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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

OREMOS POR LAS ALMAS NO NACIDAS Y NACIDAS PERO MUERTAS SIN BAUTIZAR

Visiones místicas sobre el Limbo y el Aborto, testimonios y experiencias


Veamos lo que dicen algunos santos sobre la existencia del limbo temporal y la necesidad de orar y expiar en favor de estos niños muertos sin bautismo. Si estos niños después de muertos, están en un mundo de tinieblas que no es el cielo, donde esperan ser liberados por nuestras oraciones, esto podría indicarnos que están en un estado de espera o limbo temporal.
Santa Faustina Kowalska cuenta en su Diario:
“He visto cómo salían de una especie de abismo barroso almas de pequeños niños y otros más grandecitos como de nueve años. Estas almas eran repugnantes y horribles, semejantes a los monstruos más espantosos, a cadáveres en descomposición. Pero esos cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra un alma agonizante” (Cuaderno 5, Nº 177 del 12-5-1935).
Esta alma contra la que atestiguan, según su director espiritual, era el mariscal José Pilsudski, que había muerto ese día y cuyo juicio ante Dios fue muy severo, aunque consiguió salvarse, según conoció la santa.
Podemos preguntarnos: ¿Por qué las almas de esos niños, que pensamos serán puros e inocentes, son tan repugnantes y horribles? Porque un alma sin Dios, como lo es el alma de un niño muerto sin bautismo (es criatura de Dios, pero no templo de Dios ni hijo de Dios propiamente), está en tinieblas, sin luz y sin belleza, mientras que el alma de un niño bautizado es más bella que todas las bellezas humanas. Quizás esos niños sufrieron las consecuencias de la violencia del mariscal en medio de la guerra. No sabemos, pero atestiguan contra él como testigos de sus pecados. Felizmente para él, dice Santa Faustina, la intercesión de la Virgen lo salvó.
La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), la mística alemana, de la Orden de San Agustín, en sus escritos “Visiones y Revelaciones”, cuenta la historia real de una mujer que había matado al hombre que la había violado y también había matado al niño que había sido concebido. Dice así:
“Al poco tiempo murió arrepentida también esta mujer, pero deberá pasar en expiación todos los años que la Providencia divina tenía destinados de vida a su hijo hasta que el niño, con el transcurrir del tiempo, haya alcanzado el momento de gozar de la luz eterna” (tomo 3 del 31-12-1820).
Veamos otro caso real que ella misma nos relata sobre una joven campesina, que dio a luz a su hijo secretamente por temor a sus padres. El niño había muerto sin bautismo al poco tiempo.Y dice: “Yo he sentido verdadera solicitud por ese pobre niño muerto antes del bautismo y me he ofrecido a Dios para satisfacer y expiar por él… Ya hace mucho tiempo he tenido revelación sobre el estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida, pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un caso semejante, me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento para satisfacer y expiar por aquello que otros han descuidado a fin de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos” (ibid, 12-4-1820, p.499). “Se debe orar especialmente para que ningún niño muera sin bautismo” (ibid. 12-1-1820, p.489).
Otro caso:
“Un día se me presentó un niño de tres años de edad, que había fallecido sin bautismo. Me dijo que no podía ser sepultado y que yo debía ayudarlo. También me dijo lo que debía hacer para su aprovechamiento con continuas plegarias… Al día siguiente, vino a verme una pobre mujer de Dülmen, pidiendo ayuda para cubrir los gastos de la sepultura de su hijo muerto. Era el mismo que yo había visto la noche anterior. Lo hicimos sepultar. Y todo esto lo hicimos en sufragio y mérito del alma del niño” (29-6-1821, p.513). “Después de haber sepultado al niño lo vi de nuevo. Y ahora estaba radiante y se iba a una fiesta, donde muchos niñitos estaban reunidos en alegre diversión” (1-7-1821, p.514). La obra buena de sepultarlo y las oraciones de Ana Catalina consiguieron que fuera liberado y fuera al cielo, alegre y feliz.
Veamos lo que Nuestra Madre la Virgen le decía al Padre Esteban Gobbi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, en la ciudad de Montreal (Canadá) el día ocho de setiembre de 1983:
“Estoy recogiendo de todas partes del mundo a mis niños más pequeños para reunirlos en mi escuadrón y depositarlos en lo profundo de mi Corazón Inmaculado.
Hijos predilectos, escuchen su voz que invoca su ayuda, corran a su encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos todos a su Madre celestial. Pequeños son para Mí todos los niños ya concebidos, cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de sus madres.
El amor y el ansia de su Madre celestial y de la Iglesia por su salvación, así como su sangre inocente derramada por los que desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de deseo y de sangre, que los salva a todos” (8 setiembre 1983).
Vemos aquí dos puntos fundamentales. En primer lugar, que todos estos niños abortados y que, por tanto, mueren sin bautismo, son salvados por Dios. Y se habla del bautismo de sangre y del bautismo de deseo. Este bautismo de deseo es en virtud del amor y del deseo de la Virgen y de la Iglesia por su salvación, o, dicho en pocas palabras, en virtud de la fe y del amor de la Iglesia, en la que está incluida María.
Ahora bien, no dice que se salven de inmediato después de su muerte. Más bien, parece ser que deben esperar un tiempo, aunque sea corto, pues esperan que escuchemos su voz, que pide ayuda. Se dice que corramos a su encuentro, es decir que no dejemos pasar el tiempo, sino que cuanto antes los ayudemos. Se pide también que los tomemos en brazos, o sea, que los abracemos y los bauticemos con nuestro amor. Y, por último, se dice que los llevemos a la Madre celestial, lo que significaría que, ofreciéndolos y consagrándolos a María con todo nuestro amor, sería suficiente para que sean salvados. Dicho de otro modo, estos niños se salvan, pero estarían un tiempo en el limbo hasta que sean amados y ofrecidos a Dios en virtud de la comunión de los santos y de la fe y amor de la Iglesia y, en primer lugar, de María, que es la Madre amorosa y misericordiosa de todos estos niños.
También hay místicos actuales que hablan del limbo temporal. Los místicos son personas extraordinarias, que viven intensamente su relación con Dios, a quien se han ofrecido como víctimas por la salvación del mundo. Muchos de estos místicos tienen fenómenos sobrenaturales como estigmas, bilocación, éxtasis, visiones, etc. Veamos algunos de ellos, que todavía viven, y que tienen el apoyo de sus obispos.
Natuzza Evolo, es reconocida a nivel mundial, italiana y madre de familia con cinco hijos, que, desde su más tierna infancia, tiene fenómenos extraordinarios de éxtasis, bilocación, estigmas de Cristo, y ve frecuentemente a su ángel y al ángel de la guarda de otras personas e, incluso, se le aparecen , además de Jesús, María y otros grandes santos, también las almas del purgatorio, que le dan mensajes para sus familiares.
Pues bien, Natuzza Evolo habla del limbo temporal y dice:
“Padres y madres de familia, pensad bien en la educación de vuestros hijos, educadlos en la religión. No rechacéis a los hijos (por el aborto), pues es un pecado grave. Bautizadlos, porque los niños muertos sin bautismo van al limbo, donde se sufre solamente por la falta de la visión beatífica”.
Julia Kim, otra gran mística, mundialmente conocida, es la Sra. Julia Kim, de Korea del Sur. En su casa, desde el 30 de junio de 1985, una pequeña imagen de María ha derramado lágrimas de agua y de sangre durante 700 días hasta el 24 de noviembre de 1992. Jesús y María se le han aparecido muchas veces y le han pedido que sea un alma víctima por los pecados, especialmente, del aborto. A veces, recibe los estigmas de la pasión de Cristo durante unos días y, después, desaparecen. Ha recibido varios milagros eucarísticos en la comunión y su obispo la apoya en todo, aceptando el carácter sobrenatural de estos hechos. Con frecuencia, el Señor le ha hecho experimentar los dolores y agonías que sufren los niños durante el aborto.
