14 de Septiembre de 1978
DERECHOS Y DEBERES
Escribe, hermano Don Octavio, soy el Papa Juan XXIII.
El mensaje que te ha dado Santa Teresa del Niño Jesús merece, así como todos los otros, darse a conocer a todas las almas a las que sea posible hacerlo llegar. En realidad la vida en la tierra es verdaderamente una prueba. Prueba personal, por lo que toda criatura humana deberá rendir cuenta de sus personales actos; pero el hombre no está solo en la tierra, es "naturalmente" sociable, pues tal ha sido creado por Dios, por lo que deberá rendir también cuenta de la familia y de las sociedades de las que es miembro.
La primera entre todas las sociedades de las que forma parte y de la que deberá rendir cuenta es la Iglesia, sea la Católica o no; luego, de las varias sociedades civiles, como los Municipios, Provincia, nación y, finalmente, de las de carácter privado, porque toda sociedad implica derechos y deberes.
Mira, Don Octavio, son rarísimas las almas provistas de esta sensibilidad espiritual, por lo que se ha hecho la convicción de que faltar contra cualquiera de estas sociedades, por ejemplo Parroquia, Municipio o Estado, no es pecado...
El enemigo también en esto ha sembrado convicciones verdaderamente… diabólicas.
Pero ¿por qué esta premisa a lo que te quiero decir?
Es sencillo: Nosotros, Supremos Pastores, hemos abierto contigo un tema destinado a prepararos a la hora de la purificación y a la Iglesia regenerada. Es cierto que están ya marca das por la Misericordia Divina las almas destinadas a superar el escollo de la purificación, pero ¡«ay» de ellas si no estarán preparadas!
fe y pureza de costumbres de acero
La vida cristiana "integral" en la Iglesia nueva deberá estar exenta de los graves males de los que está afectada la humanidad de hoy.
¡Ay de aquellos hombres que no estén preparados!
Si su fe vacila, si el tenor de su vida está contaminado e infectado por los graves males de la vida cristiana presente, si fe y pureza de costumbres no son diamantinas, terror, desesperación y hasta locura colectiva será la cosecha de su vida terrena y eterna!
Don Octavio, hermano carísimo, debéis preparaos seria mente con la oración, pidiendo los "dones" de la Fortaleza y la Perseverancia para ser coherentes con cuanto os ha sugerido Santa Teresa del Niño Jesús, es decir: fidelidad a la fe, a la Ley y al Amor, al Amor que no teme, que no juzga y que no duda, porque el amor es lo que vence.
Unicuique suum, a cada uno lo suyo, a Dios lo que es de Dios y al prójimo lo que es del prójimo.
Hermano Don Octavio, si desde lo alto de una torre vieras a un hombre correr en un camino, correr locamente hacia un precipicio del que no se puede salir, y si aquel hombre fuera un hermano tuyo, ¿qué harías?
¿No querrías bajar volando para alcanzarlo y salvarlo? ¿verdad que sí?
Pues bien, ¿no es esto lo que sucede ante tus ojos?
¡Cuántos hombres corren locamente hacia la ruina eterna de su alma, hacia aquel precipicio del que no se sale jamás!
¿No se te ha dicho desde el principio cuando comenzaste tu Comunión con los Santos: lo que se te comunica, grítalo fuerte a todos, para que todos sepan, para que ninguno pueda decir que fue tomado por sorpresa?
El amor en acción es amor más perfecto
- Si me pusiera a gritar, quién me escucharía, si aun ahora somos considerados
locos por muchos, y además no es tarea mía hacer lo que me dices…
- Sí, hermano, atente sin embargo a las órdenes del Apóstol, pero no olvides que el mismo Apóstol os ha advertido que la acción del enemigo se ha triplicado en número y en potencia pero los esfuerzos tuyos y vuestros no han aumentado en proporción.
Crece el número de almas en peligro de condenarse, crece la osada prepotencia del Enemigo... pero vosotros no os habéis puesto al día adecuadamente! Debéis luchar contra un Enemigo que sabe muy bien ocultarse y disfrazarse y mejor aún ingeniárselas, sed vigilantes, sed prudentes y no os desaniméis, ¡ÉL es el más fuerte!
- ¿Qué debemos hacer para ponernos al día?
- Aprended a defenderos mejor. La fortaleza, y por lo tanto la victoria en la lucha, estará en vosotros en la medida en que actuéis para liberaras de las escorias de tantas pequeñas cosas; más pura vuestra alma y más grande será vuestra potencia.
También el polvo que se posa sobre una piedra preciosa ofusca su esplendor y cuántas veces has repetido que ante Dios nada es grande y nada es pequeño… ¡pero también con las cosas pequeñas y menudas se pueden hacer cosas grandes y lograr grandes conquistas aun en el campo pastoral!
¡No os preocupéis por ver los frutos, raramente os será concedido ni vislumbrarlos, y esto por un designio de la Sabiduría de la Providencia Divina!
Ha sido así como también yo he querido responder a tu invitación, y te agradezco por habérmela hecho, pues el amor en acción es amor más perfecto, porque el amor siempre da, y darte a ti, a vosotros, es motivo de gozo.
Me uno a la numerosa legión de vuestros amigos de la Patria Celestial en pedir a Dios Omnipotente, por medio de la Reina vuestra y nuestra, auxilio, gracia y protección contra las asechanzas e insidias del enemigo.
Os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Amén. Amén.
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