Gospa RosarioUna cosa es disciplinarse y orar todos los días con el corazón abierto y otra ser constante, no dejarlo de hacer nunca. En la constancia está la transformación en la oración, es algo que se adquiere con los años y con la ayuda de Dios, a tal punto que luego Dios y el hombre se hacen uno.
Como dijo San Pablo: «ya no soy yo quien vive sino Cristo que vive en mi». Se trata entonces de vivir en la presencia de Jesús siempre: las 24 horas del días, los siete días de la semana. Es cuando ocurre lo que Teresa de Ávila denominó en las Moradas: el matrimonio espiritual con Dios. Es semejante a lo que ocurre cuando el agua de la lluvia se mezcla con el agua del mar o cuando los arroyos desembocan en el océano. Es imposible separar las aguas una vez que se han mezclado.
Obsérvese que es lo que la Madre pide cuando dice: «Queridos hijos, También hoy los invito a que sean oración. Que la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios.» Ser oración es volar hacia Dios con alas propias y vivir sujeto a Él. No se llega a Dios con el móvil en las manos sino con las alas de la oración. María quiere que las almas, en lugar de chatear con el mundo, chateen primero con Dios, con Jesús. Por eso hay que tener el Rosario siempre en las manos en lugar del móvil. Escoger entre el móvil o el Rosario, porque no se puede con las dos cosas, porque se amará a una y se aborrecerá la otra. Cómo ya dijo Jesús respecto al dinero y a Dios.