El 5 de noviembre de 1986 la Virgen le dijo:
“Hija mía, ¿quieres participar en mis sufrimientos por los niños abortados? A causa de los abortos sentirás intensos dolores en tu vientre. Estos pequeños vagan por el limbo (roaming about in limbo) después de haber sido abortados, privados de su dignidad y tratados como un pedazo de carne… Reza por ellos y calma sus heridas, y ofrece reparación por los pecados cometidos contra ellos”.
La mística austríaca María Simma, a quien se aparecen frecuentemente las almas del purgatorio, ha hablado muchas veces de la existencia del limbo. Le escribí personalmente una carta y me contestó por medio de Joachim Schlich lo siguiente: “Todos los niños (pequeñitos) que mueren sin estar bautizados van al limbo. Allí son felices y no tienen conocimiento de la posibilidad de ver a Dios. Pero pueden ir al cielo, si nosotros oramos por ellos y les damos el bautismo por los no nacidos, del cual supongo que Ud. ha oído hablar”. En una entrevista que concedió a Nicky Eltz y que él ha publicado en su libro “Hacednos salir de aquí”, dice:
“Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar intermedio que se puede llamar limbo o ‘cielo infantil’. Las almas de estos niños no saben que exista algo mejor que eso, no saben que no están en el cielo. La responsabilidad de llevarlos al cielo está en nosotros. Lo podemos hacer, bautizándolos espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos”.
Dice de su experiencia personal:
“Conocí a una enfermera que trabajaba en un hospital. Ella no dejaba de bautizar a los niños abortados o nacidos muertos. Cuando estaba para morir, exclamó: Oh, he aquí todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos niños! Y aquellos niños, a quienes había bautizado después de muertos, la acompañaron al paraíso, donde ya vivían”.
Este ejemplo nos habla del agradecimiento de estos niños bautizados espiritualmente, lo que significa que fue eficaz, luego lo necesitaban, porque estarían en el limbo, pues en el cielo no necesitan oraciones para ser felices.
Santa Perpetua. En el escrito “Passio SS. Perpetuae et Felicitatis” sobre el martirio de estas dos santas del Norte de África, ocurrido en Cartago el año 203 a los pocos días de haberse bautizado Perpetua (tenía apenas 22 años y criaba un niño de pecho, que era su hijo), se nos habla del hermano de Sta. Perpetua, Dinócrates, de apenas 7 años, que había muerto de cáncer en la cara. Algunos autores han visto en el relato de la visión de su hermano el estado del limbo de los niños. Veamos el relato que puede considerarse auténtico según la mayoría de los autores:
“Al cabo de unos días, estando todos en oración, súbitamente en medio de ella, se me escapó la voz y nombré a Dinócrates. Yo me quedé estupefacta de que nunca me hubiera venido a la mente, sino entonces y sentí pena al recordar cómo había muerto. Y me di inmediatamente cuenta de que yo era digna y que tenía obligación de rogar por él. Y empecé a hacer mucha oración por él y a gemir ante el Señor. Seguidamente, aquella misma noche se me mostró la siguiente visión.
Vi a Dinócrates, que salía de un lugar tenebroso, donde había también otros muchos, sofocado de calor y sediento, con vestido sucio y color pálido. Llevaba en la cara la herida de cuando murió. Este Dinócrates había sido hermano mío carnal, de siete años de edad, muerto tristemente de cáncer en la cara, enfermedad que infunde terror a todo el mundo. Por él hacía yo oración. Entre mí y él había una gran distancia, de manera que nos era imposible acercarnos el uno al otro. Además, en el mismo lugar en que estaba Dinócrates, había una piscina llena de agua, pero con brocal más alto que la estatura del niño. Dinócrates se estiraba como si quisiera beber. Yo sentía pena de que, por una parte, aquella piscina estaba llena de agua y, sin embargo, por la altura del brocal, no podía beber mi hermano.
Entonces, me desperté y me di cuenta de que mi hermano se hallaba en pena. Pero yo tenía confianza de que había de aliviarle de ella y no cesaba de orar por él todos los días, hasta que fuimos trasladados a la cárcel castrense, pues en espectáculo castrense teníamos que combatir con las fieras. E hice oración por él, gimiendo y llorando día y noche, a fin de que por intercesión mía fuera perdonado.
El día que permanecimos en el cepo, tuve la siguiente visión. Vi el lugar que había visto antes y a Dinócrates limpio de cuerpo, bien vestido y refrigerado, y donde tuvo la herida vi sólo una cicatriz. Y la piscina que viera antes, había abajado el brocal hasta el ombligo del niño. Éste sacaba de ella agua sin cesar. Sobre el brocal había una copa de oro llena de agua y se acercó Dinócrates y empezó a beber de ella. La copa no se agotaba nunca. Y saciada su sed se retiró del agua y se puso a jugar gozoso a la manera de los niños. Y me desperté. Entonces, entendí que mi hermano había pasado la pena”.
Uno de los autores que creía que se trataba aquí del limbo de los niños fue Vicente Víctor, contra quien San Agustín escribió el libro “De natura et origine animae”.
Hagamos aquí algunas aclaraciones sobre este caso. Lo más probable es que este niño murió sin bautizar, pues su hermana Santa Perpetua se bautiza pocos días antes del martirio y, además, su familia era pagana. Ciertamente, que un niño de siete años ya es capaz de hacer el bien y el mal y salvarse o condenarse por sus obras, a no ser que este niño, lo que no consta, fuera retrasado mental y pudiera considerarse como un bebé, o que por sus enfermedades y limitaciones sicológicas hubiera sido incapaz de hacer actos plenamente humanos para salvarse o condenarse. En el caso de que estuviera en el purgatorio, parece un poco extraño que estuviera tanto tiempo, pues dice Perpetua que “había sido hermano mío carnal y me quedé estupefacta de que nunca me hubiera venido a la mente, sino entonces, y sentí pena al recordar cómo había muerto”. Parece que hacía años que había muerto y ya no se acordaba de él, y parece un poco raro para un niño tan pequeño y que, además ha sufrido tanto, que pudiera tener un purgatorio tan largo. En cambio, si está en el limbo no es de extrañar, pues está esperando ayuda para poder ser liberado, ya que su familia, al ser pagana, se había olvidado totalmente de él y Perpetua se había bautizado pocos días antes.
De todos modos, es muy interesante observar en este relato que el niño tiene pena, está sediento. ¿Podríamos hablar de que en el más allá estos niños están sedientos de amor, como Cristo en la cruz? Cuando ella lo ve por segunda vez, ha pasado tiempo, su liberación no ha sido instantánea. Y saca agua abundante, que no se agota con la copa de oro. ¿Podemos hablar aquí de la copa de oro llena de perfume que son las oraciones de los santos como afirma el Ap 5,8?
Porque las oraciones y la fe de la Iglesia son las que les consiguen la salvación a estos niños muertos sin bautismo. Y este niño, al sentirse feliz, se pone a jugar gozoso “a la manera de los niños”, lleno de Dios y lleno de amor. Porque ¿no dice Jesús que, si alguno tiene sed, que venga a mí y beba? “El que cree en Mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su seno. Esto lo dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en Él” (Jn 7,38-39). “Al que tiene sed le daré gratis de la fuente de agua viva. El que venciere heredará estas cosas y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Ap 21,6-7).
Los jesuitas hermanos Linn consideran este ejemplo como típico del limbo y dicen:
“La historia de las oraciones de Santa Perpetua por Dinócrates, su hermano extinto no bautizado, es un ejemplo proveniente de la tradición cristiana de cómo la gracia del bautismo puede ser concedida a los niños muertos por medio de las oraciones de un miembro de la familia”.
