En materia de profetas es la propia capacidad de discernimiento del lector u oyente quien le otorgará la veracidad, o la estafa, del tal profeta. Yo creo en la autenticidad de la profeta madrileña, de ahora mismo, no de hace 1.000 años, Margarita del Llano. Por eso mismo, recomiendo leer la última locución de Santa María a esa mujer: el Cuerpo de Cristo es profanado en los sagrarios y es urgente desagraviar al Señor. El amor con amor se paga y el desamor con amor se combate.
El amor con amor se paga y el desamor con amor se combate
 
En otras palabras, el mensaje a Margarita del Llano es una llamada a los actos de amor a la eucaristía y al desagravio. Porque la batalla del momento presente es batalla eucarística, y quien no lo ve así… pues es como si no viera ni ponderara la especulación de los mercados financieros que carcome toda la economía actual. Por decir algo.
La batalla del siglo XXI es batalla eucarística
 
En cualquier caso, la profanación más habitual es la de comulgar en pecado mortal. Y esa pasa desapercibida. Y la otra profanación inadvertida consiste en la falta de fe en la presencia real -con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, de Dios mismo en la forma consagrada. Implica una falta de confianza en Dios y eso, según reitera la historia de Magisterio y de la mística, es lo que más repugna al Redentor.
En resumen, la batalla del siglo XXI es batalla eucarística. No es casualidad que se multipliquen en España y en Hispanoamérica, el corazón de la cristiandad, las profanaciones y sacrilegios contra el Santísimo. Es una batalla que precisa de soldados bien entrenados. Está a tiempo de alistarse, porque la Iglesia vive de la Eucaristía, el cristiano también.
Se multiplican en España las profanaciones y sacrilegios contra el Santísimo
 
Hay que alistarse. Por de pronto, está surgiendo todo un batallón de adoradores, con exposiciones permanentes del Santísimo en la custodia y turno de adoradores que suelen ser de una hora.
Lo que importa es la Eucaristía, muchachos, la eucaristía. No os perdáis en nimiedades.