombre se vuelve tardo, perezoso o indolente, para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan". La tibieza se opone a la Cruz de Cristo pues en el entorno de la Pasión y muerte de Nuestro Señor, todo es gracia, amor, magnanimidad y grandeza; la tibieza lleva a no percibir la grandeza -del Crucificado, del Resucitado- cuando ésta está presente. Un día acudí a contemplar el Cristo yacente de El Pardo; subía al catafalco un matrimonio; el marido le dijo a su mujer: no subas, sólo es un muerto. Eso es la tibieza , no apreciar la grandeza cuando está ante nosotros. Por eso, el catolicismo no es cuestión de persuasión, sino de grandeza.
El alma "quiere" acercarse a Dios pero con poco esfuerzo: "Cómo vas a salir de ese estado de tibieza, de lamentable languidez, si no pones los medios! Luchas muy poco y, cuando te esfuerzas, lo haces como por rabieta y con desazón, casi con deseo de que tus débiles esfuerzos no produzcan efecto, para así autojustificarte: para no exigirte y para que no te exijan más. Estás cumpliendo tu voluntad; no la de Dios. Mientras no cambies, en serio, ni serás feliz, ni conseguirás la paz que ahora te falta. Humíllate delante de Dios, y procura querer de veras" (Surco, 146).
 El alma tibia intenta hacer compatible el amor a Dios con el egoísmo, las transigencias, los abandonos: una vela encendida a San Miguel, y otra al diablo, por si acaso: "Chapoteas en las tentaciones, te pones en peligro, juegas con la vista y con la imaginación, charlas de... estupideces. Y luego te asustas de que te asalten dudas, escrúpulos, confusiones, tristeza y desaliento. Has de concederme que eres poco consecuente" (Surco, 132).
Si el pecado mortal mata la vida de la gracia en el alma, la tibieza es una grave enfermedad: "No quieres ni lo uno -el mal- ni lo otro -el bien-... Y así, cojeando con entrambos pies, además de equivocar el camino, tu vida queda llena de vacío" (Camino, 540).
 Una persona tibia es la que "está de vuelta", un alma cansada de luchar, que ha perdido a Cristo en el horizonte de su vida. Supone, sobre todo una crisis de esperanza que son las peores pues "tanto alcanzas cuanto esperas" (Santa Teresa). "La tibieza, hijos míos, supone una grave enfermedad de la voluntad. Con una mirada apagada para el bien y otra más penetrante hacia lo que alaga el propio yo, la voluntad tibia acumula en el alma posos y podredumbre de egoísmo y de soberbia que, al sedimentar, producen un progresivo sabor carnal en todo el comportamiento. Si no se ataja ese mal, toman fuerza, cada vez con más cuerpo, los anhelos más desgraciados, teñidos por esos posos de tibieza: y surge el afán de compensaciones; la irritabilidad ante la más pequeña exigencia o sacrificio; las quejas por motivos banales; la conversación insustancial o centrada en uno mismo, ya que un síntoma peculiar de la tibieza se define en aquel non cogitare nisi de se que se exterioriza en non loqui nisi de se. Aparecen las faltas de mortificación y de sobriedad; se despiertan los sentidos con asaltos violentos, se resfría la caridad, y se pierde la vibración apostólica para hablar de Dios con garra" (Beato Álvaro, Carta, 9.1.1980, n. 31).
 Cristo, para un alma tibia es sólo una figura desdibujada, in.concreta, de rasgos indefinidos y un poco indiferente: "Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... — Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!" (Camino, 212).
 Queda en el alma un vacío interior que el tibio intenta llenar con otras cosas, con sustitutivos de Dios. A veces con el propio estudio o trabajo y, algo que es santificable y santificador, se convierte en campo para afirmaciones personales. Otras, con pasarlo bien, moverse de un lado para otro de, tal manera que no pueda quedarme a solas con mi conciencia: lo paso bien pero sé que no estoy bien. El tibio suele llenarse de ideologías, teorías, o de "cultura" que justifiquen su actuación; o con la impureza, con la búsqueda del placer que deja todavía más vacío.
 La fe está como adormecida. A una situación así no se llega de pronto, de la noche a la mañana, sino que viene precedida de un conjunto de pequeñas infidelidades, abandonos y dejaciones. Descuido habitual de las cosas pequeñas; pereza para levantarse por la mañana y vivir el hodie, nunc. El tibio nunca acaba nada, todo lo deja inacabado, incompleto: método de inglés, terminar de leer un libro, guitarra, bicicleta, flamenco, jardinería, bricolage, atletismo, nadar, correr, pasear, ir al monte. Tiene falta de contrición y de dolor ante los errores y pecados personales. Hay una ausencia de metas concretas, de ideales, de ilusiones para mejorar en el trato con Dios o en el trato con los demás.
 La respuesta del tibio a la pregunta ¿cómo estás? es siempre "pues ya lo ves, aquí, tirando"; se ha dejado de luchar, o esa lucha es ficticia o ineficaz. El lema del tibio es "no hay que excederse", pues se instala en el conformismo y la mediocridad: el tibio es siempre mediocre. Además justifica su poca lucha y su falta de exigencia personal con diversas razones: de naturalidad, todo el mundo hace lo mismo, no se puede ir por la vida dando bofetadas morales; de eficacia, yo pasando inadvertido puedo ayudar más a los otros pues si te significas, te encasillan, te etiquetan y ya pierde eficacia tu apostolado porque te consideran un beato (el apóstol tibio: ése es el gran enemigo de las almas); de salud, ya me gustaría a mí, pero es que tengo la tensión baja. Estas razones hacen que el tibio sea comprensivo e indulgente con sus propios defectos, apegos y comodidades y, al mismo tiempo y en las mismas cosas en las que él falla, absolutamente intransigente con los demás
.¿Quieres saber si eres tibio? Apunta: si aciertas todas, bingo y si no, al menos, línea: "1º Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; 2º si buscas con cálculo o "cuquería" el modo de disminuir tus deberes; 3º si no piensas más que en ti y en tu comodidad; 4º si tus conversaciones son ociosas y vanas; 5º si no aborreces el pecado venial; 6º si obras por motivos humanos.
 La vida del tibio es la de un hombre dividido, sin unidad, tal como se refleja en este punto de Surco, 166 "En tu vida hay dos piezas que no encajan: la cabeza y el sentimiento. La inteligencia iluminada por la fe te muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos. El sentimiento, en cambio, se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual... Y, a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.
Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que Él te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, ¡pse Christus! el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de que, si quieres, puedes.
Contra la tibieza, espíritu de examen, valentía y reaccionar acudiendo a la Virgen pues, a veces "Te falta la madurez y el recogimiento propios de quien camina por la vida con la certeza de un ideal, de una meta. Reza a la Virgen Santa, para que aprendas a ensalzar a Dios con toda tu alma, sin dispersiones de ningún género" (Surco, 553). "El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza" (Camino, 492).