Según ellos, podemos orar por estos niños para que puedan ser liberados de ese limbo temporal y llegar al cielo y allí ser felices en plenitud por toda la eternidad.
Lo cierto es que, como hemos visto, hay suficientes textos de la Escritura y de la Iglesia, y de algunos teólogos y santos, para que podamos pensar seriamente en la posibilidad de la existencia de un limbo para los niños muertos sin bautismo.

EXPERIENCIAS REALES

Veamos ahora algunas experiencias de la vida diaria que nos indican que estos niños, muertos sin bautismo, a veces, se presentan y buscan el amor de su familia. Lo cual podría indicarnos también que están en un tiempo de espera (limbo) hasta poder llegar al cielo y disfrutar de la plena felicidad.
Un día una señora me decía: “Padre, tengo a mi hijo de tres años que ve constantemente a un amiguito que juega con él. ¿Qué es? ¿Es un ángel?”. Yo le pregunté: “¿Ha tenido alguna vez un aborto?” Sí, me dijo. Pues entonces, es posible que sea ese niño que se aparece a su hermanito, porque está buscando el amor de su familia. De hecho, se dan algunos casos de niños pequeños que ven, lo que suele llamarse como “duendes”, otros niños pequeños, que se les aparecen durante años y, en algunos casos, hasta envejecen con ellos, como para dar a entender que son sus mismos hermanos.
María Simma, la gran mística austríaca, dice que “a veces, los hermanos sienten la presencia de otro niño junto a ellos, aunque nada saben de aquel hermanito, nacido muerto o abortado”. Quizás a ello se deban tantas historias de duendes en todas las culturas, que no son más que estos niños que, con permiso, de Dios, se aparecen a sus familiares para llamar la atención para que los amen y oren por ellos, porque todavía están en el limbo y necesitan ser liberados. Algo parecido podemos decir de muchos “fantasmas”, que se aparecen y no son más que almas del purgatorio, que buscan las oraciones de sus familias.
La escritora Linda Bird Francke en su libro “The ambivalence of Abortion” habla de un “pequeño fantasma” que se le aparece después de haber abortado:
“Ahora tengo este pequeño fantasma. Un fantasma pequeñito que aparece únicamente, cuando estoy viendo algo hermoso, como la luna llena en el océano la semana pasada. Y el bebé me saluda con las manos y yo lo saludo a él”.
El Doctor Philip Ney cuenta que “un paciente reportó un sueño que había tenido a los siete años en el que tres gnomos (duendes) se fueron a jugar con él en un banco de arena. Mientras jugaba, los bancos de arena se derrumbaron y, por consiguiente, sus tres gnomos (duendes) quedaron enterrados. Él no pudo decirme quiénes eran ellos, pero sabía que eran sus hermanos. Su madre admitió tres abortos tempranos, pero insistió en que su hijo no podía haberse enterado”.
El Dr. McAll, dice que “un niño que no ha sido aceptado con amor por su familia y consagrado a Dios, clamará por el amor y las oraciones de un miembro vivo de la familia, a menudo un gemelo, el próximo niño en la familia o la persona más sensible de la familia”.
“Como aquella niña que me confesó que había contemplado a su hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.
“He sido testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida”.
Veamos algunos ejemplos:
Dos jóvenes de la India, de 17 y 24 años, oían voces por la noche, que decían: “Madre, ayúdame”. Cada día, al despertar, iban a la cocina y encontraban la jarra de agua y otras cosas en medio del piso. Cuando su madre reconoció que había tenido dos gemelos, que habían nacido muertos y los había enterrado sin ninguna oración en el patio de su casa, por consejo del Dr. McAll, les pusieron un nombre y los encomendaron a Jesús y, a partir de ese día, no se oyeron más voces.
En un pequeño pueblo de Inglaterra, todos sabían que, en determinada casa, se aparecía con frecuencia por la noche el fantasma de un niño pequeño. El Dr McAll preguntó a los miembros de la familia y le dijeron que hacía 11 años había nacido muerto un niño. Celebraron una misa por este niño y, durante la misa, el Dr McAll vio en visión al niño, que estaba sonriendo y corría hacia Jesús que lo esperaba y lo estrechaba entre sus brazos. A partir de ese día, no volvió a aparecerse más.
Una obstetriz, que comenzaba su nuevo trabajo en un hospital, se dio con la sorpresa de que cada noche se despertaba y veía junto a ella la figura de un hombre que la miraba insistentemente. Después de indagar, le dijeron que un médico se había suicidado en aquel lugar y que él había practicado muchos abortos.
Celebraron una misa por el médico suicida y también por los niños abortados. Después de orar por estos niños abortados, la madre de la obstetriz vio la habitación llena de niños sonriendo, que parecían muy felices, hasta que desaparecieron dentro de una luz que se alejó.
Pareciera que la oración, especialmente la misa, y la consagración de estos niños a Dios los hace ser felices y descansar en paz.
La Siquiatría. La Siquiatría es una rama de la Medicina que trata de la curación de las enfermedades mentales. Muchas de ellas son curadas de modo asombroso al orar por estos niños muertos sin bautismo. Algunos de ellos, se aparecen a sus propios familiares, sobre todo a sus hermanos, y parecen crecer con ellos. ¿Quiere esto decir que no son felices hasta que se integren a su familia, les pongan un nombre y los ofrezcan a Dios por medio de una misa, de un bautismo espiritual, de una consagración a Dios o de oraciones por ellos?
En este caso, puede esto indicarnos que estarían todavía en un estado de limbo hasta que sean liberados por las oraciones, sobre todo, de su familia o de personas buenas. A este respecto, es muy importante el estudio científico que ha hecho de estos casos el Dr. McAll.
El Dr. Kenneth McAll es un eminente cirujano y siquiatra inglés, miembro del Royal College of Psychiatrists del Reino Unido. Durante varios años hasta 1945 trabajó en China, donde había nacido, y se ha convertido en un experto para curar muchas enfermedades siquiátricas. Ha escrito varios libros y artículos acerca de las enfermedades mentales y los poderes curativos de la Eucaristía.
Ha abierto un camino nuevo, al que están siguiendo algunos otros como el Dr. Kurt Koch en su libro Christian Counseling and occultism (Ed. Kregel, Grand Rapids, USA, 1972), John Fitzherbert en La fuente de las instituciones humanas de inmortalidad, publicado en el British journal of Psychiatry, 110, del año 1964.
El Dr. McAll, a pesar de ser de confesión anglicana, habla mucho en su libro Healing the family tree, que es un bestseller internacional, de la necesidad de orar por los niños muertos. Ha llegado a esta conclusión, debido a su gran experiencia de curación de enfermedades mentales y a la necesidad de curar, muchas veces, la raíz de la enfermedad, curando la relación con los antepasados por medio de la oración. Por eso, dice:
“Dado que tanto los vivos como los muertos son miembros del Cuerpo de Cristo (1 Co 15,29) podemos pedir a Cristo que ayude a los muertos a recibir su amor y su perdón, que les ofrece a través de la Eucaristía”.
“No soy teólogo. Soy un simple investigador, con una limitada comprensión de cómo funciona la capacidad curativa de Dios… En el caso de niños que hayan nacido muertos o de abortos, resulta conveniente darles un nombre (Is 49,1)… Aunque según mis experiencias normalmente solo hace falta una celebración de la Eucaristía para liberar a un niño nacido muerto, para liberar a un adulto, que necesite más amor y perdón, pueden hacer falta varias Eucaristías”.
