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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Lecturas del Jueves de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (7-20):

Me alegró y animó mucho tu caridad, hermano, porque tú has aliviado los sufrimientos de los santos. Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para mandarte lo que conviene hacer, prefiero rogártelo apelando a tu caridad, yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús. Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad. Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Si en algo te ha perjudicado y te debe algo, ponlo en mi cuenta; yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño y letra, para no hablar de que tú me debes tu propia persona. Por Dios, hermano, a ver si me das esta satisfacción en el Señor; alivia mi ansiedad, por amor a Cristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145,7.8-9a.9bc-10

R/.
 Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,20-25):

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: «El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Alejandro Carbajo, cmf
Jueves, 10 de noviembre de 2016
Queridos amigos, paz y bien.
Siguen las lecturas con el espíritu escatológico, de final de los tiempos. Dicen los exégetas que nos hallamos ante un “pequeño apocalipsis”. Se nos explica lo que sucederá al final de los tiempos. Y no todo será como vemos en las películas de catástrofes.
Y es que hay que estar atentos, porque no siempre sabemos ver lo que sucede a nuestro alrededor. El Reino de Dios crece de forma callada, sin salir en la televisión o en las noticias de la radio. De forma inapreciable. Nos cuesta apreciarlo. Antes bien, parece que todo va mal. Se ve más lo malo que lo bueno. Nos cuesta quitarnos las gafas de ver todo negro, y ponernos las gafas color esperanza. Hay que entrenarse. Para ver defectos, todos tenemos el ojo bien entrenado. Para las virtudes, nos cuesta más.
Y al final, hay solo una vida para vivirla. Ni más, ni menos. Mientras vivimos, tenemos la oportunidad de “vivir con el hijo del Hombre”. Después será tarde. Y si “el Reino de Dios ya vive dentro de nosotros”, deberíamos intentar vivir como Jesús. Dando tiempo a lo importante, y no prestando atención a lo que no merece la pena.
Cada uno sabe lo que le mueve en la vida, a lo que dedica tiempo y energías, y aquello que no nos motiva. Tenemos 24 horas cada día. Ocho horas para dormir, ocho para trabajar, dos para comer, una hora para descansar, una para viajes… Al final de la lista de actividades, nos puede quedar poco tiempo para Dios.
Y si nos importa Él, si queremos que su obra vaya creciendo dentro de nosotros, tenemos que darle tiempo cada día. Prepararnos para saber dónde está Dios y dónde no. Dónde ir, en qué gastar nuestro tiempo y en qué no. Todo eso depende de la oración y de cómo nos preparemos cada día para ayudar a que el Reino vaya creciendo.
Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C. M. F.

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