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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

jueves, 22 de junio de 2017

Ante la persecución sean “templos vivos del Señor”, pide el Papa a Iglesias orientales

Por Walter Sánchez Silva


Foto referencial Facebook amigos de Irak

VATICANO, 22 Jun. 17 / 07:45 am (ACI).- Al recibir esta mañana a los participantes de la 90 asamblea de la Reunión de las Obras para la Ayuda de las Iglesias Orientales (ROACO), el Papa Francisco hizo una reflexión sobre la realidad de la cruz, el sufrimiento y la necesidad de ser “templo vivo” del Señor allí donde ya no es posible defender las estructuras eclesiales.

En su discurso, el Papa dijo que “nos sabemos siempre piedras vivas adheridas a Cristo, ¡que es la piedra angular! Las Iglesias Orientales custodian tantas veneradas memorias, iglesias, monasterios, lugares de santos y santas: son custodiados y conservados, también gracias a su ayuda favoreciendo así el peregrinaje a las raíces de la fe”.

“Pero cuando no es posible reparar o mantener las estructuras, debemos continuar siendo templo vivo del Señor, recordando que la ‘arcilla’ de nuestras existencia creyente ha sido plasmada por las manos del ‘artesano’, el Señor, que ha puesto en ella su Espíritu vivificante”, exhortó.

Francisco recordó que “las Iglesias orientales han sufrido con frecuencia terribles olas de persecución y tribulaciones, ya sea en el Este europeo como en Medio Oriente. Fuertes migraciones han debilitado la presencia en los territorios en los que florecieron durante siglos”.

Ahora, continuó, “gracias a Dios, algunas de ellas han vuelto a la libertad después del doloroso periodo de los regímenes totalitarios, pero otras, especialmente en Siria, Irak y Egipto, ven a sus hijos sufrir a causa de la guerra y las insensatas violencias perpetradas por el terrorismo fundamentalista”.

“Todas estas experiencias nos han hecho pasar por la experiencia de la Cruz de Jesús: es causa de turbación y sufrimiento, pero al mismo tiempo es fuente de salvación. Como tuve ocasión de decir al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma: ‘Si caminamos sin la cruz, si edificamos sin la cruz y si confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor’”.

Hablando luego sobre los seminaristas y sacerdotes de las Iglesias de rito oriental, el Pontífice dijo que “somos conscientes de su opción de radicalidad expresada por muchos de ellos y de la heroicidad del testimonio de dedicación junto a sus comunidades muchas veces probadas”.

El Papa resaltó que “es fundamental alimentar siempre el estilo de proximidad evangélica: en los obispos para que lo vivan ante sus presbíteros, para que estos hagan sentir la caricia del Señor a los fieles confiados a ellos, pero custodiando la gracia de permanecer discípulos del Señor, a partir de los primeros que aprenden a hacerse últimos con los últimos”.

“El seminarista y el joven sacerdote sentirá así la alegría de ser colaborador de la salvación ofrecida por el Señor, al inclinarse como el Buen Samaritano para colocar sobre las heridas del corazón y de las historias humanas el aceite del consuelo y el vino de la esperanza evangélica”.

Francisco pidió luego no olvidar que, en Oriente, “también en nuestros días –no importa si son católicos, ortodoxos o protestantes– vierten su sangre como prueba de su testimonio”.

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