Y lo más asombroso es que al “liberar” a estos niños (muertos sin bautismo) se sanan de modo admirable, muchos miembros de familia, porque se entabla una nueva relación familiar y hay más unión y amor entre ellos. Dice:
“Tengo registrados mas de seiscientos casos de curaciones directas, producidas tras la celebración de una Eucaristía por fetos, víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su nacimiento, que nunca fueron debidamente amados o consagrados a Jesucristo en una ceremonia de entierro. Cuando se ha celebrado una Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son impresionantes. Muchos han experimentado los beneficios del poder curativo que se generó, incluyendo pacientes que estaban participando en la Eucaristía, pero también otros que se encontraban a muchos kilómetros en hospitales e instituciones mentales y no sabían nada acerca de dichas ceremonias, e incluso parientes, mentalmente perturbados, que vivían en países lejanos”.
Veamos algunos ejemplos:
“Joan llegó hasta mí a través de un doctor en medicina general. Antes de mi primer encuentro con aquella niña de solo nueve años de edad, estudié atentamente las notas de su equipo de médicos y los informes de su profesora. A los cinco años, el carácter abierto y alegre de Joan cambió de repente. Empezó a resultar difícil de tratar y daba muestras de un comportamiento irracional, diagnosticándosele una epilepsia.
Su madre se quedó muy asustada y desconcertada. En una carta me decía: “Cuando Joan cae en uno de esos estados su rostro se descompone, parece tan lejos de ser ella que me da escalofríos”. La profesora me escribió: “Joan pierde fácilmente el control e incurre en estallidos emocionales. La presentación de las tareas escolares deja mucho que desear”.
Sus padres me dijeron que recientemente había empezado a correr delante de los coches, de modo que tenían que sujetarla con unas riendas para su propia seguridad…
Hablé con Joan, se sentó sobre mis rodillas y le pregunté cuántos hermanos tenía. Su respuesta me sorprendió: “Tengo tres hermanos y tres hermanas”. Yo le dije que sólo tenía tres hermanos y dos hermanas. Joan, entonces, se mostró extremadamente airada, saltó de mis rodillas y empezó a dar patadas y gritos: Tengo tres hermanas y no dos. ¿Ves esa mujer sentada ahí?, gritó señalando a su madre. Es una asesina. Tiró a mi hermanita por el water (baño). Mi hermana es mi amiga. La conozco, se llama Melissa. Sus padres comenzaron a discutir y yo abracé a Joan y le dije: Oremos juntos a Jesucristo y pidámosle que cuide a Melissa. Y pronunciamos la siguiente oración: “Jesucristo, nuestro Señor, por favor cuida a Melissa y condúcela a tu reino”.
Su madre me contó que antes que Joan naciera y debido a la equivocación de un médico, había sufrido un aborto involuntario. A Joan nunca se le había mencionado el incidente y nadie conocía el nombre que la madre le hubiera gustado poner a la niña: Melissa…
Nada tiene de sorprendente que Joan supiera acerca de Melissa. De hecho, en mis ficheros, tengo alrededor de mil cuatrocientos casos parecidos. Parecía evidente que aquella niña, que no había llegado a nacer y que, por tanto, no había sido consagrada a Jesucristo, era la causa de las dificultades de Joan y quizá de las migrañas que la madre sufría desde hacía años.
Celebramos una Eucaristía por Melissa y los resultados modificaron totalmente la vida de la familia. Los estallidos emocionales de Joan, su comportamiento irracional y su incapacidad de concentrarse, desaparecieron de una vez por todas. Las pruebas realizadas demostraron que su epilepsia estaba totalmente curada y, poco después, dejó de tomar cualquier clase de medicamento. Las jaquecas de la madre pasaron a ser sólo un recuerdo… Un año después, Joan es una niña sana y feliz que va muy bien en los estudios y que es la alegría de la familia”.
Pareciera que la Eucaristía y la consagración de la niña abortada al Señor fueron para ella como un bautismo espiritual y, al sanarse la relación entre ella, su hermana y sus padres, al sentir el amor familiar, pudo encontrar la felicidad definitiva y eterna, que todavía no había conseguido.
Veamos otros casos en los que la misa no solo da paz al niño muerto sin bautismo, sino que también sana a sus hermanos de graves problemas de salud.
Una mujer de 50 años estaba preocupada por el extraño comportamiento de su hijo. Ella admitió que había tenido dos abortos durante su juventud. Durante la misa por estos niños abortados, ella sintió una extraña sensación en su abdomen por tres veces. Entonces, ella se acordó que había tenido también un niño que había nacido muerto y este tercero también fue incluido en la misa. Desde ese momento, la conducta de su hijo fue normal.
Un hombre profesional llevó a varios especialistas a su hija, porque era muy violenta. La hija, de 26 años, había sido promiscua sexualmente con hombres, treinta años mayores que ella. Buscando antecedentes, el Dr McAll encontró que su madre había tenido un aborto varios años antes de casarse con el padre de la joven. El comportamiento de la madre antes de casarse, había sido parecido al de la hija. Durante la misa por el aborto, el padre tuvo la visión interior de un niño y rezó por él. Los problemas de la hija desaparecieron a partir de ese día.
Por eso, afirma McAll:
“Las personas más afectadas por estos niños (abortados), no consagrados al Señor y que necesitan que se ore por ellos, son los propios padres, un hermano o hermana gemelo, el niño que nace a continuación, un niño adoptado en su lugar o, incluso, como en el caso de Joan, el niño más sensible de la familia”.
Veamos otro caso:
“El vicario de una iglesia local comprobó por sí mismo como una de las mujeres de su parroquia había logrado superar una enfermedad mental, aparentemente incurable, después de haber orado por uno de sus hijos que había abortado y de haberlo consagrado al Señor durante una Eucaristía. Animado por esta experiencia, acudió a visitar a otra mujer llamada Mildred, de algo más de sesenta años… Ella le contó algo que no había dicho a nadie en toda su vida. Cuando todavía era adolescente, tuvo un aborto. El vicario le sugirió que celebrasen una ceremonia en la iglesia para consagrar a su hijo abortado a Dios y Mildred accedió. Cuando terminó la ceremonia, habían desaparecido todos sus dolores y experimentó una sensación de liberación y alegría… Parece ser que el niño no nacido había intentado atraer su atención mediante los dolores de estómago. Era como si el propio niño se hubiera convertido en el dolor de estómago”.
“Los gemelos o mellizos muestran una sensibilidad especial hacia su hermano o hermana muertos. Durante la celebración de la Eucaristía, una madre me mencionó que una de sus hijas gemelas había fallecido en el momento del parto y que el hospital se había ocupado de enterrar sus restos. Cuando rezamos por primera vez para contrarrestar los efectos negativos de este incidente, brotaron lágrimas de alegría en la gemela, que había logrado sobrevivir. Me confesó que había “contemplado” a su hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.
Sigamos con otros ejemplos para ver la importancia de consagrar a Jesús a estos niños abortados, voluntaria o espontáneamente, muertos sin bautismo.
Un hombre de veintiocho años se encontraba en la cárcel y había llevado un comportamiento anormal y antisocial. Era un hijo adoptivo de una familia que lo había adoptado al perder a su propio hijo. Dice McAll:
“Durante la Eucaristía, aquellos padres, preocupados y angustiados, le dieron nombre al hijo que había fallecido en el momento del parto y, a través de sus oraciones lo consagraron a Jesucristo. Inmediatamente después, el hijo que habían adoptado salió de la prisión, convertido en un hombre totalmente reformado y actualmente desempeña un empleo de gran responsabilidad.
Durante una celebración por un niño nacido prematuramente y que había sobrevivido sólo cuatro horas, su madre intentó darle gracias a Jesucristo por habérselo llevado con él. Entonces, escuchó claramente: “Al niño tienes que ponerle un nombre y demostrarle que goza del amor de su madre y luego consagrármelo a Mí”.
