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Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

viernes, 21 de octubre de 2016

Lecturas del Sábado de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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Ciudad Redonda

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,7-16):

A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.» El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor

Palabra de Dios

Salmo

Sal 121,1-2.3-4a.4b-5

R/.
 Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron: 
«Vamos a la casa del Señor»! 
Ya están pisando nuestros pies 
tus umbrales, Jerusalén. R/. 

Jerusalén está fundada 
como ciudad bien compacta. 
Allá suben las tribus, 
las tribus del Señor. R/. 

Según la costumbre de Israel, 
a celebrar el nombre del Señor; 
en ella están los tribunales de justicia, 
en el palacio de David. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. 
Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.» 
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas."»

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del 

Pablo Largo, cmf
Queridos amigos:
Acabamos la semana dando una vez más vueltas al mismo tema: el tiempo. El amo de la higuera llevaba tres años esperando fruto y no quería aguardar más; había llegado al límite de la paciencia. El viñador, que supuestamente ha invertido tiempo y trabajo en cultivarla, no pierde toda esperanza e intercede ante el dueño. Y logra un indulto temporal. Es una última prórroga, antes que el hacha caiga sobre el tronco, o sobre la raíz desnuda. De nuevo aparece el aviso de que el tiempo apremia; de nuevo es tiempo de que sea tiempo.
La desgana, el miedo y resistencias interiores nos pueden llevar fácilmente a engaño. Recordamos los versos en que Lope de Vega se delata a sí mismo por ceder a esos autoengaños:
¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,               
verás con cuánto amor llamar porfía!
¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos –respondía–,
para lo mismo responder mañana!
Es posible que mañana no llegue; es posible que mañana estemos algo más endurecidos, o más desganados, porque la pereza de hoy es fecunda en perezas de mañana; es posible que mañana cedamos con más facilidad que hoy al autoengaño. La parábola nos propone: “aprovecha la oportunidad, no renuncies a asir la esperanza que todavía se te ofrece. Y no digas que esa esperanza es en realidad un espejismo, ni cedas a la fatalidad, porque nada está definitivamente sentenciado todavía. Tienes todavía un último plazo, para que no se malogre tu vida, para que la salvación te alcance”. Esa es la buena noticia, ese el evangelio, que la larga paciencia del Señor te ha regalado hoy para que hoy mismo lo acojas.
Con mi saludo
Pablo Largo

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