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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 2 de abril de 2017

Papa Francisco pide abandonar los sepulcros de la tristeza y el rencor y confiar en Dios

Por Álvaro de Juana


El Papa durante la Misa. Foto: Marco Mancini / ACI Stampa

VATICANO, 02 Abr. 17 / 04:23 am (ACI).- El Papa Francisco comenzó su visita a la ciudad italiana de Carpi con una Misa en la Piazza Martiri, en la que invitó a salir de los sepulcros de la tristeza y la desesperanza para tomar el camino del Señor, que es la resurrección y la vida”.

“Las lecturas de hoy no hablan del Dios de la vida, que vence a la muerte”, comenzó explicando en esta visita a Carpi, golpeada por un fuerte terremoto en 2012.

Francisco comentó el Evangelio del día de la resurrección de su amigo Lázaro. “En medio de la desolación general por la muerte de Lázaro, Jesús no se deja transportar por el desconsuelo”. “Sufriendo Él mismo, pide que se crea firmemente, no se encierra en el llanto, sino que, conmovido, se pone en camino hacia el sepulcro”.

En este sentido, Francisco afirmó que en la vida existen dos vías: “quedarse mirando melancólicamente los sepulcros de ayer y de hoy, o hacer que se acerque Jesús a nuestros sepulcros”.

“Cada uno de nosotros tiene ya un pequeño sepulcro, alguna zona muerta dentro del corazón: una herida, un mal recibido o hecho, un rencor que no da tregua, un remordimiento que regresa, un pecado que no se consigue superar”.

“Es extraño, pero a menudo preferimos estar solos en las grutas oscuras que tenemos dentro antes de invitar en ellas a Jesús. Somos tentados a buscarnos siempre a nosotros mismos, profundizando en la angustia, lamiéndonos las llagas antes que ir a Él”.

El Santo Padre pidió entonces que “no nos dejemos aprisionar por las tentaciones de permanecer solos y desconfiados y llorando por lo que sucede; no cedamos a la lógica inútil e inconcluyente del miedo, al repetir resignado que va todo mal”.

“Ésta es la atmósfera del sepulcro, el Señor desea abrir la vía de la vida, la del encuentro con Él, de la confianza en Él, de la resurrección del corazón”.

“Siempre habrá problemas –continuó–, y cuando no resolvamos uno llegará otro. Podemos encontrar una nueva estabilidad, y esta estabilidad es el propio Jesús, que es la resurrección y la vida. Con él la alegría habita el corazón, la esperanza renace, el dolor se transforma en paz, el temor en confianza, la prueba en ofrenda de amor”.

Al comentar el pasaje del Evangelio, afirmó que Jesús “no se hace capturar del ambiente emotivo que lo rodea, sino que ora con confianza y dice: ‘Padre, te doy gracias’”.

El Papa afirmó que “Jesús nos ofrece el ejemplo de cómo comportarnos”: “no huye el sufrimiento, que pertenece a esta vida, pero no se deja encerrar en el pesimismo”.

“Por un lado hay una gran desilusión, la precariedad de nuestra vida mortal que, a través de la angustia por la muerte, experimenta a menudo la derrota, una oscuridad interior que parece insoportable”, dijo.

“Nuestra alma, creada para la vida, sufre sintiendo que su sed de eterno bien es oprimida por un mal antiguo y oscuro”.

Pero “por otro lado hay esta esperanza que vence la muerte y el mal y que tiene un nombre: Jesús. Él no lleva un poco de bienestar o de cualquier remedio para alargar la vida, sino que proclama: ‘yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mi, también aunque muera, vivirá’”.

“También nosotros somos invitados a decidir de qué parte estar. Se puede estar de la parte del sepulcro o de la parte de Jesús. Hay quien se deja encerrar en la tristeza y quien se abre a la esperanza. Hay quien se queda atrapado entre los problemas de la vida y quien, como vosotros, con la ayuda de Dios levanta los problemas y reconstruye con paciente esperanza”.

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