Una mujer había ejercido la prostitución y, a consecuencia de ello, había padecido varios abortos tanto voluntarios como involuntarios. Con gran respeto y cuidado, les puso nombre a todos, aceptó el perdón de Dios y continuó consagrándoselos al Señor todos los domingos, cada vez que iba a la iglesia. A partir de entonces, se vió libre de la depresión que padecía”.
Como vemos, esta consagración del niño a Jesús es una especie de bautismo espiritual, que les consigue la salvación y los libera del estado de limbo o tiempo de espera en que se encuentran.
“El matrimonio Lancaster vino a verme muy preocupado por tres de sus hijos. La hija mayor era drogadicta, tenían otra anormalmente obesa y el hijo menor mostraba, desde los siete años, una incontenible afición a robar. Elizabeth, la hija mayor, había nacido después de un aborto anterior; Evelyn, la hija obesa, tras un aborto involuntario, mientras que Charles, el hijo menor, lo adoptaron para reemplazar a uno que había muerto. Dado que en ninguno de los tres casos se había celebrado una ceremonia de consagración al Señor, decidimos celebrar una Eucaristía por los tres casos, tras la cual toda la familia se sintió liberada. Elizabeth no volvió a probar las drogas; Charles dejó de robar y el peso de Evelyn volvió a ser normal tan solo después de tres meses…
Mi experiencia de “haber visto” a esos niños con la edad que habrían tenido de no haber fallecido prematuramente, me demuestra que es cierta la palabra de Dios, cuando dice: “Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí” (Jer 1,5; Sal 139, 13). Estos niños son auténticos seres humanos, dotados de alma… Algunas personas creen que todos los niños van directamente al cielo, cuando mueren. Pero eso, sólo ocurriría así en caso de haber sido amados y de haber rezado por ellos en la tierra. He sido testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio Ángel de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a Dios”.
El Dr. McAll, después de sus investigaciones siquiátricas en cientos de casos, afirma claramente, a su manera, que existe el limbo temporal, pues cree que sólamente estos niños irán al cielo, directamente al morir, si han sido amados y han orado por ellos. Ellos están esperando que les pongan un nombre, les hagan sentir amor y los consagren a Dios. Mientras tanto, siguen esperando, como él dice, ese momento de amor y de consagración a Dios. Por eso, sugiere orar por ellos con las siguientes oraciones:
Oración por la salvación de los niños abortados
Señor Jesús, por medio de tu Madre bendita, te ofrezco todos mis pensamientos, palabras y obras de este día por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón.
Especialmente, te ofrezco todos los actos de fe y de amor para obtener de tu Sagrado Corazón la gracia del bautismo para todos los niños inocentes, que serán asesinados hoy por el aborto.
Y, dado que sus propios padres y madres rechazarán su vida con violencia y rehúsan ser garantes de la fe de estos niños, te pido que me aceptes como padre y madre espiritual de estos niños.
Acéptame como garante del deseo de estos niños de estar contigo por siempre para que, habiendo sido asesinados cruelmente, ellos puedan ser admitidos a tu presencia como mártires inocentes y sean salvados por tu amor. Amén.
Oración por los abortos espontáneos
Señor Dios, confiamos a tu amor a este pequeñito, que ha dado alegría a sus padres por poco tiempo. Llévalo a la vida eterna.
Señor, tú has formado a este niño en el vientre materno. Tú lo has conocido por su nombre desde el principio del tiempo. Nosotros ahora deseamos ponerle el nombre de N., un nombre que guardaremos como un tesoro en nuestro corazón para siempre.
Oramos por estos padres, que están tristes por la pérdida de su hijo. Dales valor para soportar su pena y su dolor. Y que un día puedan encontrarse con su hijo en la alegría y en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LA SIQUIATRÍA Y EL BUDISMO

Es muy interesante anotar aquí cómo muchos siquíatras y sicólogos, como el Dr. Dennis Eugene Klass, Joanne Angelo y otros, reconocen el gran efecto curativo, sicológico y espiritual, de los rituales budistas, llamados misuko kuyo a favor de los niños abortados.
En nuestros países cristianos, se reconocen los efectos negativos producidos por el aborto en los padres de los niños abortados, especialmente en la madre, y se recomienda tratamiento sicológico o psiquiátrico para curar los efectos de depresión, ansiedad, etc. Pero, entre los budistas, la solución está en orar por estos niños abortados y no por sus padres directamente. Y los efectos positivos de estas oraciones son reconocidos por teólogos católicos como el jesuita Gary L. Chamberlain o el Padre Anthony Zimmerman S. V. D., que han trabajado muchos años en Japón.
Hablando concretamente del Japón, digamos, en primer lugar, que legalizó el aborto en 1948 y, desde entonces, ha habido más de 128 millones de abortos provocados. Para estos niños abortados, incluso si son abortados espontáneamente, el budismo ofrece a los mizuko (niños del agua) o niños abortados, ceremonias de duelo, llamadas mizuko kuyo, donde se cantan “sutras”, queman incienso, tocan campanas y hacen otros ritos para dar sosiego a estos niños, que están en el país de las tinieblas, según ellos.
Los padres pueden alquilar pequeñas estatuas, talladas en piedra con caras redondas y ojos cerrados por 700 dólares o pueden mandar escribir mensajes en placas de madera para que los lean estos niños. En estos mensajes se dice, por ejemplo: “Tu padre y tu madre te aman”, “lo sentimos, pero no pudo evitarse, descansa en paz”, “tus padres y tus hermanos te saludan”. Y también les ponen un nombre y colocan flores, baberos, gorritos, juguetes, etc., en estas estatuas de piedra o placas de madera, que representan a sus almas. En ciertos templos budistas del Japón, hay colinas con miles y miles de estas estatuas, que no son propiamente tumbas, pues no están enterrados allí los cuerpos de los niños, sino son lugares, donde se supone que están sus almas y a donde van a rezar, especialmente las mujeres.
De esta manera, creen que estos niños se sienten queridos por sus familiares, descansan en paz, y no perturban a la familia. Salen del “país de las tinieblas” en el que estaban y tienen un lugar para descansar en paz. Los efectos sicológicos y espirituales de estas oraciones son evidentes. Lo cual nos puede indicar que estas oraciones van más allá de la pura sugestión de las madres, porque quizás, verdaderamente, estos niños, muertos sin bautismo, las necesitan para estar en paz. Nosotros diríamos para ir al cielo.
Quizás, influenciados por esta cultura budista japonesa, en algunas iglesias católicas del Japón, se celebran misas por estos niños abortados, como lo afirma el Padre jesuita japonés Akio Awamoto, quien celebra una misa por ellos los primeros domingos de cada mes a las cuatro de la tarde en la Iglesia de Yotsuya, uno de los centros católicos más grandes del Japón. El P. Anthony Zimmerman dice: “¿Cuándo celebrarán los sacerdotes católicos misas por estos niños abortados de su ciudad, de su región o de su país?”

RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

La renovación carismática católica es un movimiento eclesial, apoyado por la Iglesia, que trata de renovar la vida cristiana por medio del poder del Espíritu Santo, que sigue derramando sus dones y carismas en la actualidad como en los primeros siglos. Este avivamiento espiritual comenzó en USA el año 1967 y, desde entonces, se ha extendido a todo el mundo. Está presente en 238 países y sigue renovando la vida de 120 millones de católicos a lo largo del mundo.
Algunos líderes carismáticos fomentan la oración por los niños muertos sin bautismo y recomiendan celebrar una misa por ellos o bautizarlos espiritualmente o consagrarlos a Jesús por María o sencillamente orar por ellos. Su experiencia en muchos casos, se parece a la del Dr. McAll, lo que significaría, igualmente, que estos niños necesitan ser liberados con nuestra ayuda para ser plenamente felices en el cielo. Mientras tanto, estarían en un estado intermedio, al que llamamos limbo.
