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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

viernes, 28 de octubre de 2016

Lecturas del Sábado de la 30ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,18b-26):

De la manera que sea, con segundas intenciones o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro; y me seguiré alegrando, porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y al Espíritu de Jesucristo que me socorre. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso saldré derrotado; al contrario, ahora, como siempre, Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en este dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para que avancéis alegres en la fe, de modo que el orgullo que sentís por mí en Jesucristo rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 41

R/.
 Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

Recuerdo como marchaba a la cabeza del grupo
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-11):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Julio Corredor Sáenz, cmf
Queridos amigos:
Concluimos esta semana de reflexión, con una experiencia Paulina de gran trascendencia para la vida de la Iglesia y para cada uno de nosotros: “Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir”. Filp. 1,21. Esta realidad del misionero apostólico le da carácter a toda su existencia, y le permite ser otro Cristo en medio del mundo. Solo así podremos entender la alegría de ser testigos de este proyecto de vida plena en la pequeña comunidad, en la que como Pablo podemos decirles, que por ellos es que permanecemos activos en esta vida. Cuando es la comunidad la que da sentido a todo el quehacer misionero de toda persona en la Iglesia, entonces la elección de vivir o morir por ellos es lo suficientemente clara: “Por ellos me consagro, para que queden consagrados por la verdad”  Jn 17, 19¸dice Jesús en su oración sacerdotal.
La mayor parte de la vida de Jesucristo, transcurrió enfrentado al modelo de religión, de piedad, de vida de los fariseos. De ellos recibió todo el rechazo, las preguntas tramposas, las calumnias de todo tipo y sobre todo, sintió el espionaje permanente. Hoy y siempre encontramos el tema de los primeros puestos, de los privilegiados por los títulos, la clase política, social o por los ministerios que desarrolla en la comunidad. Y la situación de la persona,  no es tampoco la del anonimato, la de pasar desapercibido, la del último, sino la del que es parte de la comunidad y comprende dónde y cómo ubicarse, cada uno en el servicio que le corresponde. Sin primeros lugares, sin desplazamientos de nadie, porque la capacidad de servir es la que nos ubica mejor, y el que sirve siempre está a la expectativa de las necesidades de las personas que le rodean. Pero, ojo, porque el servicio nos puede colocar en los primeros lugares, y después podemos ser rechazados, lo que la parábola propone es la capacidad de ubicarse en el servicio que sea, con humildad, sin  pretender ningún lugar especial. Siempre el último en servirse, en atenderse, en complacerse, mejor es, después de que todos queden satisfechos, entonces es cuando tendremos el momento adecuado para ubicarnos, servirnos y sentirnos a gusto.
Felices los últimos en entrar al banquete de la paz, de la solidaridad universal, pero no últimos por descuidados, sino porque hemos sabido esperar que toda la humanidad quede redimida.
Su amigo, 
Julio Corredor Sáenz cmf.

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