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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 30 de enero de 2017

Oremos hoy:


“¡Retomen la oración del rosario!”

rosario«Este año, centenario de Fátima, tiene una importancia capital para los creyentes. Observemos atentamente el mensaje que María le ha dado a los tres pastorcitos y que ha recorrido el siglo XX como reguero de luz. En Fátima María se presenta como Nuestra Señora del Rosario y viene para señalar un camino de paz para el mundo entero. Específicamente da un medio seguro para detener la primera guerra mundial (1914-1918): ¡rezar el Rosario!
Debe haber una buena razón, esencial, por la cual la Virgen en todas sus apariciones insiste tanto en que recemos diariamente el Rosario. ¿Por qué esta tierna súplica incesantemente reiterada? Como Madre que es, conoce la vía por excelencia para conducir a sus hijos hacia la felicidad. Mucha gente nunca utiliza esta práctica, algunos directamente la desconocen, y otros finalmente se han cansado de rezar el Rosario y lo han abandonado. ¡Hay que admitir por cierto que en esto hay un tesoro escondido no fácil de descubrir! Por eso les ofrezco esta pequeña explicación: hay dos formas de rezar el rosario una mala y otra buena; mejor dicho, una débil y otra poderosa.
La manera débil: siento, por ejemplo, un gran pesar porque uno de mis progenitores está agonizando en el hospital con grandes sufrimientos. Decido entonces rezar un rosario por él, con la esperanza de obtener su curación o por lo menos un alivio tangible de sus dolores.
Comienzo por lo tanto a recitar mis “Avemarías” casi mecánicamente, con mi espíritu tensionado y focalizado en el sufrimiento de mi ser querido y sobre cómo proceder en este difícil momento. De más está decir que el Rosario me dejará aún más cansado y preocupado que antes. ¡Una pena verdaderamente, porque le he dedicado tiempo!
Y la manera poderosa, tal como la Virgen nos lo enseña con precisión desde hace 35 años. Me encuentro ante una situación similar: uno de mis progenitores agoniza en el hospital en medio de grandes sufrimientos. Voy a compartir este pesar con mi Madre del Cielo. En lugar de encerrarme en mi problema, sencillamente me liberaré de él entregándoselo, dejándoselo, abandonándolo en su Corazón Inmaculado y le diré: “¡De ahora en más, Mamá, este problema es TUYO! Es demasiado pesado para mí; tú te encargarás de él puesto que eres mi Madre. ¿No eres acaso todopoderosa en el Corazón de Dios? ¡Él no puede negarte nada! Mientras tú te ocupas de mi problema, mi corazón aliviado se encontrará liberado para poder orar con serenidad.
Esta oración confiada permitirá que me concentre en Jesús y lo contemple en las diferentes situaciones de su vida evocadas en cada uno de los misterios. Por supuesto, antes de pronunciar las oraciones del Rosario, me detendré para visitar en espíritu el lugar donde aconteció aquel misterio. Es aconsejable releer el pasaje del Evangelio que relata la escena. Con todo mi corazón y con la ayuda de mi imaginación, contemplaré a Jesús en aquella precisa situación, entraré en la escena y participaré de lo que está aconteciendo.
Supongamos que contemplo el quinto misterio luminoso, la Última Cena de Jesús; me dirijo a Jerusalén, entro en el Cenáculo, me siento a la mesa con los apóstoles y participo del festín. ¡También hay un lugar para mí! En efecto, cuando Jesús les dio a sus amigos su Cuerpo y su Sangre, ya pensaba en mí, porque en su espíritu divino veía por anticipado todas las comuniones que recibiría, al igual que las de todos los hombres de todos los tiempos. Participo por lo tanto del acontecimiento en lo que directamente me concierne. No se trata de una vieja historia desconectada de mi vida, porque este gesto de Jesús, Él lo vuelve a realizar ahora para mí mientras yo lo miro y recibo el mismo fruto que en aquel momento hace 2000 años. Como “nos convertimos en lo que contemplamos”, todo lo que vive el Corazón de Jesús en aquel instante se transfunde dentro de mí y de esta manera mi corazón se enriquece con el ardiente amor que emana del Suyo.
Ahora comprendemos por qué esta oración nos llena de los sentimientos de Cristo y nos colma de amor hacia el prójimo. Este amor se traduce luego en acción porque es muy concreto. Así como lo dice la Virgen: “De ustedes, apóstoles míos, busco las rosas de su oración, que deben ser obras de amor; estas son para mi Corazón maternal las oraciones más queridas” (Cada Avemaría del Rosario es una hermosa rosa que le ofrecemos a María) “ámense siempre los unos a los otros; y sobre todo amen a mi Hijo: éste es el único camino hacia la salvación, hacia la vida eterna. Es mi oración preferida porque llena mi corazón de un magnífico perfume a rosas”.»

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