Hermanos Matthew y Dennis Linn: Entre los líderes carismáticos católicos que más han estudiado este punto de los niños muertos sin bautismo, están los hermanos Linn, jesuitas. Veamos lo que dicen:
“Tal vez la sorpresa más grande de nuestro ministerio es la curación física y emocional, que puede ocurrir muy rápido y profundamente a otras personas, cuando oramos por bebés nacidos muertos y por abortos espontáneos y provocados. Por ejemplo, después de rezar por sus tres traumáticos abortos, Sandy retornó a casa para encontrar a su hijo de siete años que había sido hiperactivo desde su nacimiento, capaz de dormir por primera vez durante toda la noche y de portarse normalmente en la escuela al día siguiente.
Sandy se dio cuenta de que no solamente la hiperactividad de su hijo había cesado, sino también de que su incapacidad para aprender, diagnosticada como permanente, había desaparecido.
Casi cada familia puede beneficiarse… orando por abortos y bebés nacidos muertos, ya que estas pérdidas son tan comunes. Aproximadamente, de diez al veinte por ciento de todos los embarazos terminan en abortos espontáneos, sin contar con el cincuenta por ciento de óvulos fecundados, que nunca lograron implantarse. En USA hay un millón y medio de abortos provocados por año (cuatro abortos por cada diez nacimientos normales) y dos nacidos muertos por cada cien nacidos vivos. Por eso, los bebés constituyen el grupo más importante en nuestras oraciones por los muertos. Pero ¿cómo sabemos que ellos necesitan de nuestras oraciones? A veces, se nos ha dicho que no podemos rezar por ellos, porque están en el limbo (permanente). Otras, que no necesitan de nuestras oraciones, porque están ya en el cielo.
La historia de las oraciones de Santa Perpetua por Dinócrates, su hermano, muerto no bautizado, es un ejemplo, proveniente de la tradición cristiana, de cómo la gracia del bautismo puede ser concedida a los niños muertos por medio de las oraciones de un miembro de la familia”.
“Pidiéndole a Jesús que bautice a un niño muerto, le estamos pidiendo hacer todo lo que todavía se necesita hacer por esa criatura, ya sea que esto se inicie con un bautismo de deseo o renovándolo con una celebración más profunda de amor de Jesús, ofrecida a través de nosotros. Idealmente, esta oración debería ser completada con una Eucaristía en la cual recibamos la comunión y nos unamos a Jesús, orando por nosotros y por el bebé muerto para llevarlo más cerca de Él por siempre. La Eucaristía es también un momento ideal para dar el amor de Jesús a otros niños que podían haber sido olvidados, tales como los cuatro mil niños abortados diariamente en USA. Especialmente, en la Eucaristía se habilita a los fallecidos con el perdón total de Cristo en el Calvario. Recibiendo para sí mismos el perdón de Cristo y extendiendo ese perdón hacia todos los que les hicieron daño, los muertos están habilitados para entrar en el cielo y alcanzar el estado de amar para siempre dentro del Cuerpo místico de Cristo”.
Como vemos, ellos hablan de curaciones extraordinarias después de orar por estos niños, hablan de bautizarlos espiritualmente y ofrecer una misa por ellos para “entrar” en el cielo y alcanzar el estado de amar para siempre. Esto quiere decir que antes estaban en un estado de no-cielo, al que llamamos limbo.
Veamos un ejemplo:
“Sue tuvo seis abortos espontáneos y dos hijos vivos, Julie de cuatro y Jasón de dos. Durante un retiro, Sue asistió a una misa en la que se le invitó a rezar por sus seres queridos muertos. Al final de la misa, cuando fue invitada a permitir que Jesús le trajera a su corazón a quien Él quisiera, Sue se sorprendió de tener la siguiente experiencia:
Vi en mi espíritu a seis niños alegres que corrían a mis brazos. Yo me quedé allí de pie, pensando: ¿A quién voy a abrazar primero? Y sentí como si los abrazara a todos ellos en mi corazón. Supe que eran mis hijitos y me regocijé, especialmente, al ver cuánto los mayores querían al más pequeño. Los niños irradiaban amor, a Jesús, a mí y el uno al otro. Ésta fue la primera vez que los “había visto”, pero tuve y todavía tengo el sentimiento de que ellos me conocen bastante bien.
Sue y un amigo oraron juntos por los seis niños abortados. Simbólicamente, bautizaron a todos los niños y les dieron nombres. Sue describe los cambios que vio en su familia, cuando volvió a su casa.
Antes del retiro, Julie parecía una frágil flor. Era muy sensible y lloraba fácilmente. Tenía seis muñequitas (sorprendentemente, el mismo número de abortos). Cada una tenía un nombre y se las tenía que tomar en cuenta en todas las ocasiones. Ella parecía sentirse responsable y ansiosa por ellas. Desde mi regreso, su atadura a aquellas muñecas se hizo considerablemente menor. Ahora son juguetes con los cuales gusta jugar, pero no se preocupa de ellos. Es curiosa, vivaz y mucho menos sensible… Cuando volví del retiro, estaba inundada de amor por Jasón. Desde mi vuelta, el cambio en su personalidad fue casi inmediato. Se tranquilizó, es más sociable y parece adorar a su hermana Julie.
Otra cosa que también noté fue un efecto inmediato en mis relaciones con mi esposo… Ambos nos dimos cuenta de que mi frigidez había desaparecido”.
Los efectos reales de curaciones de que hablan los Hnos. Linn nos recuerdan lo que decía el Dr. McAll, luego hay que tomarlos en cuenta y decir que algo pasa, que no es inútil orar por estos niños, sino muy eficaz, porque lo necesitan y, si lo necesitan, es porque no están todavía en el cielo. Los Hnos. Linn creen que con una misa es suficiente para liberarlos:
“Si eres católico, manda celebrar una misa por el bebé. Mientras recibes la Eucaristía, deja que la sangre sanadora de Jesús entre en ti y en todos los difuntos de la familia, por medio del bebé”.
El Padre Roberto DeGrandis tiene un libro titulado “Curación a través de la misa”, donde nos habla de la importancia de la misa y de que todas las misas tienen un especial poder de sanación para los enfermos y para todos los que están agobiados en su espíritu y concretamente para estos niños.
Él nos dice:
“Cuando consideramos el problema de los abortos, niños malogrados o que han nacido muertos, uno de los principios básicos es que estos niños deben ser recibidos con amor. Una de las formas en que amamos y aceptamos a un niño es dándole un nombre. Esto les da un sentido de pertenencia y de que ocupan un lugar verdadero en la familia… Una mujer compartió el siguiente testimonio.
Yo tengo 41 años de edad y toda mi vida mi madre ha estado contando la historia de que su madre (mi abuela) murió de parto y que perdió una niña pequeñita. Mi abuela era huérfana y también había perdido a otro niño antes de mi madre. Un día mi madre y yo oramos unidas y le dio nombre a los dos niños perdidos por su madre. Nosotras los ofrecimos al Padre en la luz de Cristo y oramos por estos dos niños y su madre. A partir de ese día, mi madre nunca más volvió a hablar de ese asunto. Sintió paz en su vida, después de darles nombre a estos niños y ofrecerlos a Dios”.
Para él es importante ponerles un nombre y orar por ellos ofreciéndolos a Dios para salvarlos.
El P. John Hampsch aconseja bautizar a estos niños espiritualmente, consagrarlos a Jesús por medio de María y celebrar una misa.
Dice:
“En la consagración total del niño al Señor, los padres deberían pedirle que llene con su amor todas las necesidades del niño como por ejemplo el bautismo de deseo o alguna otra forma desconocida de gracia, semejante al bautismo… Esto podría ser ratificado por una Eucaristía en la que, en el momento de la comunión, nosotros nos unimos a Jesús de la manera más íntima posible, orando por el niño… En la oración se debería incluir una petición al Señor para que ese niño sea un “santo privado” o un “intercesor” especial para la familia… Como epílogo de esta oración a Jesús, es muy recomendable poner al niño en los brazos de María (consagrarlo a Ella), recordando las palabras que Jesús dijo: “Ahí tienes a tu Madre”. A María se le ha encomendado ser la madre de todos y cada uno de los niños. Y Ella los ama mucho más intensamente que las madres de la tierra”.
El P. Marcelino Iragui también recomienda una misa y consagrarlos a Jesús por María. Escribe:
“Una práctica recomendable es el ofrecer la santa misa y comulgar por ellos, sobre todo, cuando se hace en familia. En esa Eucaristía, se pide a Dios que acoja en su seno a todos los difuntos de la familia… A veces, los resultados son sorprendentes. En caso de aborto provocado o involuntario, que no fueron bautizados, se pide al Señor que inspire un nombre para cada uno de ellos, se les acepta como miembros de la familia y se les presenta por su nombre al Señor, arropados en el amor de su Madre, la Virgen María”.
Así pues, de acuerdo a muchos líderes de la Renovación Carismática Católica, es necesario orar por los niños muertos sin bautismo, bautizarlos espiritualmente, ponerles nombre y, si es posible, mandar celebrar una misa por ellos.
Parece ser que estos niños necesitan oraciones y amor para ser liberados del estado de limbo y poder llegar al cielo para poder disfrutar de la plena felicidad de Dios, ya que las oraciones no aprovechan a quienes están ya en el cielo. Además, los efectos positivos y extraordinarios que ocurren, al darles ese “bautismo espiritual”, repercuten en toda la familia en hechos concretos y reales, que no dejan duda de que esta práctica es necesaria para ellos, pues la necesitan para ser felices.

SOBRE EL BAUTISMO ESPIRITUAL

En el periódico alemán “Rettende Macht” del 24 de setiembre de 1973, se habla de las revelaciones de Jesús a una mujer casada y madre de varios hijos. Entre otros mensajes Jesús le dice sobre los niños abortados:
“Estos pequeñitos pueden conseguir la visión beatífica. Transmite lo que voy a decirte a los sacerdotes, porque vosotros los podéis bautizar (espiritualmente).
Después de recitar el Credo, toma agua bendita y la esparces en todas las direcciones y di estas palabras: A todos vosotros, que habéis nacido muertos o que naceréis muertos, a todos los que fueron asesinados en el vientre de sus madres o que serán asesinados, para que podáis alcanzar la vida eterna por medio de Jesús. N. (aquí se dice el nombre). Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y el Espíritu Santo.
Al final, reza un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria. De esta manera, puedes bautizarlos a estos pequeñitos y ayudarlos a conseguir el cielo”.
El P. Roberto DeGrandis cita el testimonio de una mujer:
“Hace veinte años yo quedé embarazada en un momento inoportuno. Yo estaba enferma, bajo cuidado médico, y escasa de dinero. Yo no podía tener un niño. Yo luchaba contra esta idea por mi educación católica y deseaba tener una pérdida. Y tuve la pérdida. Cuando yo vi a esa pequeña vida humana muerta delante de mí en el hospital, me sentí muy apenada. Antes de llamar a la enfermera, tome un vaso de agua y lo derrame sobre la cabeza del niño bautizándolo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… A través de los años, Dios me dio un amor especial por los niños pequeños rechazados y recogí en mi casa a muchos de esos niños pequeños, que habían sido rechazados por sus padres. Yo los amaba como si fueran míos y ellos me amaban a mí”.
Y escribe en la nota el P. DeGrandis:
“Esta misma mujer compartió que, un tiempo después, ella tuvo una visión de su hijo perdido. En la visión supo que era un niño y lo vió saludable y vivo con el Señor. Lo que le impresionó profundamente fue que todos los niños rechazados que ella había recibido en su casa, eran todos niños varones. Ellos eran un REGALO y la forma de sanar su corazón por la pérdida de su hijo”.
En Villavicencio (Colombia) el obispo Mons. Cabezas ha aprobado una misa de sanación post aborto y en ella se celebra el bautismo de deseo con las oraciones que pone el P. John Dillon en su libro y que veremos a continuación.
El Padre John J. Dillon sugiere hacer una paraliturgia y en ella hacer algunas oraciones, como bautismo de deseo, por el niño y ofrecer a los padres “la vestidura blanca y el cirio bautismal”. Entre las oraciones propone las siguientes:
“Tú, Señor, autor y defensor de la vida, tú eres nuestra morada final. Te encomendamos a este niño (decir nombre). Confiando en tu misericordia y en tu amor paternal, te pedimos le concedas la eterna felicidad. Señor Dios, bondadoso y solícito, confiamos a tu amor este pequeño (N). Acógelo en la vida eterna. También te pedimos por sus padres, afligidos por la pérdida de su hijo. Concédeles fortaleza y valor y ayúdalos en su pena para que puedan un día reunirse con su hijo en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén”.
En Lima, en algunos grupos de oración, oran por las madres que han abortado. Se les invita a pedir perdón a Dios por su pecado y se pide al Señor que las inunde con su amor divino. Después, se les motiva para que, en el futuro, sean defensoras de la vida y puedan salvar otros niños, que pudieran estar en peligro de ser abortados. Y, dentro de la oración, se les pide que se imaginen a Jesús con su niño, mientras los presentes oran a Dios, si es posible con el don de lenguas, para que les inspire el sexo de la criatura y ponerle un nombre adecuado. Y le piden que bauticen a su hijo diciendo:
N.N. (decir el nombre) YO TE BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO.
Después se pide a la mamá que le pida perdón a su hijo, que le diga que lo ama, que lo abrace espiritualmente con todo su amor, y que entregue a su hijo a Dios, como consagrándoselo a Él. Y, a continuación, se le pide que desde la oscuridad, vea a su hijo cómo va al reino de la luz y le diga: Descansa en paz.
El Padre James Manjackal, de la India, es uno de los líderes de la renovación carismática más conocidos por su poderoso ministerio de sanación de enfermos. Viaja constantemente por todo el mundo y me escribió desde Alemania una carta, contestando a mis inquietudes. Me dice así:
“De acuerdo a la enseñanza católica tradicional, los niños que mueren sin bautismo no pueden ir directamente al cielo. Estos niños van al limbo. Pero nosotros podemos bautizar a estos niños en fe y espíritu en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y así enviarlos al cielo.
Considero que esta es una de las tareas de nuestro ministerio (sacerdotal), del cual muchos no están enterados. Lee 1 Co 15, 29. Yo practico este ministerio (de bautizar a los niños abortados) en mi predicación. También les digo a los padres que han abortado que confiesen su pecado y, si es posible, que hagan obras de caridad como, por ejemplo, ayudar a niños huérfanos en nombre de los niños abortados.
Muchos padres han dado testimonio de que después de tal bautismo (espiritual) de los niños abortados, ellos se les han aparecido como ángeles y los han consolado. ¡Gloria a Dios!”.
En otra carta me dice:
“Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haber sido bautizados en espíritu. Algunos dan testimonio de que, cuando necesitan algo, ellos lo piden por intercesión de estos niños ya salvados.
Normalmente, cuando la gente que ha abortado viene a mí con tristeza y sentimiento de culpabilidad, yo les digo que pidan perdón a sus niños antes de bautizarlos en fe y en espíritu. Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido a darles su perdón y a consolarlas. Yo conozco a mucha gente que tiene contacto con estos niños salvados.
Yo bautizo a los niños muertos sin bautismo, si alguno está presente como padrino. Muchos sacerdotes no lo hacen debido a su falta de fe o a su ignorancia. Yo paso dos horas diarias, orando por las almas de los que han muerto. Muchas almas vienen a mí y se identifican y me dicen sus pecados y yo los bautizo, si no están bautizados, y rezo para que se perdonen sus pecados y pido al Espíritu Santo que los llene de su amor. Yo tengo maravillosas experiencias de su entrada en el cielo y sus oraciones por mí son de gran poder para mi ministerio. Los he visto con las caras resplandecientes después de bautizarlos y me han prometido ayuda espiritual.
Reza por mí. Mañana voy a Rusia por 10 días. Fr. James”.
Conservo estas cartas como el testimonio de un hombre, que, según el parecer de los que lo conocen, transmite el poder de Dios y una evidente santidad de vida. Él habla de bautizar a estos niños para que vayan al cielo, pues mientras tanto están en el limbo. Y, cuando se les bautiza, en algunos casos, hasta se aparecen como ángeles o santos para demostrar la eficacia de esta oración de bautismo post mortem. Además, nos habla claramente del poder de intercesión de estos niños ya salvados y cómo algunos los invocan. Estos niños son un gran apoyo para su ministerio a lo largo y ancho del mundo.
Los hermanos Linn nos ofrecen una especie de rito para el bautismo espiritual:
“Lee San Marcos 10,13-16, donde Jesús pide que los niños vayan a Él. Cierra los ojos y respira profundamente. Recuerda un momento en tu vida, cuando te sentiste especialmente amado, un momento, cuando supiste cuánto te ama Dios. Respira dentro de ti mismo ese amor otra vez. Ahora piensa en el bebé que has perdido. Ponte en contacto con tus sentimientos hacia ese bebé (por ejemplo, amor, tristeza, deseo, dolor, culpa, etc.).
Comparte amor y perdón con el bebé. Ve a Jesús y María delante de ti. Ve cómo ellos tienen a tu bebé en sus brazos y te lo ofrecen. Abre tus brazos y recíbelo. Dile al bebé todo lo que has estado guardando en tu corazón hacia él. Escucha cómo tu bebé quiere contestarte y escucha todo lo que él ha guardado en su corazón hacia ti. Durante los próximos minutos, di y haz con tu bebé todo lo que quieras.
Con Jesús y con el bebé, perdona a cualquier otra persona que pudo haber lastimado al bebé (médicos, otros parientes, etc.), cualquiera que, aun sin saberlo, no cuidó de esta nueva vida. Quizás tú u otra persona todavía sienten rabia hacia Dios por haberles enviado al bebé en una época no deseada, o por quitárselo. En este caso, “perdona” a Dios también.
Bautízalo. Ve de qué sexo es el bebé y pídele que te diga qué nombre quiere él. Con Jesús, bautízalo simbólicamente con ese nombre, pidiendo que Jesús lo lave y expulse cualquier dolor u oscuridad que el bebé tenga. Haz el signo de la cruz en la frente del bebé, y di con Jesús: Yo te bautizo N.N. en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Siente cómo el agua lo limpia y renueva.
Entrega al bebé a Jesús y María. Pídeles a Jesús y al bebé que te muestren cómo tú y el bebé pueden continuar amándose mutuamente a través de Jesús. ¿Cómo quieres que el bebé ore por ti y tu familia? ¿Cómo quiere tu bebé que ores por él? Cuando estés listo, pon el bebé en brazos de María y de Jesús. Invítalos a todos a que entren en la luz de tu corazón. Aspira ese gran amor que hay en tu corazón y deja que recorra todo tu cuerpo.
Los católicos, que han estado involucrados en un aborto provocado, deben acudir al sacramento de la confesión… y mandar celebrar una misa por el bebé”.
En resumen, creemos que bautizar espiritualmente a estos niños es muy importante para su felicidad y la de su familia, lo que nos indicaría que necesitan ayuda, pues podrían estar, hasta que se les ayude, en un limbo temporal.

PONER UN NOMBRE

Algunos líderes carismáticos y María Simma y el Dr. McAll hablan de la importancia del ponerles un nombre a estos niños para poder identificarlos.
Pensemos que la mayoría de estos niños muertos sin bautismo son abortados, voluntaria o involuntariamente, y nadie se ha preocupado de ponerles un nombre. Normalmente, tampoco se acuerdan de ellos ni oran por ellos. Es por esto que son seres anónimos, N.N., que necesitan ser integrados en su propia familia y tener un nombre como señal de su identidad. Por eso, el ponerles un nombre dentro del marco de una misa celebrada para ellos o en el bautismo espiritual o al orar por ellos y ofrecerlos a Dios, tiene tan maravillosos efectos para toda la familia, que siente una influencia positiva de estos seres, que, a veces, se les aparecen para agradecérselo.
La Hna. Georgina Gamarra, líder del movimiento carismático, cuenta algunos casos, que se los he escuchado personalmente en una charla dada en nuestra Parroquia de la Caridad de Pueblo Libre, en Lima (Perú), y que los ha registrado en un cassette, que esta difundido en los grupos de oración carismática. Veamos:
Su secretaria le dijo que había tenido una pérdida y que nunca le había puesto un nombre a ese niño ni lo había bautizado espiritualmente. Entonces, durante la oración, junto con su esposo, decidieron ponerle un nombre y curiosamente los dos coincidieron en un mismo nombre, a pesar de que no sabían si había sido hombre o mujer. Otro caso es el de aquella pareja de esposos que estaba en una de sus charlas en primera fila, y que habían abortado a dos mellizos. También, de modo admirable, después de haber oído hablar de que debían ponerles nombre, ambos decidieron ponerles los mismos nombres a los dos. Pareciera, dice ella, que alguien guiaba sus mentes.
Otro caso extraordinario es el de aquella mujer que había tenido tres abortos y decidió que plantaría en su jardín tres rosales para no olvidarse nunca de estos niños, a quienes ya había puesto un nombre. Al llegar a su casa, ocurrió algo que la conmovió; su hijo mayor había comprado tres rosales de distintos colores para ella. ¿Quién le había comunicado sus pensamientos a su hijo mayor?
El P. John Hampsch afirma que es muy importante ponerles un nombre a estos niños muertos sin bautismo y ofrecerlos a Jesús. Y cuenta un caso que le ocurrió durante una misa en Canadá. Uno hombre dio el siguiente testimonio:
“Entre 1958 y 1963 mi mujer tuvo cinco abortos. Yo tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Ayer cuando Ud. dijo que debíamos poner un nombre a estos niños, nosotros nos sentamos y lo hicimos. Mi esposa puso nombre a tres y yo a dos. Durante la misa (en visión interior) vi a Jesús delante de mí y me dijo que no me preocupara, que no me sintiera mal, porque ya esos cinco niños estaban en sus brazos y a salvo en el cielo. A partir de ese día, nuestro amor mutuo ha crecido inmensamente”.
Nosotros sugerimos una breve oración para estos casos:
“Padre celestial, Padre bueno, gracias por habernos regalado a (decir nombre) como nuestro hijo, que estará contigo para siempre. Perdónanos los errores que hemos cometido. Te lo entregamos en tus brazos divinos por medio de María. Jesús, divino Salvador, bautízalo en tu amor divino y gracias por haberlo salvado y habernos sanado y liberado de nuestra angustia y sentimiento de culpabilidad. Gracias, Espíritu Santo, ven sobre todos nosotros y haznos con nuestro hijo, una familia unida en tu amor, en el tiempo y para la eternidad”. Amén.
Fuente: Extraído del libro ¿DÓNDE ESTÁN LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO?, del P. ÁNGEL PEÑA O.A.R, http://forosdelavirgen.org

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